martes, 21 de septiembre de 2021

Documentales. Entrevistas a escritores argentinos

 

‘Documentales. Entrevistas a escritores argentinos’ de Rolando Revagliatti. Libro en seis tomos editados electrónicamente (Ediciones Richeliú, Buenos Aires, 159 escritores, 2425 páginas). Disponible en

http://revagliatti.com/richeliu-ediciones.htm

 

 

Tomo I, 30 escritores: Simón Esain, Ricardo Rubio, Griselda García, Susana Szwarc, César Cantoni, Wenceslao Maldonado, María Pugliese, Marcela Predieri, Manuel Ruano, Gerardo Lewin, Eugenia Cabral, Marcelo Juan Valenti, Graciela Perosio, Hugo A. Patuto, Marcos Silber, Silvia Guiard, Flavio Crescenzi, Francisco A. Chiroleu, Eduardo Romano, Rafael Alberto Vásquez, Norma Etcheverry, Gabriel Impaglione, María Rosa Maldonado, Alberto Luis Ponzo, Alberto Boco, Osvaldo Ballina, Paulina Vinderman, María Teresa Andruetto, Alejandra Pultrone y Lisandro González.

 

Tomo II, 25 escritores: Alicia Grinbank, Michou Pourtalé, Alfredo Palacio, Rodolfo Alonso, Claudio Simiz, Lilia Lardone, Daniel Calmels, Marcela Armengod, Marion Berguenfeld, Irma Verolín, Paulina Juszko, Patricia Severín, Graciela Maturo, Liliana Ponce, Sonia Rabinovich, Valeria Iglesias, Marta Miranda, Carlos Barbarito, Jorge Brega, Dolores Etchecopar, Susana Rozas, Héctor Freire, Susana Romano Sued, Jorge Ariel Madrazo y Carlos Penelas.

 

Tomo III, 25 escritores: Ricardo Rojas Ayrala, Marta Ortiz, Carlos Aprea, Anahí Lazzaroni, David Birenbaum, Adrián Sánchez, Juan Carlos Moisés, Elizabeth Molver, Eugenio Mandrini, Sandra Cornejo, Carlos Enrique Berbeglia, Santiago Espel, Hugo Toscadaray, Marina Kohon, Roberto Cignoni, Victoria Lovell, Orlando Van Bredam, Ricardo Costa, Susana Macció, Raúl O. Artola, Claudio Portiglia, Guillermo E. Pilía, Luis Bacigalupo, Nilda Barba y Marta Cwielong.

 

Tomo IV, 25 escritores: Luciana A. Mellado, Carlos Cúccaro, Inés Legarreta, Silvia Mazar, Oscar Steimberg, Antonia B. Taleti, Patricia Coto, Marcelo Leites, Genoveva Arcaute, Ángela Gentile, Julio Aranda, Marta Braier, Tomás Watkins, María Lilian Escobar, Carina Sedevich, Raquel Jaduszliwer, Javier Galarza, Laura Forchetti, Liliana Bellone, Yamila Greco, Laura Szwarc, Eduardo Mileo, Cristina Piña, Mariano Shifman y Antonio Ramón Gutiérrez.

 

Tomo V, 23 escritores: Paula Winkler, María Malusardi, Eduardo Dalter, Pablo Queralt, Marcelo Vernet, Fabián Soberón, César Bisso, Marisa Negri, Reynaldo Jiménez, Jorge Goyeneche, Alejandra Méndez Bujonok, Romina Funes, Carlos Juárez Aldazábal, Rogelio Pizzi, Estela Barrenechea, Marcos Rosenzvaig, Osvaldo Spoltore, Gerardo Burton, Alicia Salinas, Alejandra Correa, José Ioskyn, Fernando Sorrentino y Alberto A. Arias.

 

Tomo VI, 31 escritores: Rodolfo A. Álvarez, Fernando Delgado, José Muchnik, Bibi Albert, Claudia Schvartz, Jorge Castañeda, Jorge Luis López Aguilar, Luisa Peluffo, Rita Kratsman, Laura Calvo, Rogelio Ramos Signes, Luis Benítez, Liliana Aguilar, Guillermo Fernández, Mónica Angelino, David Antonio Sorbille, Carlos Norberto Carbone, Leonor Mauvecin, Rubén Sacchi, Horacio Pérez del Cerro, María Amelia Díaz, Cristina Mendiry, Santiago Sylvester, Roberto D. Malatesta, Gloria Arcuschin, Rafael Felipe Oteriño, Alejandro Méndez Casariego, Liliana Díaz Mindurry, Carmen Iriondo, Lucas Margarit y Carlos Dariel.


