jueves, 29 de julio de 2021

"Guayaquil" novela inédita de Liliana Bellone

 

La causa de todo el pueblo sudamericano

28 DE JULIO 2021 - 02:27 Homenaje literario en el Bicentenario dela Independencia de Perú, proclamada por el general San Martín el 28 de julio de 1821. 

(*) Fragmento de la novela inédita "Guayaquil"

 

Invierno en Lima. Piensa San Martín: Hay que terminar esta guerra. Debo convencer a Bolívar de esta necesidad. La necesidad de ahorrar vidas. Detrás de este hombre disciplinado y marcial, hay un alma dolida por tanta sangre derramada, por tanta muerte y orfandad. No puedo olvidar los campos de batalla, cubiertos por cadáveres y heridos, por vidas jóvenes arrancadas a su amor, a sus padres, a sus hijos. Esta guerra debe terminar. Después de Bomboná y Pichincha, de Carabobo y Riobamba, Bolívar estaba ansioso de una reunión conmigo, para acordar algunas cuestiones. Me había pedido refuerzos para el ejército de la Gran Colombia para continuar lo que se llama, desde el gobierno de Quito, la Campaña del Sur. Le envié los refuerzos. Le envié el Regimiento de Granaderos con Juan Galo de Lavalle a la cabeza, quien con Sucre vencieron en Riobamba. Le pediré refuerzos para el Ejército del Perú, yo, que no debo ni he debido jamás nada a nadie, como retribución a la asistencia que hicieron mis tropas en Riobamba y Pichincha. Pero Bolívar también me señaló el peligro que representa para todo el continente Iturbide en México. Sin embargo, lo que más lo aflige es la independencia de la provincia de Guayaquil, que representa para él una peligrosa anarquía. Le dije que me mantendré al margen de ese problema y él alaba mi nobleza al respecto. Mi sable no se desenvainará jamás en guerras y entredichos entre americanos y él lo reconoció y aceptó.

 

Sé de su admiración por el Ejército Unido y por el Cuerpo de Granaderos, sé de su optimismo triunfante para la América Meridional, pero ahora su ánimo se ensombrece por una cuestión de límites, por la región del Guayas. Lo que más deseo es que ambos ejércitos puedan unirse para finalizar la guerra. Basta de muertos quemados en los campos de batalla, horror que algunos generales permiten, o cadáveres devorados por alimañas o aves de rapiña. Basta, basta de cementerios en las laderas y en los abismos de las montañas. Basta. Siempre le repite a Rosa que él no debe nada a nadie, que jamás debió nada a nadie, pero esta vez le pedirá ayuda a Bolívar, porque el auxilio es para la causa, no para él, no para el general José de San Martín, él puede partir, puede borrarse, pero la causa no, la causa es la de toda Sudamérica y del pueblo sudamericano.

 

A veces permanece taciturno, pide su tabaco y lo corta, arma sus cigarros y mientras el humo lo envuelve, se ve a sí mismo inclinado sobre los mapas trazando los itinerarios de las expediciones y los planes de las batallas. Tanta lucha, tantas vidas -se repite a sí mismo- Elegí ser soldado, estuve en Bailén, en el África, en Francia, en Los Pirineos, en San Lorenzo, en Chacabuco, en Maipú, esa batalla encarnizada, con tantos muertos. Estuve en medio de la sangre y la pólvora, del olor a pólvora y a sangre. Elegí esta vida, como mis hermanos y mi padre. No sé si eso es elegir. Me hirieron, casi morí, volvía a pelear, me volvieron a herir y vi a la muerte de frente. Pero acá estoy, la razón universal o el orden supremo que todo lo rige me han situado en este lugar. ¿Providencia? ¿Destino? No, decisión irrevocable por las ideas que echarán los cimientos de un mundo nuevo, el mundo que otras generaciones vivirán. Esto es el fin de la oscuridad de la Colonia, es el paso a las luces.

 

La duda no debe embargarme, no me embargará nunca, porque tengo la certeza de que esta lucha no es en vano, aunque a veces, el desaliento me carcome. No sé qué le ocurrirá Bolívar, no sé si él duda sobre los hechos, no sé si pregunta el para qué y el porqué. Un soldado no pregunta, un soldado obedece. Un general obedece a su empresa, a su creencia, a su absoluto, a su razón, a su proyecto, a su luz. Ya veré quién es Simón Bolívar finalmente, cuando nos encontremos frente a frente.

