jueves, 21 de febrero de 2013

Novela gráfica sobre la Batalla de Salta


El libro A DOSCIENTOS AÑOS DE LA BATALLA DE SALTA ya está en la página de la Secretaría de Cultura http://www.bicentenario.culturasalta.gov.ar/historieta/
Todavía faltan todos los anexos que aparecerán en la versión en papel que incluirá las notas de historia, teoría de la historieta, bibliografía y sugerencias para docentes.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Ultraísmo en CUADERNO SAN MARTÍN


Para analizar las características del movimiento ultraísta en la obra de Jorge Luis Borges, Cuadernos de San Martín, se analizarán tres poemas, “Fundación mítica de Buenos Aires”, “Isidoro Acevedo” y “La noche que en el sur lo velaron”.
En el primer poema, se observa el propósito de buscar un origen, un comienzo a esa gran ciudad que es Buenos Aires. De allí que el yo lírico se pasee por su geografía, cuestión que atraviesa todo el poemario. Así, se nombran lugares propios de la ciudad como el Riachuelo, el mítico barrio de la Boca, Palermo y se dejan entrever algunas características típicas de los barrios porteños, como la presencia del almacenero o una cigarrería mencionadas en el poema.
Una de las características del Ultraísmo que puede apreciarse en este poema es el uso de la metáfora en su forma más pura, ya que el lenguaje del poema es trabajado en base a ese recurso estético. Se observa, además, un trabajo con el lenguaje despojado de adjetivación inútil y exacerbada:

Un almacén rosado como revés de naipe
Brilló y en la trastienda conversaron un truco;
El almacén rosado floreció en un compadre,
Ya patrón de la esquina, ya resentido y duro

(1974,81)

En esta estrofa, como a lo largo del poema, se privilegia el uso constante de la metáfora sobre la adjetivación, al punto que se puede decir que todo el poema es en sí una metáfora. Pero estas metáforas tienen como característica particular el ser extrañas, incluso chocantes; es decir no responden a un pensamiento lógico y están despojadas de todo sentimentalismo:

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires;
la juzgo tan eterna como el agua y el aire

(1974,81)

En el segundo poema escogido, Borges hace mención a su abuelo materno, Isidoro Acevedo y comienza afirmando: “Es verdad que lo ignoro todo sobre él”, afirmación que será el punto de partida para enfocar la figura  de ese abuelo que se durmió en la eternidad. En este poema se vuelve a retomar la figura de la patria, metaforizada como el último sueño que le quitó la vida a Isidoro Acevedo. Si bien se trata de un familiar cercano, el poema está despojado de toda visión sentimentalista, poniendo énfasis en la construcción metafórica propia del Ultraísmo. La rima, por otra parte, es completamente nula  y la construcción de los versos no respeta una lógica unívoca, ya que ninguna de las estrofas posee la misma cantidad de versos y están construidas de forma diferente:




Entró a saco en sus días
para esa visionaria patriada que necesitaba su fe, no que una
        flaqueza le impuso;
juntó un ejército de sombras porteñas
para que lo mataran.

(1974, 86)

En esta construcción tipográfica se aprecia una innovación que de alguna manera pretende mostrar cómo la plástica se fusiona con la poesía, otra característica propia del Ultraísmo. Esto puede verse en el tercer poema, “La noche que en el sur lo velaron”. Inclusive aparecen aquí varias expresiones parentéticas, desde el comienzo del poema:

Por el deceso de alguien
-misterio cuyo vacante nombre poseo y cuya realidad no
abarcamos-

(1974, 88)

(El velorio gasta las caras;
los ojos se están muriendo en lo alto como Jesús)

(1974, 88)

El uso de las metáforas ilógicas pero cargadas de sentido, demuestra un importante trabajo con el lenguaje y hay también una fuerte carga de imágenes relacionadas o no con la muerte y la vida. Las extrañas metáforas abundan en el poema y hay relaciones entre elementos que no poseen estrictamente una relación lógica:

A su vigilia gravitada en muerte camino
por las calles elementales como recuerdos, por el tiempo abundante de la noche,
sin más oíble vida
que los vagos hombres de barrio junto al apagado almacén
y algún silbido solo en el mundo
(1974, 88)
Poblado de imágenes abigarradas y metáforas llevadas al extremo, estos tres poemas de Borges muestran una clara predominancia del movimiento ultraísta en su obra. La temática es variada y la construcción sintáctica no responde a una lógica estética unívoca. Poco importa la rima y la versificación ya que constantemente se observa una ruptura de lo lógico y una relación con la pintura y las artes plásticas. Alejado del sentimentalismo modernista, Borges construye una obra ultraísta, de ruptura pero cargada de un profundo sentido estético.