Voces de la poesía argentina

UN EDIFICIO ENORME, CON NUMEROSAS VENTANAS

Seis tomos reunidos de entrevistas a poetas argentinos

 

Casi ocho años dedicó el poeta Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945) en realizar más de 150 entrevistas a poetas argentinos (159, en verdad), para finalmente reunir los contenidos de éstas en seis tomos, que llevan el nombre "Documentales/ entrevistas a escritores argentinos", bajo el sello Ediciones Richeliú.

 

Entrevistas medianamente prolongadas, realizadas entre mayo de 2013 y diciembre de 2020, que asimismo el poeta fue publicando en prestigiosos periódicos del país y en revistas poéticas y culturales argentinas, del continente y de Europa, acompañadas por algunos poemas y fotos de sus autores.

 

En sus más de 2.400 páginas monologan y dialogan con el entrevistador poetas de varias generaciones y promociones, de los más diversos estilos y corrientes del pensamiento, para reflejar así un universo amplio, a veces contrastante, y enriquecido siempre por cada horizonte y cada aporte singular.

 

Leemos así, en los distintos tomos y en un tramado cuasi infinito de voces, a Rodolfo Alonso, Marcos Silber, Cristina Piña, Eugenio Mandrini, Santiago Sylvester, Manuel Ruano, Paulina Vinderman, Susana Romano Sued, Rafael Felipe Oteriño, Dolores Etchecopar, Rogelio Ramos Signes, Juan Carlos Moisés, María Teresa Andruetto, Marta Cwielong, y quien escribe estas líneas, en el marco vasto y equilibrado que se presenta.

 

Cuando el autor de esta obra dio por iniciada su nueva tarea, ya contaba con varias décadas de observación al respecto y con una producción poética que se fue jalonando en numerosos títulos, en su mayoría de buena distribución, que fueron confluyendo, ya mediante una selección, en su "Antología poética" (2009), que tuve el honor de espigar y prologar.

 

El material reunido es cuantioso, sin temor de exagerar, en estos casi dos millares y medio de páginas, cuyo curso es de constante estímulo por la diversidad y el sello propio que cada poeta va imprimiendo en sus respuestas, que no pocas veces son dudas o interrogantes deslizados o arrojados al aire o al lector.

 

La difusión e irradiación que fueron teniendo estas entrevistas, ya que la casi totalidad de ellas fueron incluidas, como dijimos, en suplementos de diarios y en revistas culturales del país, del continente y del mundo, configuraron también una medida de conocimiento a priori de la obra presente en su conjunto.

 

Tal es así, y aunque no dejó de sorprenderme, que en un conocido cafetín de Roma, de la céntrica Vía Solferino, dos profesores de letras, siempre interesados por la producción literaria latinoamericana, y específicamente en la argentina, me preguntaron por la serie de entrevistas a poetas que estaba llevando a cabo y difundiendo el poeta Rolando Revagliatti.

 

Venezuela y España son también países en que las entrevistas de Rolando se hicieron y hacen conocer en los círculos poéticos y culturales a través de las diferentes publicaciones que se fueron haciendo eco o interesando. La de este autor, con sus "Documentales", ciertamente, se afirmó como una siembra en el tiempo, con paso sostenido.

 

Y ahí están los tomos, virtualmente uno encima del otro, para diseñar un mapa posible de las voces de la poesía argentina ahí reunidas, que dicen, se dicen, nombran, andan, viajan, como tras los bastidores de cada poema, en un recorrido que no solamente es para el hoy y para el próximo año.

 

No es ésta, sin embargo, una obra totalizadora de la poesía argentina ni pretende serlo, ni es tampoco una suerte de antología, sino que es o se confirma como un muestrario amplio, amplísimo, de entrevistas a bardos nacionales, en incontables casos de inobjetable presencia y representatividad. Es una carta abierta, también, plena de vida, arrojada hacia el futuro.