 

Sé de su valentía e inteligencia pero yo dejo las cuestiones personales a un lado. Hubo demasiada sangre en esta guerra, demasiado sacrificio para detenerse en apreciaciones particulares. Sin embargo, a veces pienso que para los dos será vernos como en un espejo, el libertador del norte y el libertador del sur, que al fin y al cabo es toda la América del Sud. Ese momento está próximo.

 

Cada vez estoy más seguro de que será un paso definitivo, el último. Esta guerra terminará cuando nos estrechemos las manos, porque el continente está ganado para la causa libertadora hace tiempo. Solamente resta la unión entre el ejército de Colombia y el del Perú y Chile, ese paso es el final. Veré el rostro de la verdad, luego de años de fragor y batallas. También en España habrá luz con los partidarios de una monarquía constitucional. Ay, España, qué pronto os abandoné para venir a esta tierra convulsionada, pero estaba escrito en el ideal revolucionario, el que juramos con Carlos de Alvear y Zapiola en Cádiz. La causa necesitaba soldados, gente que supiera hacer la guerra y me eligieron a mí. Ellos dijeron que era el militar indicado para llevar adelante un plan libertario.

 

Dejé todo, dejé al ejército, mi gradación de coronel en las filas del rey, dejé a España y a mi familia. Dejé todo, y aquí estoy preparando la última batalla, la definitiva y más decisiva de las batallas: el encuentro con Bolívar. Digo batalla o encuentro, que es lo mismo, porque no sé cómo será el otro, aunque ya me lo dijeron: es distinto Y yo pienso: tal vez sea parecido o semejante. Además ya está decidido -le confesó a Rosa- si el encuentro se convierte en desencuentro, me iré para siempre del Perú. Volveré a Chile y desde allí a Mendoza, a mi chacra de Los Barriales. Mendoza es un edén, el mejor lugar del mundo para vivir, con sus álamos dorados en el otoño y sus acequias.

 

Allá cultivo vides y olivares como en Las Geórgicas de Virgilio que leía en la juventud y puedo ver el lucero de la tarde sobre los picos de la cordillera.

En Mendoza nació mi hija Mercedes, la infanta, como le dicen mis enemigos, sobre todo los que son acólitos de Rivadavia, que no vacilará en hacerme apresar si regreso a Buenos Aires.

La llamé infanta a Mercedes en broma ya que algunas malas lenguas decían que yo iba a hacerme coronar rey.

Si él se marchaba, Rosa cuidaría de sus libros; ella se lo prometió. Como recuerdo, San Martín le regaló su leontina de oro.

 

 - Es para ti, la más hermosa y valiente de las mujeres -le dijo-, una mujer que merece los mejores diamantes del mundo.

 

 - Rosa le besó las manos y guardó la leontina en su pecho. Siempre la llevaría anudada al cuello, aun cuando muchos años después comenzó a sufrir ahogos mientras su hijo Alejandro la consolaba en el piso alto de la Biblioteca de Lima, donde vivía.

 

 - Jamás me sacaré esa joya del cuello -le decía Rosa Campusano Cornejo a Alejandro- Jamás.

 

. El 28 de julio de 1821, el general José de San Martín proclamaba la independencia del Perú. San Martín había declarado la Independencia de Chile en 1818 y llegó al puerto de Pisco, en Perú, en septiembre de 1820. El virrey español José de La Serna dejó Lima en junio de 1821. El 28 de julio, San Martín proclamó: “El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia”.

 

 La autora: Liliana Bellone es escritora salteña, graduada en la UNSa. Ganadora del VI Premio Internacional de Narrativa Novelas Ejemplares y Editorial Verbum con su novela “El libro de Letizia”, otorgado por la Facultad de Letras de la Universidad de Castilla-La Mancha, en España. Ha publicado dentro de los géneros de poesía, cuento, novela, crítica literaria, teatro y ensayo. Entre sus obras se destacan: “Augustus”, Premio Casa de las Américas de Cuba, 1993; “Fragmentos de siglo” (1999), “Las viñas del amor” (2008), “Eva Perón, alumna de Nervo” (2010), “En busca de Elena” (2017), “Dafne y el crimen de la montaña” (2019) y “Puccini”. La biografía americana, (2019), “Novela, mujeres y política en Jorge Luis Borges”, en coautoría con Antonio R. Gutiérrez (2021). Cuatro novelas suyas han sido traducidas y editadas en Italia.