José Manuel Díaz Watson

miércoles, 12 de septiembre de 2012

JORGE LUIS BORGES


Cuaderno San Martín de J. L. Borges (1929)
Jorge Luis Borges (Bs As. 1899- Ginebra 1986)
Primera época: Inicia su actividad creadora como poeta.-Fervor de Buenos Aires (1923)-Luna de enfrente (1925)-Cuaderno San Martin (1929
Decae la labor poética. Predominio del ensayo y el cuento.Inquisiciones (1925)El tamaño de mi esperanza (1926)El idioma de los argentinos (1928)Evaristo Carriego (1930)Discusión (1932)Historia universal de la infamia (1935) –cuentos-Historia de la eternidad (1936) Inicio de una verdadera actividad de cuentista
Segunda época ( “de madurez”):   Ficciones (1944) - cuentos-  El Aleph (1949) - cuentos-    Aspectos de la poesía gauchesca (1950) –ensayo- La muerte y la brújula (1951) - cuentos-Otras inquisiciones (1952) –ensayo-El hacedor (1960) –verso y prosa-El otro, el mismo (1964) –poesía- Para las seis cuerdas (1965) –poesía- Elogio de la sombra (1969) –poesía- El informe Brodie (1970) - cuentos- El congreso (1971) –ensayo- El oro de los tigres (1972) –poesía- El libro de arena (1975) - cuentos- La rosa profunda (1975) –poesía- La moneda de hierro (1975) –poesía- Libro de sueños (1976) –ensayo- Historia de la noche (1977) –poesía- Borges oral (1980) –conferencias- Siete noches (1980) –conferencias- La cifra (1981) –poesía- Nueve ensayos dantescos (1982) Atlas (1985) –ensayo- Los conjurados (1985) –poesía- La memoria de Shakespeare (1983) - cuentos

El ultraísmo tuvo una corta vida en comparación con el modernismo, pero su función fue clave para desarrollar aquella revolución literaria. Era necesario desaletargar el panorama literario español. Aunque el rechace ese recorrido es fundamental en relación a sus primeros libros

Dice Sarlo q la obra de Borges se caracteriza por el conflicto: se desplaza por distintas culturas, conjuga un pasado criollo con la literatura universal y la cultura rioplatense con la europea. Innova a través de situaciones nuevas, conflictivas con respecto a lo que se venía produciendo en nuestro país.                                                                                         Primera etapa: Ultraísmo (1919-1921): Nació en Buenos Aires en 1899. Vivió desde su adolescencia en Europa, entorno al contexto literario y cultural durante su formación. Se inició en la escritura dentro de los movimientos de vanguardia europeos, q rechazaban la tradición. Así regresa a su país 1921 con ideas del ultraismo(Rafael Cansinos‐Assens). En Am Latina, la ruptura de la vanguardia se pronuncia contra el modernismo- encabezado por Rubén Darío y en Arg por Leopoldo Lugones. Así él trae las vanguardias de características: a. la condensación metafórica; la metáfora es el elemento esencial del poema; b. la eliminación de nexos inútiles; supresión de la puntuación y la rima; c. el avance de la “imagen refleja o simple” hacia la “imagen múltiple”, que supone la identificación más plena entre poesía y músicad. la libre disposición tipográfica, herencia directa de los caligramas de Apollinaire. e. Se innova en los temas: dejan a un lado los aspectos trágicos y traen el humor a la poesía.  Búsqueda del choque, de lo insólito. Tono confesional. SU militancia en las vanguardias es temprana, superficial y episódica: se inició con la novedad la relectura de la tradición y no el abandono del pasado. Sus aptitudes estéticas personales: la sobriedad, el rechazo de lo enfático y del yo y la poesía como transmutación a una realidad interior y emocional. 1927 se produce la ruptura con aquel movimiento., él pretendía una visión de lo real y cotidiano, una necesidad metafísica y de proyección del mundo interior
Nueva etapa: reencuentro con su país:  (1921-1930) publica 7libros: 4ensayos y 3poemas (Fervor de Buenos Aires1923, Luna de enfrente1925 y Cuaderno San Martín1929) funda 3 revistas y escribe para periódicos. Esos 3 tienen color local, resulta del cruce entre el pasado criollo (percepciones y recuerdos) y “lo nuevo” como proyecto estético. Así, se gesta criollismo urbano de vanguardia cuando Inventa la tradición cultural argentina(en medio del reinado de imagen de la ciudad moderna: inmigración masiva y elites que reproducían una imagen degrada de Europa, gran heterogeneidad cultural, movimiento, cambios, nuevas tecnologías). Sarlo: intenta recordar lo olvidado de Buenos Aires cuando todo eso empezaba a desaparecer materialmente. Siente nostalgia por la ciudad criolla que está desapareciendo y quiere conservarla. Construye un paisaje no afectado: el suburbio, las orillas, las calles de barrio. escribe un mito para Buenos Aires desde el recuerdo y opuesto a la realidad de esta nueva ciudad moderna.                                                                                                                                                                                                                                                                            Madurez: Vimos que las rupturas entre la primera y segunda etapa de su producción pueden evidenciarse en el uso del lenguaje y en las formas. No es tan cierta la idea de que se pasó al clasicismo. En éste período, decae la actividad poética de Borges y se inicia una intensa labor de cuentista y ensayista. Su “nuevo vanguardismo” sucede en la prosa. En 1938 muere su padre y él sufre un grave accidente y se debate entre la vida y la muerte. Se recupera, y piensa escribir algo distinto a lo que siempre había escrito: La pérdida de sus destrezas realmente lo preocupaba. Surgen serie de cuentos con los que le va muy bien. Ficciones y El Aleph (para él los más importantes).
Amistades y aprendizaje: Macedonio Fernández, quien le enseñó a leer con escepticismo y permitirse una nueva concepción de la literatura. Bioy Casares: trabajó a la par, compilando antologías, escribiendo artículos y prólogos o traduciendo, en los 40 empezaron a escribir en colaboración, firmando con el nombre de Honorio Bustos Domecq.
La ceguera: por ella retomó la escritura de poesía y abandonó el verso libre prefiriendo la métrica clásica(la memoria- verso rimado). Escribe poemas individuales, sueltos. Los temas se diversifican: sus héroes literarios, la muerte, los espejos, los cuchillos, el Minotauro, temas nacionales y del sentimiento nacional. 
Ultima época: En 60 su figura cobra dimensiones más sólidas al instaurar “una manera de leer”, más allá de los desacuerdos ideológicos y literarios.  1954 empezó a escribir textos breves con “ejercicios y parábolas”, lo que culminó en El hacedor, publicado en 1960. Éste último contenía textos breves y poemas dedicados a Lugones.
SU obra se difunde a nivel mundial y se realizan traducciones a varios idiomas europeos. Publica además su Antología personal, recibe numerosos premios y participa activamente en congresos en distintos países.  Desde 1960 (publicación de El hacedor) hasta 1986, año de su muerte, Borges publicó nueve libros de poesía y diversas versiones de su obra poética.
Convergencias y diferencias con Girondo: Se inician participando de un mismo grupo de jóvenes poetas nutridos por la estética vanguardista, buscando “una nueva sensibilidad capaz de descubrir panoramas insospechados y nuevos medios y formas de expresión”: expresar un sentimiento de desapego de las convenciones literarias que hubieran heredado. Pero cuando avanzan en su producción, se orientan por distintas búsquedas estéticas. De manera que sus caminos se bifurcan en estilos que difícilmente pueden converger y Borges impugna a OG
Se hace evidente el cambio de lo novedoso por lo expresivo. Abandona la metáfora radical, empieza a trabajar elementos más narrativos, usa términos que remiten al ámbito urbano. Y nunca se separa de “las orillas”, ésta fue su ubicación simbólica permanente. Sin embargo, es necesario destacar que hubo gestos vanguardistas que se mantuvieron en su obra, como el desprejuicio, la sensibilidad por los géneros menores (aventura o policial), la renovación literaria.
Fichaje realizado por Victoria Robador en 2011