 

Eduardo Dalter

Lobos/ San Justo, septiembre, 2021

 

*Los seis tomos de ‘Documentales. Entrevistas a escritores argentinos’ se encuentran disponibles gratuitamente en http://www.revagliatti.com/richeliu-ediciones.htm

 


Eduardo Dalter

 

Eduardo Dalter nació en 1947 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Es poeta, investigador cultural, difusor de la poesía latinoamericana. Colaboró en las revistas culturales “Crisis” de Buenos Aires, “Shantih Magazine” de Nueva York, “Casa de las Américas” de La Habana, “Revista Nacional de Cultura” de Caracas, “Alero” de la Universidad de Guatemala, entre otras. Algunos de sus poemarios: “Aviso de empleo”, 1971; “Las espinas del pescado”, 1973; “En las señales terrestres”, 1975; “En la medida de tus fuerzas”, Ediciones Cantaclaro, Maracaibo, 1982; “Versus” (1971-1984), incluye “Estos vientos”, 1984; “Silbos”, 1986; “Hojas de sábila, 1992; “Aguas vivas”, 1993; “Las costas del golfo”, Ediciones Mucuglifo, CONAC, Mérida, 1995 (el autor residió en Güiria, poblado costero venezolano, durante 1977 y 1978 y a esa experiencia corresponden los textos); “Mareas”, 1997; “N. Y. Postales para enviar a los amigos”, 1999; “Almendro de naufragio”, 2000; “Bocas baldías”, 2001; “Marcha de los desocupados”, 2002; “El mercado de la muerte”, 2004; “Macuro”, 2005; “Hojas de ruta” (1984-2004), 2005; “Canciones olvidadas”, 2006; “7 poemas”, 2007; “Cuatro momentos”, 2009; “Dos cigarrillos para Eliot”, 2015. Y en soporte digital: 18 poemas”, 2015, y “21 poemas – La hora de los zorros”, 2016. En prosa (estudios, antologías): “El periódico Alberdi y sus poetas”, 2000; “Historias, personajes y leyendas de Villa Luzuriaga”, 2011; “Harlem: los blues de la historia” (Un siglo de poesía), Editorial Leviatán, 2014; “Viento Caribe” (Poesía de Guadalupe, Guayana, Martinica y Haití; selección e investigación en coautoría con María Renata Segura), Editorial Leviatán, 2014.


miércoles, 25 de agosto de 2021

“Laura Calvo y sus espacios de contemplación”

 Laura Calvo responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti


Laura Calvo nació el 7 de diciembre de 1949 en la ciudad de Laprida, provincia de Buenos Aires, la Argentina, y desde 1980 reside en la ciudad de Bariloche, provincia de Río Negro. Asistió como invitada al Festival Latinoamericano de Poesía de Rosario (1996), a sucesivas Ferias Internacionales del Libro en Buenos Aires, al Festival de Tango de Granada (2002) y al Festival Internacional de Poesía en el CCK (FIP 2017). Actúa como Jurado en concursos de carácter local, provincial y nacional y en encuentros y festivales en Bariloche. Es coordinadora de talleres de escritura. Obtuvo primeros premios y menciones por su obra poética y narrativa. Como cantautora, grabó dos CD con el compositor Roberto Navarro: “Poetango” (2002) y “Poetango 2” (2004). En coautoría con Graciela Cros, Manuel Bendersky y Julio Aguirre se editó en 1992 el volumen “Decimos” (obra poético musical), así como en 2005 el volumen “Ventanas a la palabra. El taller de escritura en la escuela”, en coautoría con Luisa Peluffo. En 2010 se publicó su libro de relatos para niños “Salto de página. Aventuras en el cuaderno”. Es autora de las novelas “Piedras blancas”, “Anote, querida”, “La patria de Laurita” y de los libros de cuentos “La más grande, la más oscura” y “Tándem”. Poemarios publicados: “Ángel fauno”, “Conquista del árbol”, “Poemas perros”, “Discursos vivos”, “Un cielo sobre la cabeza basta” y “Chimangos”. Además, en 2004, se socializa el volumen “Poetango”, el que reúne sus letras de tango, milongas y valses. Fue incluida, entre otras, en las antologías “Poesía Río Negro”, “Perras”, “Antología poética de Editora Municipal Bariloche”, “Abrazo austral”, “Poesía hacia el nuevo milenio”, “Antología federal de poesía. Región Patagonia”.

 

 

 

1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

 

LC: Si hablamos de creación literaria, fue algo que escribí después de ver una proyección de diapositivas del sur argentino, montañas, lagos, bosques, campos de margaritas. Yo vivía en un pueblo de la provincia de Buenos Aires sin relieves de ningún tipo. Tendría unos diez años y gané una medalla. Lo que más me impactó fue el centelleo del Lago Nahuel Huapi. Creo que eso me trajo hasta aquí y aquí me quedé.