Publicado originalmente en: https://www.eltribuno.com/salta/nota/2021-7-28-0-0-0-la-causa-de-todo-el-pueblo-sudamericano


miércoles, 21 de julio de 2021

David Antonio Sorbille

 


“Cuando se habla del ‘otro’ estamos estableciendo un vínculo que supera toda distancia”

 

David Antonio Sorbille responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti

 

 

David Antonio Sorbille nació el 10 de febrero de 1950 en Buenos Aires (donde reside), capital de la República Argentina. Ha colaborado en diarios y revistas: “Hojas del Tuerto”, “El Viaje”, “Claves en Diagonal”, “La Iguana”, “Amaru”, “Papirolas”, “Desde Boedo”, “Decires”, “Los Palabradores”, etc. Fue incluido en antologías de poesía, cuentos y ensayos y en volúmenes compartidos: citamos “Poetas del tercer milenio”, “Antología poética libre”, “Tres para todos”, “Poetas sobre poetas”, “Un arte contado”, “Mil poemas a César Vallejo”, “Bardos y desbordes”, “Cuando llegue el momento”, “Antología del lector cómplice”, “Abrazo de voces. Aniversario antológico”, “La mirada de ellos”, “Pan de agua”, “Pasos y horizonte”. Además de otros reconocimientos, obtuvo el Premio Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores. A partir de 1999 fueron socializándose sus poemarios “Las huellas del silencio”, “Eternamente”, “Ofrenda lírica”, “Un puente de voces”, “El fusil de trigo”, “Umbral de poesía”, etc., así como sus libros de narrativa breve “Los muros herméticos y otros relatos”, “Los lugares comunes y otros relatos”, “El juicio final y otros relatos”, los volúmenes de ensayo y poesía “Señales de vida”, “Semblanzas recobradas”, los de ensayo “Tributo a nuestro continente”, “Tributo a César Vallejo”, y aquellos en los que participa con Ricardo Luis Plaul: “Del mágico sombrero” (con su poemario “A mi modo”), y con Sergio Adolfo Sosa: “La guerra olvidada” (con ensayos).

 

 

1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

 

DAS: Mis primeros escritos en la década del ’60; aquellos que dieron lugar a dos libros inéditos: “Los prisioneros del prejuicio” (relatos inspirados en mi lectura de Roberto Arlt) y “El aprendiz de loco” (poemas basados en los Salmos del Rey David, e influenciados por la obra de Vladimiro Maiakovski).

 

 

2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

 

DAS: La lluvia ha sido parte de mis momentos de soledad y disposición a la escritura; no así las tormentas, que siempre me han preocupado por sus secuelas y malos recuerdos de cuando residí en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires, allá lejos y hace tiempo. La sangre me perturba al extremo de no poder contemplar nada que tenga que ver con ella. La velocidad me causa vértigo y trato de que no me contamine; y las contrariedades son parte de la vida, y también del acto de escribir. 

 

 

3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?

 

DAS: La respuesta que se me ocurre es la misma en la que pienso al hablar de la concepción poética: la inspiración es un estado del alma, y luego trabajo y más trabajo. Por eso, aprovecho esta pregunta para sostener lo siguiente: La poesía, o al decir de Cesare Pavese, “la nueva realidad que ha sido iluminada”, fue clasificada genéricamente como épica, lírica y didáctica, y sus clásicos ejemplos destacan: “La Ilíada” y “La Odisea” de Homero, las “Odas” de Horacio y “Las Geórgicas” de Virgilio, en donde por caminos diversos encontramos narrativa, sensibilidad y enseñanza en función de una admirable unidad orgánica. Ese antecedente es absolutamente válido para todas las obras posteriores, y las podemos sintetizar en la genial “Divina Comedia” de Dante Alighieri. Pero, la característica perceptiva de la poesía adquiere determinados signos estilísticos que logran revitalizarla de acuerdo a las exigencias de las distintas épocas. Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire, Stéphane Mallarmé, Walt Whitman, Guillaume Apollinaire, Maiakovski, Ezra Pound, T. S. Eliot, William Butler Yeats, Antonio Machado, Rubén Darío, Federico García Lorca, César Vallejo, Fernando Pessoa, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, son algunos nombres que fueron promoviendo universalmente la vigencia incuestionable del arte poético. En ese camino extraordinario, el lenguaje cotidiano incorpora su propia revolución y el verso libre rescata la versatilidad contemporánea. La semilla es la palabra, pero el valor de la poesía, es necesario recordar, está inmerso en la renovación de las formas, y su razón de ser corresponde a la belleza, que siempre vendrá por nosotros.