sábado, 6 de noviembre de 2010

Sobre PLATA QUEMADA cine y literatura

La comparación de novelas y versiones fílmicas siempre condujo, a nuestro parecer, a la misma conclusión: “Ninguna imagen puede recrear satisfactoriamente para los lectores todo lo que puede escribirnos el autor”.


Aunque en la inevitable (e injusta) comparación con la novela de Ricardo Piglia el film pueda salir desfavorecido, no se puede negar la trabajosa adaptación realizada por Marcelo Piñeyro ya que el drama de la película no se desenvuelve de manera lineal a la de la novela en sus situaciones principales. Esto puede llegar a descolocar al espectador que haya leído la novela, generando las típicas expresiones como: “Le faltó tal parte” o “Así no era en el libro”.

Entre algunos de los aportes de la crítica encontramos por ejemplo el de Diego Batlle de La Nación: "Plata quemada aparece como un cruce entre el cine de fines de los años 60 y comienzos de los 70 con el neo-noir de la década del 90.” Este dato nos ayuda para tener en cuenta el tipo de cine del que hablamos y las producciones que de esta época se pueden esperar, poniendo a esta película como una de las mejores de su época.

Podemos hablar probablemente de una recreación por parte de los guionistas de lo que en ciertos momentos pueden estar diciendo los personajes, y lo hicieron con total libertad pero respetando a Ricardo Piglia. Al principio de la novela, el narrador que se introduce en el film utiliza las mismas palabras que Piglia presenta en su relato:



“Los llaman los mellizos porque son inseparables. Pero no son hermanos, ni son parecidos. Difícil incluso encontrar dos tipos tan diferentes. Tienen en común el modo de mirar, los ojos claros, quietos, una fijeza extraviada en la mirada recelosa. Dorda es pesado, tranquilo, con cara rubicunda y sonrisa fácil. Brignone es flaco, ágil, liviano, tiene el pelo negro y la piel muy pálida como si hubiera pasado en la cárcel más tiempo del que realmente pasó.”

(R. Piglia: 2000, 11)



Uno de los aspectos mejor representados en la película esta, creo yo, en lo mundano. El mundo de la delincuencia, el sexo y la drogadicción, todo de la mano, se ve de manera fuerte e impresionante para el espectador. A modo de aporte personal, a veces la imaginación queda corta en estos casos que el cine hace tan gráficos como en esta versión fílmica de Plata Quemada.

A este respecto se muestra por ejemplo, y muy frecuente también en nuestra realidad, como los asaltantes toman coraje en la escena del auto para concretar el crimen a través de la drogadicción, acto que a lo largo de la película pasa a ser de lo más común entre estos personajes de la pesada de Buenos Aires.