 

 

2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

 

LC: Con la lluvia me llevo mal y bien. Me gusta cuando llueve de noche y la escucho al dormirme. Nunca me gustó “mucho” la lluvia de día. De chicos nos mantenía encerrados. Te podías enfermar. Y te enfermabas. De aburrimiento. La lluvia de verano siempre fue la mejor, el olor a la tierra mojada; tediosa la de otoño; la de invierno, promesa de nieve, y luego todo empieza a florecer con la lluvia de primavera.

¿Las tormentas…? Son fabulosas, aquí en la montaña o en la pampa húmeda, pero que sigan de largo, todo ese viento huracanado, el agua contra los vidrios, el techo que cruje...

Con la sangre me llevo bastante bien, por lo que dicen mis análisis. Choques parentales no he tenido. A veces me hago “mala sangre” y me cuesta parar, me acelero, pero eso es otra cosa y tiene que ver con la velocidad, con que nada se interponga al deseo; vas ligero y si surgen contrariedades es como andar en un camino de ripio serruchado.

 

 

3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?

 

LC: En muchos de mis poemas y canciones hablo de la respiración; “inspiración”, a mi entender, es sólo una parte del proceso que nos mantiene vivos; la respiración implica inspirar y espirar. En ese ritmo escribo.

Y con respecto a ese otro rincón, uno de mis últimos poemas, “Confesión”, lleva como epígrafe una cita semejante a la de Faulkner. “Nunca ha visto a Dios/ pero cree que una o dos veces lo ha escuchado”, de W. H. Auden.

Escuchar, ver, respirar. En sintonía, en igualdad de frecuencia entre emisor y receptor.

 

 

4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

 

LC: Hemingway, quizás.

 

 

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

 

LC: Que hay que seguir tirando el carro y que de a dos es más fácil.

 

 

6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

 

LC: Estremecido, “La guerra del fin del mundo” de Mario Vargas Llosa. Estremecido y dejado en estado de perplejidad, “Orlando”, de Virginia Woolf.

 

 

7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

 

LC: La vez que, en un encuentro de poesía, tras mi lectura y aún arriba del escenario, la anfitriona se acercó a darme un abrazo y su pulsera quedó enganchada en mi vestido. No podíamos separarnos, no nos podíamos mover.

 

 

8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

 

LC: No sé, no voy a estar. No pienso mucho en eso. intento que mis libros lleguen a las bibliotecas que tanto me han dado a mí.

 

 

9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan?

 

LC: Me gustan ciertas rutinas. Sentarme a escribir, por ejemplo, en esas horas de la tarde donde el quehacer doméstico está en pausa. Levantarme a la mañana y desayunar mirando el lago, el cielo, las montañas que, por efecto de la luz, las nubes o los vientos siempre cambian. Me aplasta la rutina del supermercado y pensar qué cocinar todos los días.

 

 

10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

 

LC: Contesto con algo de Italo Calvino: “Sólo a través de la limitación de nuestro acto de escribir, la inmensidad de lo no-escrito se vuelve legible.”

Y agrego, de Voltaire: “Todo estilo que no aburra es bueno.”

 

 

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

 

LC: Los sucesos derivados de la falta de justicia, de la burocracia ineficiente me indignan, me generan cierto grado de violencia. La verborragia previsible, la falta de registro del otro, me hartan instantáneamente.

 

 

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

 

LC: Galopar en el campo hasta la laguna, buscar huevos de pato, tero, gallareta, perforarlos con una aguja, ensartarlos como cuentas de un collar.

 

 

13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

 

LC: Tengo una gran afición por los escritores norteamericanos. De chica me hubiera gustado mucho perderme en un libro de Mark Twain, “Las aventuras de Tom Sawyer”, por ejemplo. Ahora podría citarte unos cuantos más y me quedaría corta: John Updike, Philip Roth, Dorothy Parker, Carson McCullers, John Cheever, Richard Yates…   

 

 

14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

 

LC: Conocidos, me resultan todos, y muy frecuentemente visitados. Transcribo un poema mío para ilustrar: Nº 40 de “Chimangos”.

 

“En las noches de otoño las voces tienden a templarse.

Por la mañana los agudos crepitan como hojarasca seca

antes de que el rocío acabe con ella.