 

 

4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

 

DAS: Aunque me cuesta separar la obra del artista de sus avatares, destaco al escritor estadounidense Henry Miller y al militar y escritor británico Thomas Edward Lawrence, entre otros.

 

 

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

 

DAS: Suelo reiterar dos: “El que no tiene cabeza para prever, debe tener espaldas para aguantar” (Juan Domingo Perón) y “La resignación requiere carácter” (Goethe).

 

 

6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

 

DAS: Me impactan las obras monumentales de Miguel Ángel, las sinfonías de Beethoven, los conciertos para piano de Brahms, el film “Matar a un ruiseñor” de Robert Mulligan, algunas novelas de Faulkner, la poética de Juan L. Ortiz y Juan Gelman, entre otros.

 

 

7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

 

DAS: En algún rincón de la memoria tengo atesorado el primer encuentro con Ernesto Goldar [1940-2011]. Fue en una librería de la avenida Corrientes cuando tuve la ocasión de adquirir su libro de ensayos “El peronismo en la literatura argentina”. En ese texto elaborado con el rigor analítico que lo caracterizaba, sentí que Ernesto estiraba su mano para estrechar la mía, más allá de la presencia física que tuvo lugar años después. En efecto, cuando lo conocí personalmente en la Sociedad Argentina de Escritores, él estaba entre los asistentes de la reunión del grupo AERA, conducida por Alejandro Drewes y Silvia Long-Ohni. En esa oportunidad leí una serie de poemas que concluyeron con el dedicado a Gelman. Al concluir, Ernesto se me acercó y me estrechó esa mano que había quedado pendiente desde el primero de sus libros que tuve el placer de leer. Desde entonces, era muy común encontrarnos en distintas veladas donde hacía honor a su amistad, al intercambio de ideas políticas y sociales afines, y a ese fervor que compartíamos por la poesía. Su fascinante personalidad y sus profundas convicciones nos permitía disfrutar de sus exposiciones, virtuosas por su conocimiento y precisión. Ernesto era un verdadero compañero de ruta que nos brindaba su cariño y su sabiduría. En cada uno de los lugares que frecuentó, su imagen ha quedado grabada para siempre.

 

 

8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

 

DAS: Memoria.

 

 

9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan?

 

DAS: La rutina de las reuniones de cualquier tipo donde parece que nada cambia, como el agua estancada.

 

 

10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

 

DAS: No creo en la perfección, sino en el acto de concebir y trabajar en lo que uno cree.

 

 

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

 

DAS: Me indigna la impunidad, el cinismo y la violencia enmascarada en tiempos de pos verdad.

 

 

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

 

DAS: Una foto de mi niñez, en la que estaba con mis padres y mi hermana menor que yo, con el fondo de la Basílica de Luján.

 

 

13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

 

DAS: Me hubiera gustado conocer a Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, y estar incluido en alguno de sus escritos.

 

 

14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

 

DAS: Son todas facetas de la misma vida, y como tales nos van marcando. Antes no sabía que eran imposibles de evitar las que afectaban, y celebro las que me impulsan o le dan sentido a mi existencia.

 

 

15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?

 

DAS: Al Enrique Santos Discépolo de “Mordisquito”, su personaje radial; los monólogos televisivos de Tato Bores y los del negro Roberto Fontanarrosa. 

 

 

16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?...

 

DAS: No reparo en superficialidades, y sí en cambio en aportes o ideas que sumen a un intercambio dialógico que tenga en lo humanístico la razón de las apreciaciones que estimo.

 

 

17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

 

DAS: Me acostumbré a tratar a las personas más allá de sus preferencias o ideologías, pero respeto especialmente a las que dignifican la palabra y los sentimientos sinceros. Me fastidia la estupidez de los soberbios. 

 

 

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

 

DAS: Creo que es una sentencia histórica, pero tenemos la obligación de trabajar desde cualquier lugar que ocupemos para superarla. 

 

 

19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

 

DAS: Jesús, Ludwig van Beethoven, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Eva Perón, y muchos más. 