La minuciosa, compleja y creíble composición del Nene a cargo de Sbaraglia es lo mejor del film a nivel interpretativo, Pablo Echarri, por su parte, aporta más que nada el renombre que luego de esta filmación crecerá en mayor medida, funciona como una especie de llamador para los espectadores. Para los que son, además, lectores de este policial, basta sólo con el título para despertarles la curiosidad.

La musicalización utilizada también resulta de total importancia para una mejor recreación de los personajes creados por Ricardo Piglia:



“El personaje del Cuervo -un émulo de Vittorio Gassman- es acompañado por clásicos de la canción popular italiana de los años 60, mientras que la relación entre el Nene y Ángel es trabajada con climáticos tangos y blues de fondo.”

(Diego Batlle)


nos precisa el crítico en su artículo publicado en La Nación.

Por último, cabe destacar que no sólo el policial es lo que está bien representado, sino también lo pasional, aspectos que se mantienen paralelos a lo largo de la novela y de la película como dos hilos argumentales que se entrecruzan constantemente entre la tensión de ser cómplices y prófugos de la ley y la relación amorosa entre los mellizos que se ve turbada en varias partes de la historia.

Luciana Arriaga

Reseña sobre el Diálogo Piglia/Saer

Ricardo Piglia – Juan José Saer


Piglia y Saer son dos escritores argentinos que han marcado grandes tendencias dentro de la literatura argentina. No se conoce un buen lector que no haya si quiera escuchado nombrar Respiración Artificial o Los Siete Locos.

Uno de los aspectos que comparten estos escritores es el marco de las narraciones de ambos, ya que Juan José Saer escribe (y describe) el “negro” marco de la dictadura militar y Ricardo Piglia lo hace en relación a las narrativas de la guerra sucia en Argentina.

Pensar en estos dos grandes de la literatura comparados nos remite indiscutiblemente a la charla que mantuvieron estas dos figuras en Princeton en el 2002, charla que entablan desde las vestiduras más bien de sus propios personajes. Este diálogo nos permite conocer mejor a dichos personajes, sus gustos y preferencias, y el contacto que pueden llegar a tener de texto a texto, de la escritura a la oralidad, aspecto que figurativamente ilustran estos dos autores en aquella ocasión. Lo que logran, además, es un diálogo entre la ficción y la reflección, como consignan muchos críticos.

Otra de las coincidencias entre estos dos “personajes” es que Saer enseñó Historia del Cine y Crítica y Estética Cinematográfica en la Universidad Nacional del Litoral y, como si Piglia hubiese tenido la capacidad escritora necesaria, su novela fue retomada por los cineastas para ser representada. Quizá sea mera casualidad, pero ambos tienen un acercamiento al arte fílmico, además del de la escritura. Piglia, en este sentido, ha llegado incluso a componer una ópera (La ciudad ausente), además de los ya conocidos textos críticos, etc. por los que se ha inclinado.

Por último, de manera más o menos ficcionalizada, Piglia y Saer son dos de nuestros escritores que se han preocupado por plasmar la realidad argentina. Esto es parte de lo que hace a sus textos interesantes e identificativos para nuestra argentinidad.


Luciana Arriaga

lunes, 2 de noviembre de 2009

TRENES DEL SUR



TRENES DEL SUR es la novela de Carlos Hugo Aparicio tuvo -como muchas de la producciones literarias del interior- tiempo de espera, idas y venidas antes de su publicación. La edición de 1988 se agotó hace mucho y los ávidos lectores de su literatura volvieron a sentirse atraídos por ella luego del estreno de la película LUZ DE INVIERNO, basada en el libro de cuentos SOMBRA DE FONDO.

La novela parecía ser inalcanzable para los lectores salteños, pero este año, la librería G y C - San Martín 452, Salta- la puso en sus estantes a un precio accecible para docentes y estudiantes.