A medida que el día avanza se espesan los tonos graves

para agotarse como velas consumidas hasta el cabo.

Se ha cortado la electricidad

en la casa en la calle en el club náutico.

Sólo los autos que circulan bordeando el lago

parecen saber adónde ir.

En la oscuridad sienta bien el murmullo ascendente

de los motores.

Sólo hay que esperar.

En algún momento la luz vuelve.”

 

 

15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?

 

LC: Descubrí no hace tanto a Muriel Spark [1918-2006], una escritora inglesa de postguerra con un agudo poder de observación y un sentido del humor implacable. Voltaire supo fascinarme con “Cándido o el optimismo”; pasajes de El Quijote de Miguel de Cervantes, las novelas de Marguerite Duras, Milan Kundera; el ingenio, la mordacidad, el sarcasmo…, virtudes filosas que muchos buenos escritores comparten.

 

 

16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?

 

LC: Detesto las apreciaciones al voleo, las banalidades. Si por imprecisiones entendemos ambigüedades (un valor en lo literario), las prefiero a las obviedades.

 

 

17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

 

LC: Más que entristecerme me perturba: ¿querer sin valorar? ¿valorar sin querer? ¿es posible “eso”? Si resolverlo es pensar lo menos posible en “eso”, seguiré dejándome llevar, “qué va chaché” …

 

 

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

 

LC: Está el mundo semblanteado en el tango de Discépolo, y también hay un mundo que no es ni será una porquería, ese al que en forma latente aspiramos; una aspiración, sabemos, que no terminará en nosotros.

 

 

19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

 

LC: Mahatma Ghandi.

 

 

20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

 

LC: Las situaciones absurdas, el ridículo.

 

 

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

 

LC: Mis ideales me impedirían robar, por ejemplo.

 

 

22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

 

LC: El amor estuvo siempre sosteniendo todo lo demás. Me permití, viviendo aquí, espacios de contemplación que ayudan a relativizar el tema del dinero, los fracasos políticos y de la religión ni hablemos.

 

 

23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

 

LC: Algunas propuestas teatrales.

 

 

24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?

 

LC: La calle de mi casa en Laprida, San Martín 1126, mi pueblo natal. La casa, situada frente a la plaza de Salamone, tenía un banco en la vereda y en las noches de verano, cuando la gente salía a tomar fresco, se paraba a charlar. Allí estábamos todos: mis padres, mis abuelos, mis hermanos, mis primos…  

 

 

25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

 

LC: “La visión de aquel bosque le desató la lengua; todas esas miniaturas creadas por su pensamiento cobraron autenticidad y no hubo sacrificio, ni azar, ni desajuste en la invisible ceremonia, ni en la danza oficiada para aliviar el sufrimiento de la ciudad cercana de la muerte.”

 

 

26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?

 

LC: En el aburrimiento.

 

 

27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

 

LC: Nunca pienso en eso si la obra me interesa.

 

 

28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

 

LC: Me incomoda, me deja como debiéndole algo a ella.

 

 

29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

 

LC: A mi abuela materna, aun no habiéndoselo manifestado nunca. Mi homenaje a ella ha sido a través de la literatura. Mi cuento más premiado, “La más grande, la más oscura”, la tiene como protagonista, como así también varios poemas.

 

 

30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

 

LC: Si tuviera que diferenciar pasiones de entusiasmo, diría que las pasiones son peligrosas porque pueden hacerte perder perspectiva. El entusiasmo, en cambio, me parece más controlable, un motor que se enciende y ronronea a lo largo del camino, parando a descansar cada tanto (aunque para los griegos, la palabra “entusiasmo” significara esa locura religiosa donde las Bacantes, para honrar a Dioniso, se reunían de noche a la luz de las antorchas y acompañadas de una música de flautas mataban un ternero y se comían la carne cruda y sangrante).

 

 

31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

 

LC: No han sido artistas.

 

 

32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

 

LC: Respondo con un poema mío (“El espíritu nítrico” de “Poemas perros”).

 

“Por amor a la contradicción

hay quien se burla hasta de las

demostraciones geométricas

(como un triángulo cuyos ángulos

no sumaran tres rectos)

Pero no me asombro de esto

y creo que si el triángulo tuviera

la facultad de hablar diría que el amor

es eminentemente triangular.”

 

 

33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

 

LC: El crepúsculo vespertino.