 

 

20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

 

DAS: Celebro el ingenio de la gente, artistas o no, y que me hagan reír con inteligencia, por ejemplo, el humor de Les Luthiers.

 

 

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

 

DAS: La vida nos sorprende en varios aspectos y de todos ellos extraemos la sabiduría para seguir el camino. Parece una frase hecha, pero con los años descubrí su certeza.

 

 

22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

 

DAS: Establecí una relación a partir del aprendizaje constante y con la predisposición a sumar experiencia en todos los casos.

 

 

23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc. — calificarías de “insufribles”?

 

DAS: Todo lo vinculado con la banalidad en cualquier aspecto.

 

 

24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?

 

DAS: El barrio de Villa Devoto donde pasé mi infancia; y el de Villa del Parque porque fue el de mi trabajo y el hogar de mis primeros años de matrimonio.

 

 

25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

 

DAS: Intentaré una reescritura de un texto propio.

 

“Hoy he vuelto a la ciudad, caminé por sus calles, recorrí sus límites y sus bares, crucé la nueva plaza y visité a la otra por azar, esa gran extensión de tierra, bosque y pensamiento que alberga un refugio de jubilados al lado de la iglesia, y por un momento, regresé sobre mis pasos y reconocí al inexistente Instituto Frenopático, con sus siete hectáreas y media de terreno alto y fértil, con sus trece pabellones en orden disperso entre jardines y un parque bien cultivado entre las miniaturas de yeso. Aquellas imágenes que revivió mi memoria, ahora significaban esta nueva visión convertida en arcilla de la historia y, como ese hombre que, al borde del lago, en la profundidad misma del agua clara, encuentra la respuesta a un estado del alma, intento, casi con obstinación, hacer un puente entre el pasado y el presente, que abre mis ojos y me impulsa a superar el sufrimiento que danza en una ceremonia desafiando a la muerte. Por eso, no puedo hacerme el distraído en el momento del crepúsculo. Detrás de las horas dispersas surge el deseo de trascender en un gesto cargado de autenticidad. Escribo, mientras tanto, en el viento de la lengua. Un vuelo de pájaros cruza el espacio. Observo a los personajes de relatos no escritos. Sufro con sus conflictos. Me alegra, también, la sonrisa abierta cuando el herrero, el albañil, la dueña del bazar, el plomero, el médico, la modista, el carpintero, la vendedora de flores, transforman el sacrificio de la dura realidad que nos golpea. Es poco, pero es la única manera que tengo para responder al desajuste de esta breve ansiedad por lo espontáneo. Lo difícil sería abandonarnos, renunciar a todo. Ahora sólo pienso en el retorno a mi hogar y, tal vez, como Peter Handke, “seguir elaborando la más fugaz de las materias, tu aliento”.”

 

 

26: “Donde mueren las palabras” es el título de un film de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?

 

DAS: En la estupidez humana.

 

 

27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

 

DAS: Cuando se habla del “otro” estamos estableciendo un vínculo que supera toda distancia y es en lo que creo y así actúo. 

 

 

28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

 

DAS: Al principio me produce una cierta impotencia, pero luego se disipa en la medida en que conozco las falencias humanas.

 

 

29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

 

DAS: A mis padres; al doctor René Favaloro; a José Gervasio Artigas; a los héroes y mártires de todos los pueblos en lucha por la liberación.

 

 

30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

 

DAS: Mis pasiones se fueron revelando en la medida que me iba conociendo y relacionando con el semejante. La interacción es mi verdadera pasión. 

 

 

31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

 

DAS: No me gusta dar nombres, pero se me ocurren muchos de la farándula y los que promocionan las editoriales sin tener en cuenta la calidad del escritor. 

 

 

32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

 

DAS: El amor es la suma de contrarios, y en esa fórmula está la virtud.

 

 

33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

 

DAS: Cualquiera de esos momentos, especialmente cuando escribo.

 

 

34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

 

DAS: 1. César Vallejo, William Faulkner, Rodolfo Walsh, Xul Solar.

2. Fédor Dostoievsky, Juan Gelman, Juan L. Ortiz, Osvaldo Pugliese.

3. Atahualpa Yupanqui, Olga Orozco, Charles Chaplin, Paul Muni.

 

 

35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?