jueves, 22 de octubre de 2009

Sobre EL DIARIO DE GABRIEL QUIROGA


Gabriel Quiroga, el vocero de una generación
El diario de Gabriel Quiroga
Opiniones sobre la vida argentina
Rafael Gutiérrez*
Resumen:
El diario de Gabriel Quiroga es un ensayo escrito por Manuel Gálvez con motivo del aniversario de la celebración del primer centenario de la Revolución de Mayo.
Su momento de aparición no le permite destacarse en particular porque son varios los intelectuales que asumen la reflexión del centenario y producen textos ensayísticos en los que proyectan sus preocupaciones sobre los primeros cien años del país y sus expectativas ante el nuevo siglo que se iniciaba.
El diario de Gabriel Quiroga fue reeditado como otros texto de época ante el advenimiento del segundo centenario, por lo que su lectura se vuelve oportuna para reflexionar sobre dos épocas análogas.
Palabras clave: Manuel Gálvez - literatura – historia – ensayo – centenario
Introducción
Nos encontramos a menos de tres años del segundo centenario de la Revolución de Mayo y, a nivel oficial, se realizan distintos preparativos para su celebración. Por ello no es extraño que sean reeditados algunos textos que se produjeron con motivo del primer centenario. Algunos de ellos, aunque fueron escritos como parte de esa coyuntura, tuvieron una larga vida, con reediciones totales o parciales en distintos momentos, ya que postulaban interpretaciones o propuestas que pudieron actualizarse bajo otras circunstancias históricas. Uno de ellos, El diario de Gabriel Quiroga de Manuel Gálvez, es el motivo del presente trabajo.
Cuando ubicamos este escrito de Gálvez dentro de la historia de la literatura argentina caemos en cuenta de que tuvo una escasa difusión en su época, pues su tirada original fue muy exigua, sin embargo, dentro de la historia de la ideas fue un precursor de otros ensayistas que plantearon el problema de la "argentinidad".
El momento de aparición
En las proximidades de 1910 la Nación Argentina se aprestaba a celebrar los primeros cien años de su vida independiente, aunque desde la elección de la fecha comenzaron los motivos para la polémica. Todos coincidían en que en 1810 había comenzado un proceso que dio formación a un nuevo Estado que, por aquel entonces, recién tomaba oficialmente el nombre de República Argentina, sin embargo sabían que ese año no refería al de Declaración de la Independencia y aún distaba mucho de aquél en el que se sancionó la Constitución Nacional. Para los intelectuales del momento remontar la historia suponía reconstruir un proceso largo y tortuoso que aún no terminaba de mostrar frutos plenos y, para empeorar la situación, se habían agregado componentes que ensombrecían el panorama: la inmigración y el ingreso de nuevos grupos sociales en las disputas políticas.
Desde la conformación de una nueva práctica cultural llamada literatura en el país se había establecido una tradición ensayística tendiente a interpretar la realidad nacional, entre cuyos escritores se destacaban los nombres de Sarmiento y Alberdi.
El centenario era una situación muy propicia para que los escritores se dedicaran a practicar sus interpretaciones sobre el perfil del país y sus aspiraciones al llegar a los primeros cien años de dificultosa existencia. Por ello los nombres de Ricardo Rojas, Leopoldo Lugones, Joaquín V. González y Manuel Gálvez son los que sobresalen dentro de ese período, ya que se asumen como portavoces de la Argentina, aunque las voces que asumían no eran las de todos los componentes de la sociedad en transformación sino los de una clase a la que sentían como auténticamente argentina y, por lo tanto, amenazada por grupos sociales a quienes consideran "otros" o "extraños".
Estos escritores se citan y se apoyan mutuamente en sus razonamientos sobre la afirmación de la argentinidad. De ellos, es Ricardo Rojas quien acuña la expresión "nacionalismo" para referirse a ese modo de defensa de los valores en los que considera que reside la argentinidad. Pero cuando se habla de defensa es porque hay un agresor y en este caso cuando se refieren a un enemigo no lo hacen acerca de una amenaza externa sino de un enemigo interior.
Cuando el discurso de estos ensayista tematiza al enemigo interior no asume muchas formas, podríamos reducirlas a dos: el inmigrante y el mulato, ambos equiparados en la imagen del advenedizo, del trepador inescrupuloso y materialista.
Un aspecto importante a tener en cuenta es que, dentro del panorama de ensayos de interpretación que surgieron en torno al Centenario, El diario de Gabriel Quiroga tuvo una tirada muy limitada en su momento de aparición y su venta fue muy limitada, por lo que el libro no tuvo reediciones posteriores. Por lo tanto, cuando los investigadores interesados en esclarecer el panorama de la época se refieren a la producción de Gálvez como un exponente del momento, omiten la mención de ese ensayo que, en muchos aspectos es un anticipo de ideas que se desarrollaron, no sólo en las en las décadas siguientes sino en todo el siglo XX.
La ficción del palimpsesto
Para nuestra práctica de lectura, situada a principios del siglo XXI, encontrarnos con la ficción del palimpsesto nos remite inmediatamente a escritores eruditos como Umberto Eco o Jorge Luis Borges, sin embargo es una de las prácticas más viejas y efectivas de la literatura para crear la ilusión de una ajenidad con la propia escritura. Recordemos que ya Cervantes, al fundar la novela moderna, declara haber encontrado ciertos manuscritos que simplemente se dedicó a transcribir, adaptar, editar o reseñar. La estrategia inaugurada por Cervantes le permitió -tanto a él como a distintos autores- realizar críticas sobre sus respectivas épocas, aprovechando la imagen de que no eran autores sino simples transcriptores y, de ese modo, evitaron exponerse públicamente por sus opiniones.
Dentro de esa misma tradición, Manuel Gálvez presenta un ensayo de interpretación con una serie de solapamientos. El primero es el de género, pues el mismo título dice "Diario" y luego el "Prólogo", firmado por "Manuel Gálvez", insiste en que se trata de un extracto del diario personal de un tal "Gabriel Quiroga", a quien conoce y con quien comparte prácticas y lecturas. Para mantener esa ficción realiza una serie de citas y comentarios en los que compara los escritos del joven Gabriel Quiroga con los del escritor Manuel Gálvez.
El segundo solapamiento es autorial, porque Manuel Gálvez se desdobla entre un "Editor" que afirma su rol con su firma en el "Prólogo" y el joven diletante que redactó el diario personal cargado de afirmaciones sobre su país. Fácticamente, Manuel Gálvez es el autor de la totalidad del libro y de la construcción de ambas entidades escriturales.
A primera vista podríamos afirmar que se trata de un desdoblamiento innecesario puesto que Gálvez y Quiroga comparten los mismos puntos de vista. Sin embargo, si atendemos al planteamiento realizado en el "Prólogo", esa univocidad discursiva se comprende por la empatía que hay entre los dos autores. Manuel Gálvez se declara amigo de Gabriel Quiroga y, por compartir sus opiniones, es quien lo alienta a publicar esos escritos de carácter privado. Mientras el primero es un escritor profesional que se afianza en el panorama de una naciente literatura argentina, el segundo en un diletante, uno joven que no ha completado su formación universitaria y que sólo ejerce la escritura privada, la del diario íntimo. Mientras uno realiza un ejercicio público de la escritura, el otro lo hace en forma privada, sin interés por la publicación porque descree de las capacidades performativas de la literatura.
Después de mostrar los mecanismos de distanciamiento que emplea el autor para marcar una responsabilidad como difusor y no como autor surge la pregunta de por qué se tomó ese trabajo para diferir la identidad del autor, de qué buscaba prevenirse.
La respuesta a estas preguntas tenemos que buscarlas en el mismo texto, a partir de los planteamientos que realiza y a quienes puede afectar con tales afirmaciones.
La construcción de identidades
Ante un libro titulado El diario de Gabriel Quiroga la primera pregunta que surge es: ¿quien es Gabriel Quiroga?
La respuesta obvia es la que se apega a la literalidad de la afirmación de Manuel Gálvez: es un joven que ha plasmado en un diario personal sus impresiones ante un país que ha recorrido física y espiritualmente.
Sin embargo, debemos reconocer que "Gabriel Quiroga" es una ficción escritural, tanto como el "Manuel Gálvez" que firma el libro. El uno como el otro se construyen desde el título, aunque pareciera que Gálvez construyera a Quiroga desde el Prólogo en el que, como editor, va realizando la tarea de presentarlo ante sus lectores. Lo describe como un joven interesado en la filosofía y las letras con quien comparte lecturas, preocupaciones y avatares espirituales.