 

 

34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

 

LC: Ya que hablamos de “reuniones cumbres” de todos los tiempos y las artes, elegiría, literalmente, cumbres de mis cercanías. Una, la cumbre del cerro Otto, accesible, no muy alta ni escarpada, amable. Otra, la del cerro Tronador, bien arriba y con los ojos atentos a las grietas. Y la estepa, ah, la estepa donde la nada no es real y hace posible florecer, aún en la adversidad.

 

 

35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?

 

LC: No siempre la partida de ajedrez termina en mate. “Tablas” es el nombre que recibe el empate. Y en eso estoy.

 

 


*

 

Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en las ciudades de Bariloche y Buenos Aires, distantes entre sí unos 1600 kilómetros, Laura Calvo y Rolando Revagliatti.

 

 

jueves, 29 de julio de 2021

"Guayaquil" novela inédita de Liliana Bellone

 

La causa de todo el pueblo sudamericano

28 DE JULIO 2021 - 02:27 Homenaje literario en el Bicentenario dela Independencia de Perú, proclamada por el general San Martín el 28 de julio de 1821. 

(*) Fragmento de la novela inédita "Guayaquil"

 

Invierno en Lima. Piensa San Martín: Hay que terminar esta guerra. Debo convencer a Bolívar de esta necesidad. La necesidad de ahorrar vidas. Detrás de este hombre disciplinado y marcial, hay un alma dolida por tanta sangre derramada, por tanta muerte y orfandad. No puedo olvidar los campos de batalla, cubiertos por cadáveres y heridos, por vidas jóvenes arrancadas a su amor, a sus padres, a sus hijos. Esta guerra debe terminar. Después de Bomboná y Pichincha, de Carabobo y Riobamba, Bolívar estaba ansioso de una reunión conmigo, para acordar algunas cuestiones. Me había pedido refuerzos para el ejército de la Gran Colombia para continuar lo que se llama, desde el gobierno de Quito, la Campaña del Sur. Le envié los refuerzos. Le envié el Regimiento de Granaderos con Juan Galo de Lavalle a la cabeza, quien con Sucre vencieron en Riobamba. Le pediré refuerzos para el Ejército del Perú, yo, que no debo ni he debido jamás nada a nadie, como retribución a la asistencia que hicieron mis tropas en Riobamba y Pichincha. Pero Bolívar también me señaló el peligro que representa para todo el continente Iturbide en México. Sin embargo, lo que más lo aflige es la independencia de la provincia de Guayaquil, que representa para él una peligrosa anarquía. Le dije que me mantendré al margen de ese problema y él alaba mi nobleza al respecto. Mi sable no se desenvainará jamás en guerras y entredichos entre americanos y él lo reconoció y aceptó.

 

Sé de su admiración por el Ejército Unido y por el Cuerpo de Granaderos, sé de su optimismo triunfante para la América Meridional, pero ahora su ánimo se ensombrece por una cuestión de límites, por la región del Guayas. Lo que más deseo es que ambos ejércitos puedan unirse para finalizar la guerra. Basta de muertos quemados en los campos de batalla, horror que algunos generales permiten, o cadáveres devorados por alimañas o aves de rapiña. Basta, basta de cementerios en las laderas y en los abismos de las montañas. Basta. Siempre le repite a Rosa que él no debe nada a nadie, que jamás debió nada a nadie, pero esta vez le pedirá ayuda a Bolívar, porque el auxilio es para la causa, no para él, no para el general José de San Martín, él puede partir, puede borrarse, pero la causa no, la causa es la de toda Sudamérica y del pueblo sudamericano.

 

A veces permanece taciturno, pide su tabaco y lo corta, arma sus cigarros y mientras el humo lo envuelve, se ve a sí mismo inclinado sobre los mapas trazando los itinerarios de las expediciones y los planes de las batallas. Tanta lucha, tantas vidas -se repite a sí mismo- Elegí ser soldado, estuve en Bailén, en el África, en Francia, en Los Pirineos, en San Lorenzo, en Chacabuco, en Maipú, esa batalla encarnizada, con tantos muertos. Estuve en medio de la sangre y la pólvora, del olor a pólvora y a sangre. Elegí esta vida, como mis hermanos y mi padre. No sé si eso es elegir. Me hirieron, casi morí, volvía a pelear, me volvieron a herir y vi a la muerte de frente. Pero acá estoy, la razón universal o el orden supremo que todo lo rige me han situado en este lugar. ¿Providencia? ¿Destino? No, decisión irrevocable por las ideas que echarán los cimientos de un mundo nuevo, el mundo que otras generaciones vivirán. Esto es el fin de la oscuridad de la Colonia, es el paso a las luces.