 

DAS: Alfil en avance por las diagonales del saber; Torre en la misma proporción por los límites del tablero; Caballo para esquivar las malas ondas y asegurar el movimiento del resto; y así la Reina, los peones y la pretendida astucia en los desplazamientos del Rey para evitar o superar contratiempos.

 

 


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Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, David Antonio Sorbille y Rolando Revagliatti.

 

 

 

 

 


miércoles, 12 de mayo de 2021

GÜEMES Y LA IGUANZO

 

La Iguanzo

Apareció con sus trenzas

en una zamba del pago.

La presentó una guitarra

que la nombró suspirando.

Ah, morena de los ojos

embriagadores y claros;

la mirada de la aloja

en el cántaro rosado.

Es tan airoso su cuerpo,

que en el afán de copiarlo,

se repiten las palmeras

y se repiten en vano.

Más dueña de brujerías

que su selva de Santiago,

su piel de seda y peligro

es la piel de los remansos.

El teniente Martín Güemes

ya está con ella bailando.

En las trenzas de la moza

sobran nudos para atarlo.

Sirven las viejas el chisme

con el mate y el guarapo,

y es claro que ha de saberlo

hasta el general Belgrano.

Desde que manda ese Jefe

en el cuartel de Yatasto,

sólo se dejan las armas

para rezar a los santos.

A Buenos Aires va preso

el teniente de veinte años.

El parte oficial decía:

“por amores con la Iguanzo”.

Consuelan al prisionero

las acequias y los pájaros

y lo defiende con ira

la roja flor del lapacho.

Y al saber en su refugio,

por qué causa lo apresaron,

quiere limar sus cadenas

la cigarra del verano.

 

Julio César Luzzatto

 

El poema de Julio César Luzzatto refiere una de las tantas historias de amor de Martín Miguel de Güemes. Citado en Güemes ante la historia.

Hay un episodio en la historia de la Guerra de Independencia que generalmente se soslaya y es por qué no estaba Güemes en el Norte cuando Belgrano libró las batallas de Salta y Tucumán.

Esa ausencia se debe a que Belgrano se había hecho cargo del Ejército del Norte en 1812 y poco tiempo después envió a Güemes a Buenos Aires sancionándolo por su vida licenciosa, impropia de un oficial.

El acontecimiento que ocasionó la sanción es el de una escandalosa relación que mantenía el joven oficial con una donosa señora de Jujuy.

La señora se apellidaba Argañaraz de Iguanzo o Iguanso -según la vacilante ortografía de la época- era descendiente del fundador de Jujuy, don Francisco de Argañaraz y Murguía, y por tanto emparentada con Güemes, pues el caudillo tenía el mismo ascendiente por vía materna. Además de este parentesco que no era anormal en aquellas épocas, lo que tornaba escandalosa la relación era que la señora estaba casada con el oficial don Sebastián de La Mella.

La famosa Iguanzo es apenas mencionada por Bernardo Frías y Atilio Cornejo que tratan de minimizar el acontecimiento aclarando que en ese entonces Güemes era un oficial joven y dispuesto a los amores, igual que otros oficiales; pero Belgrano, comandante muy severo y estricto, no soportó ningún desliz en cuanto a la moralidad de su tropa.

Además, según esos autores, Belgrano fue influido por enemigos de Güemes que lo predispusieron mal y agrandaron los hechos comentando otras aventuras amorosas similares ocurridas en Santiago.

Ambos deslices del caudillo son los que aparecen mezclados en el poema de Julio César Luzzatto.

Rafael Gutiérrez

Juana Manuela Gorriti en el campo literario

 

JUANA MANUELA GORRITI

Por Rafael Gutiérrez

                La literatura argentina comienza ser historiada con la labor titánica de Ricardo Rojas que se plasma en la primera cátedra de la Universidad de Buenos Aires y en su extensa obra Ensayo filosófico sobre la cultura en el Plata, publicada a partir de 1917. En la edición original, el primer tomo está dedicada a los proscriptos, o sea a aquellos escritores que se vieron enfrentados al gobierno de Juan Manuel de Rosas y por ello fueron perseguidos y exiliados. Ellos se destacaron por escribir en una estética novísima para esa América naciente, el romanticismo. De modo tal que el investigador y docente tucumano, en el listado incluye a Juana Manuela Gorriti, exiliada muy joven porque su padre era del derrotado partido unitario, lo que la llevó por Bolivia y Perú hasta retornar a la Argentina en el último cuarto del siglo XIX con una fama literaria que la precedía.