Pero hay que estar atentos a los detalles, la elección del mismo nombre es un indicio sobre la identidad del escritor: Gabriel es, etimológicamente, "la fuerza de Dios" y Quiroga es un apellido de linaje ligado, no sólo a los patricios, sino a un caudillo, ambos con el común denominador de la fiereza del que lucha por causas sagradas. Por otra parte el compañero de estudios no llegó hasta el final de la carrera, sino que abandonó los estudios desilusionado de todo y dificultado de comunicarse con los otros hombres.
En la explicación de esa etapa de la vida de Quiroga, no cabe duda de su pertenencia social ya que el mal que le aqueja es curado por un largo viaje a Europa. La prescripción de viajes como remedio a enfermedades de índole nerviosa era una práctica común hasta las primeras décadas del siglo XX, aunque la receta se administraba a pacientes capaces de afrontar económicamente el remedio.
En ese viaje es que maduraron los escritos del diario personal del joven acongojado por una angustia existencial que lo llevó a abrazar el cristianismo como un consuelo para su alma.
Todo tiende a construir la imagen del poeta-visionario que legó el romanticismo: un joven sensible, con dificultades para comunicarse con los hombres mundanos, preocupado por la trascendencia espiritual y decepcionado de los valores del mundo material accede a una conversión interna que le permite expresar por escrito verdades valiosas para el género humano y, en este caso, para sus conciudadanos.
Esa imagen posiciona al autor del libro como un ser especial, un "iluminado", cuya imagen Gálvez no se atreve a asumir personalmente, por lo que construye un alter-ego desconocido, incontaminado con el mundo literario –mundo corrompido por la mercantilización y la búsqueda de fama- y casi anónimo.
Manuel Gálvez también se construye a través de la escritura en relación con ese otro escritor no-profesional. Gálvez en ese momento ya era conocido en el campo intelectual, tenía un lugar ganado en el campo literario y apeló a esa imagen para presentarse como prologuista de un libro cuya autoría no le pertenece, aunque la compartía. Esa presentación se realizó con una doble imagen: es el amigo de Gabriel Quiroga y el editor de sus escritos. Con la primera se representó a sí mismo como uno de los confidentes del autor que pudo acceder a sus escritos personales, producidos como parte una catarsis íntima y sin intención de difundirlos. Desde ese lugar de conocimiento privilegiado fue que pudo influir para que lo privado llegara a dominio público.
En cuanto a la imagen de editor, es la que surge como continuación de la primera porque se constituye en una autoridad para recortar del texto original los fragmentos que considera que deben ser de dominio público. Por esta intervención se evidencia una decisión expresa de hacer un nuevo texto en el que los acontecimientos personales se reducen al mínimo, privilegiando las opiniones sobre la actualidad nacional, pero soslayando el razonamiento y los argumentos propuestos para quedarse con las conclusiones. De modo que el nuevo texto está desprovisto de las características de un diario; es impersonal en el sentido que carece de la exposición de aspectos de la vida privada del autor y, en tanto plasmación de pensamientos, carece de la formulación de los razonamientos que le darían la seriedad de los textos sociológicos que el prologuista menciona recurrentemente.
El orden
La exposición del texto sigue un orden cronológico, de acuerdo con el género que asume ficticiamente –el diario personal-, comenzando el 4 de enero de 1907 para concluir un 25 de mayo de 1910.
El primer año tiene diecinueve apartados de distinta extensión, ordenados por fechas salteadas, sin presentar ningún orden temático sino que los tópicos tratados se suceden como observaciones diarias que motivan reflexiones.
Enmarcado en el género, ensayo, los aspectos que el diario va asumiendo como temas no están presentados de acuerdo con un orden sistemático que presupongan un plan analítico, similar a los estudios sociológicos que Quiroga y Gálvez mencionan como ejemplos de estudios esclarecedores sobre la particular dinámica de las naciones y los estados. Además, ya el Gálvez-editor aclaró en el "Prólogo" que se encargó de suprimir las argumentaciones y quedarse con las conclusiones, quitándole todo rastro analítico al texto publicado.
El nacionalismo
La coyuntura en la que se inserta la producción escrituraria de carácter ensayístico es el Centenario de la Revolución de Mayo de 1810, sin embargo el tratamiento del tema asume ciertas características que se explican por las circunstancias sociales y políticas.
Una de ellas es la conformación del campo literario, con el afianzamiento de los escritores como profesionales de la escritura que viven de su producción, desplazando la figura del escritor ocasional que practica la literatura como parte de otras actividades sociales que le permiten cierto prestigio aprovechable en otros campos, como la política.
Esa asunción de la profesionalidad de la escritura es la que permite a los escritores la preparación de una producción en función de un público que espera sus obras, a través de las cuáles puede influirlo desde una posición ideológica y política expresada públicamente. En el caso de Manuel Gálvez, desde un catolicismo militante e incluso, reaccionario.
- [...] He escrito libros católicos, como El diario de Gabriel Quiroga y El solar de la raza, cuando no era moda ser católico, cuando nadie se atrevía a nombrar a Dios en un artículo. Ortega y Gasset, en su primer viaje, me dijo que Angel de Estrada y yo éramos los únicos escritores argentinos que teníamos preocupaciones espirituales. Durante la guerra, indignado por muchas cosas, un gran sentido de justicia me inclinó hacia la revolución. Creí, como mucha gente, error que no tardé en reprobar, que la revolución era compatible con la Iglesia. [...]
–Me siento latino. Por eso no simpatizo con los Estados Unidos ni con Rusia. Por eso soy ahora reaccionario en lo político. Soy partidario del orden clásico, de la jerarquía. Quiero que los argentinos pertenezcamos a la cultura grecolatina. (Alcázar Civit; 1930)
Otro motivo de orden social es el de la asimilación de una inmigración que llegaba al país en oleadas ocasionando un crecimiento geométrico de la población fuera de todos los planes con los que se había previsto el fenómeno.
De hecho, cuando se propuso la inmigración como un medio para dominar el desierto, los propulsores de la idea -Sarmiento a la cabeza- habían pensado en la incorporación de una población del norte de Europa, formada especialmente por profesionales que reemplazarían a los bárbaros gauchos. Sin embargo, después de poner en práctica el plan de conquista del desierto la realidad se mostró muy distinta de la prevista: La mayor parte de los inmigrantes eran de Europa meridional, sin formación universitaria, sino más bien campesinos u obreros que no pudieron llegar a poblar el desierto, por el contrario se quedaron a superpoblar las ciudades porque los grandes territorios conquistados no se distribuyeron entre colonias de inmigrantes sino que quedaron en mano de grandes latifundistas.
Esa población urbana se quedó en las ciudades ampliando el número de obreros y transmitiendo ideas que cobraban vitalidad en Europa: la asunción de una conciencia de clase enfrentándose a los gobernantes y una oligarquía patricia.
El texto ahora
Para el presente trabajo contamos con una impresión facsimilar realizada en el 2001, con un estudio preliminar escrito por María Teresa Gramuglio, reconocida investigadora y docente de la U. B. A. que ha estudiado la producción de Manuel Gálvez.
Esta reedición llama la atención desde muchos aspectos, en primer lugar porque –como aclaráramos al principio de este trabajo- fue originalmente una publicación exigua que no tuvo reediciones en el siglo XX, y luego, si prestamos atención a la tapa, encontramos una serie de detalles muy significativos.
La cubierta original del libro es presentada en una reproducción facsimilar (pág. 56), allí sólo podemos observar los títulos y datos, sin ninguna ilustración; por el contrario la cubierta actual contrasta por la cantidad de información que condensa.
En la parte superior se presentan los datos de la colección debajo del título y el nombre del autor, mientras que ocupando casi la mitad se destaca el detalle de una postal conmemorativa del centenario con una imagen de La Patria.
Esa diagramación de la cubierta de la nueva edición es un texto icónico que nos anticipa la lectura de los textos incluidos en el libro. Hay datos de la colección que nos indican el tipo de publicación, pues el tanto el título como su logo muestran el lugar concedido al libro de Gálvez dentro de la editorial; inmediatamente aparece el nombre del Director, Gregorio Weinberg, que por su prestigio como defensor de la democracia e impulsor de la educación realza la importancia de la selección del texto.

La imagen de La Patria, cedida por el Museo de la Ciudad de Buenos Aires, es una oportuna representación icónica del ideal de Patria que se expresa en los textos sobre el Centenario. La mujer joven, blanca, con una sonrisa apenas insinuada, vestida con túnicas que remiten a un clasicismo idealizado, coronada por un gorro frigio y en la mano derecha sosteniendo el asta con la Bandera Argentina. La representación de La Patria como una mujer con túnicas está basado en la iconografía de la Revolución de Mayo cuya estética neoclásica e iluminista es evidente. Esa joven blanca con un peinado de época, con la mirada hacia lo alto y con un cuerpo cubierto de túnicas, textualiza las ideas sobre un país cuyo patriciado es blanco y con altos ideales que denuncia la lujuria como una corrupción que degrada a los hombres.
El cuerpo censurado es el de la mujer, del que se deja ver un solo brazo descubierto, el cuello y el rostro, las otra partes eróticas de la femeneidad no están simplemente cubiertos por una túnica informe sino que están ajustados, ceñidos por fajas celestes y doradas: una celeste cruza los pechos, otra la cintura, mientras que la dorada baja de la cadera hasta el pubis, donde se anuda para continuar sobre el muslo.
Podemos inferir un discurso represivo sobre el cuerpo erótico femenino, para corroborarlo, tenemos que revisar si en la misma época hay textualizaciones en el mismo sentido y, efectivamente, el mismo Gálvez tiene una tesis sobre la explotación prostibularia de la mujer en novela y en ensayo. Esta censura impuesta sobre el cuerpo femenino -iconizada en la postal conmemorativa- es la misma que reconocemos en el discurso que se construye desde el nacionalismo sobre La Patria: una imagen femenina idealizada, una figura maternal, por lo tanto protectora y desprovista de atractivo sexual.
Conclusión
El libro de Manuel Gálvez, aparentemente, es uno más de los textos producidos con motivo de la celebración del Primer Centenario de la Revolución de Mayo, momento en que no sólo los intelectuales se planteaban el problema de explicar y explicarse qué había sucedido durante cien años en una entidad que en ese momento asumía plenamente el nombre de República Argentina.
Un análisis superficial de la historia hace suponer que la producción ensayística sólo trataba de tematizar una situación coyuntural con un puro interés mercantil, sin embargo los intereses de esos escritores de fines del siglo XIX y principios del siglo XX vehiculizaban una confianza en la capacidad performativa de la escritura, por lo que hacían una profesión de la palabra con un interés más que militante, sino como parte de una convicción.
La escritura gestada en torno a ese primer centenario tuvo gran repercusión tanto en los círculos intelectuales como políticos y populares, generando cuestionamientos, debates y acciones que transformaron la política, la cultura y la educación argentina.
El Diario de Gabriel Quiroga tuvo una edición limitada, pero quienes lo leyeron acusaron el impacto de ideas que por un lado catalizaban los debates internos iniciados en la década de 1880, los aportes europeos de distinto cuño sobre los nacionalismos y anticipaba modos de interpretación que alimentarían la rica producción ensayística de la década de 1930.