                Sin embargo, Ricardo Rojas se refiere a ella como una escritora epigonal, debido a que en el momento en el que la salteña se inserta en el mundo literario del Río de la Plata, ya hay nuevas generaciones con otras estéticas instalándose fructíferamente en el campo cultural.

                Desde entonces, en la Argentina ese juicio pesó sobre la escritora que cada tanto fue nombraba como parte de la historia literaria de Salta y entre la listas de escritores del romanticismo tardío o como pionera entre las escritoras del siglo XIX. En el resto de Hispanoamérica tenía una mejor consideración porque se la disputaban como parte de sus letras nacionales en Bolivia y Perú, donde produjo la mayor parte de su obra.

                La década de 1980 en Latinoamérica estuvo marcada a nivel político por el retorno a la democracia luego de una década de gobiernos de facto que reiteraron la proscripción de escritores, artistas y personas dedicadas a la cultura, además de los políticos. Muchos retornaron a sus países de origen o su producción comenzó a circular sin censura, generando un cambio en los ámbitos académicos y en los espacios culturales.

                En ese contexto la reflexión sobre el papel de la mujer en la historia tomó nuevo protagonismo y varios historiadores, críticos y creadores volvieron la mirada sobre la figura precursora de Juana Manuela Gorriti.

                Martha Mercader en 1980 reinstaló la imagen de la escritora con su novela biográfica Juanamanuela, mucha mujer en el que el juego parabólico de la nueva novela histórica permitía narrar el pasado decimonónico para llamar la atención sobre el pasado cercano. Cuando la escritora platense evoca a su precursora salteña, el panorama nacional es terrible, el país se encontraba sumido en una de sus épocas más oscuras, con persecuciones a los disidentes de la política del gobierno de facto instalado después de la caída del último gobierno peronista. Había muchos intelectuales, artistas y escritores en el exilio y otros que sobreviven en el país en el silencio o ingeniándoselas para eludir la censura.

                Como buena generadora de ficciones y con un compromiso doble con su tiempo y su género, encontró en la imagen de Juana Manuela Gorriti la excusa perfecta para abordar el tema de la persecución y el exilio por problemas políticos, las desapariciones de personas, la necesidad de narrar para dar sentido a los acontecimientos y avatares que construyen una vida.

                La novela Juanamanuela, mucha mujer tuvo tanto éxito que vendió más de cien mil ejemplares y atrajo las miradas en la Argentina sobre la escritora que era objeto de tal ficción histórica.

                Con el avance de la década se instalaron los gobiernos democráticos y tanto el campo literario como el de las cátedras universitarias recibieron aportes de docentes, investigadores y creadores que retornaban de su exilio, ya fuese exterior o interior, produciendo una renovación de la creación y de los estudios literarios. En ese contexto, Juana Manuel Gorriti cobró un nuevo protagonismo.

                En 1992 Alicia Martorel publicó, con el auspicio de la Fundación del Banco del Noroeste, un estudio pionero sobre la escritora salteña Juana Manuela Gorriti y lo íntimo y durante seis años dirigió la publicación de las obras completas que sufrieron una interrupción por la quiebra del banco y la consecuente desaparición de la fundación. Luego, el Instituto de Investigaciones Dialectológicas “Berta Vidal de Battini”, bajo la dirección de la Dra. Susana Martorell, retomó el proyecto y concretó la publicación de los tomos quinto y sexto, completando el proyecto original.

                El Tomo I contiene los títulos Palma literaria y artística; Panoramas de la vida I Parte, el tomo II Panoramas de la vida II Parte y Misceláneas. El tomo III reúne La tierra natal, Perfiles históricos y la afamada Cocina ecléctica. El tomo IV contiene Sueños y realidades y La vida militar y  política del Gral. Dionisio Puch. El Tomo VI está dedicado completamente a las Veladas literarias de Lima y el último tomo reúne  El mundo de los recuerdos, Oasis en la vida y  Lo íntimo.

                En su afán de reivindicar a la pionera de las letras de Salta, la investigadora Alicia Martorel fue la principal gestora del proyecto para repatriar los restos de Juana Manuela Gorriti que descansaban en el Mausoleo de la familia Puch en el cementerio de la Recoleta en Buenos Aires. Actualmente se encuentran en el Panteón de las Glorias del Norte en la Catedral de la ciudad de Salta, junto a otros héroes, en un acto de reconocimiento de que la labor literaria fue tan importante como la bélica en la conformación de nuestro país.