BIBLIOGRAFÍA
ALCÁZAR CIVIT, Pedro, "Entrevista a Manuel Gálvez", El Hogar, Nº 1103, 4 de diciembre de 1930 (de la Web)
ALTAMIRANO, Carlos y SARLO, Beatriz (1997), "La Argentina del Centenario: campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos" en Ensayos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia, Buenos Aires, Ariel
BERTONI, Lilia Ana (2001), Patria, cosmopolitas y nacionalistas, Buenos Aires, F.C.E.
GÁLVEZ, Manuel (2001), El diario de Gabriel Quiroga, Buenos Aires, Taurus
GRAMUGLIO, María Teresa (2001), "Estudio preliminar" a GÁLVEZ, Manuel, El diario de Gabriel Quiroga, Buenos Aires, Taurus
GRAMUGLIO, María Teresa (2002), "Novela y nación en el proyecto literario de Manuel Gálvez" en JITRIK, Noé (Dir.), Historia crítica de la literatura argentina, Tomo VI. El imperio realista, Buenos Aires, Emecé
LAFFORGUE, Jorge y RIVERA, Jorge (1980), "Manuel Gálvez y la tradición realista" en Historia de la literatura argentina, Tomo III, Buenos Aires, C.E.A.L.
RUBIONE, Alfredo (2002), "Enrique Larreta, Manuel Gálvez y la novela histórica" en JITRIK, Noé (Dir.), Historia crítica de la literatura argentina, Tomo VI. El imperio realista, Buenos Aires, Emecé
VIÑAS, David (1996), Literatura argentina y política. de Lugones a Walsh, Buenos Aires, Sudamericana