                Desde la Universidad Nacional de Salta, la investigación dirigida por la Magister Amelia Royo, docente de la cátedra de Literatura Argentina, se plasmó en 1999 en la publicación Juanamanuela, Mucho Papel: Algunas Lecturas Criticas De Textos De Juana Manuela Gorriti, que reúne estudios propios y de otros afamados docentes e investigadores de la casa de altos estudios de Salta.

                En el año 2000, la Profesora Hebe Beatriz Molina de la Universidad Nacional de Cuyo publicó La narrativa dialógica de Juana Manuela Gorriti, su tesis doctoral sobre la escritora salteña en el que cruza los datos biográficos con la producción literaria ya que una ilumina a la otra, desde sus primeras producciones hasta sus cartas y su autobiografía censurada.

                En el año 2010, la investigadora Leonor Fleming publicó en España, por la afamada editorial Cátedra, EL POZO DE YOCCI Y OTROS RELATOS con lo que realizó un valioso aporte a la relectura de la escritora salteña en Europa y a partir del año 2013 hay una nueva edición de obras completas de Juana Manuela Gorriti bajo la dirección de la misma Leonor Fleming, distribuidas por Ediciones La Crujía, con el apoyo del Fondo Editorial de la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta.

                Para continuar con el panorama internacional, en el año 2014, una docente e investigadora de la Universidad de Oakland en Michigan, publicó un estudio sobre la vinculación de la escritora con sus pares masculinos en el siglo XIX. El libro se titula El irreverente discurso fundacional de Juana Manuela Gorriti, recoge los aportes de las estudiosas que nombramos previamente en nuestra exposición y puede ser leído en español ya que fue editado por un sello argentino.

                Por lo que podemos notar que desde la década de 1980 se ha impulsado la recuperación de esta figura literaria que es disputada como parte de su patrimonio por tres países: Argentina, Bolivia y Perú, ya que una la vio nacer y los otros dos madurar y producir la mayor parte de sus obras, aunque su tema siempre fue la patria de sus mayores.

 

Obras

La cocina ecléctica - 1880

Sueños y realidades (en inglés)

Peregrinaciones de una alma triste

 

Periodismo

Funda la revista internacional La Alborada Literaria del Plata (1880).

 

Cuentos

Quien escucha su mal oye.

Una apuesta.

El lucero del manantial.

La hija del mazorquero.

La Hija del Silencio.

El guante negro.

 

Novelas

La guerra.

Álbum de un peregrino.

El pozo del Yocci. (1869)

La tierra natal. (1889)

Oasis en la vida (1888)

Panoramas de la vida

Un drama de 15 minutos.

El postrer mandato.

Un viaje aciago.

Una querella.

Belzú.

Los mellizos del Illimani.

Una visita al manicomio.

Un viaje al país del oro.

El emparedado.

El fantasma de un rencor.

Una visita infernal.

Yerbas y alfileres.

Caer de las nubes.

Nuestra Señora de los Desamparados.

Impresiones del dos de mayo.

Gethsemaní.

El día de difuntos.

La ciudad de los contrastes.

Escenas de Lima.

Camila O'Gorman.

Feliza.

 

                Dentro de la variada producción de la escritora, hay un libro muy particular por su modo de articular un tema que se ha convertido en un emblema de la inserción del mundo femenino en un campo predominantemente masculino. Nos referimos a la Cocina ecléctica, compilación de recetas que trasciende el simple listado de curiosidades culinarias. Es la obra de una mujer pero de una mujer escritora, de modo que logra hacer del  espacio al que relegaron a la mujer un tema literario que lo trasciende, tanto como espacio culinario como  espacio geográfico porque reúne los aportes de colaboradores de distintas partes de Latinoamérica y los conduce con una magnífica habilidad narrativa. Desde el punto de vista culinario, hasta la actualidad continúa valorado por los cocineros como reservorio para acudir en busca de recetas y desde el punto de vista de los estudios culturales es muy revelador en muchos sentidos.

                Juana Manuela Gorriti es una mujer que fue capaz de legar a la posteridad su producción y un modo de insertarse en el mundo, contrariando las convenciones sociales pero sin generar rechazo, al contrario, granjearse  la admiración de sus contemporáneos.