 

La duda no debe embargarme, no me embargará nunca, porque tengo la certeza de que esta lucha no es en vano, aunque a veces, el desaliento me carcome. No sé qué le ocurrirá Bolívar, no sé si él duda sobre los hechos, no sé si pregunta el para qué y el porqué. Un soldado no pregunta, un soldado obedece. Un general obedece a su empresa, a su creencia, a su absoluto, a su razón, a su proyecto, a su luz. Ya veré quién es Simón Bolívar finalmente, cuando nos encontremos frente a frente.

 

Sé de su valentía e inteligencia pero yo dejo las cuestiones personales a un lado. Hubo demasiada sangre en esta guerra, demasiado sacrificio para detenerse en apreciaciones particulares. Sin embargo, a veces pienso que para los dos será vernos como en un espejo, el libertador del norte y el libertador del sur, que al fin y al cabo es toda la América del Sud. Ese momento está próximo.

 

Cada vez estoy más seguro de que será un paso definitivo, el último. Esta guerra terminará cuando nos estrechemos las manos, porque el continente está ganado para la causa libertadora hace tiempo. Solamente resta la unión entre el ejército de Colombia y el del Perú y Chile, ese paso es el final. Veré el rostro de la verdad, luego de años de fragor y batallas. También en España habrá luz con los partidarios de una monarquía constitucional. Ay, España, qué pronto os abandoné para venir a esta tierra convulsionada, pero estaba escrito en el ideal revolucionario, el que juramos con Carlos de Alvear y Zapiola en Cádiz. La causa necesitaba soldados, gente que supiera hacer la guerra y me eligieron a mí. Ellos dijeron que era el militar indicado para llevar adelante un plan libertario.

 

Dejé todo, dejé al ejército, mi gradación de coronel en las filas del rey, dejé a España y a mi familia. Dejé todo, y aquí estoy preparando la última batalla, la definitiva y más decisiva de las batallas: el encuentro con Bolívar. Digo batalla o encuentro, que es lo mismo, porque no sé cómo será el otro, aunque ya me lo dijeron: es distinto Y yo pienso: tal vez sea parecido o semejante. Además ya está decidido -le confesó a Rosa- si el encuentro se convierte en desencuentro, me iré para siempre del Perú. Volveré a Chile y desde allí a Mendoza, a mi chacra de Los Barriales. Mendoza es un edén, el mejor lugar del mundo para vivir, con sus álamos dorados en el otoño y sus acequias.

 

Allá cultivo vides y olivares como en Las Geórgicas de Virgilio que leía en la juventud y puedo ver el lucero de la tarde sobre los picos de la cordillera.

En Mendoza nació mi hija Mercedes, la infanta, como le dicen mis enemigos, sobre todo los que son acólitos de Rivadavia, que no vacilará en hacerme apresar si regreso a Buenos Aires.

La llamé infanta a Mercedes en broma ya que algunas malas lenguas decían que yo iba a hacerme coronar rey.

Si él se marchaba, Rosa cuidaría de sus libros; ella se lo prometió. Como recuerdo, San Martín le regaló su leontina de oro.

 

 - Es para ti, la más hermosa y valiente de las mujeres -le dijo-, una mujer que merece los mejores diamantes del mundo.

 

 - Rosa le besó las manos y guardó la leontina en su pecho. Siempre la llevaría anudada al cuello, aun cuando muchos años después comenzó a sufrir ahogos mientras su hijo Alejandro la consolaba en el piso alto de la Biblioteca de Lima, donde vivía.

 

 - Jamás me sacaré esa joya del cuello -le decía Rosa Campusano Cornejo a Alejandro- Jamás.

 

. El 28 de julio de 1821, el general José de San Martín proclamaba la independencia del Perú. San Martín había declarado la Independencia de Chile en 1818 y llegó al puerto de Pisco, en Perú, en septiembre de 1820. El virrey español José de La Serna dejó Lima en junio de 1821. El 28 de julio, San Martín proclamó: “El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia”.

 

 La autora: Liliana Bellone es escritora salteña, graduada en la UNSa. Ganadora del VI Premio Internacional de Narrativa Novelas Ejemplares y Editorial Verbum con su novela “El libro de Letizia”, otorgado por la Facultad de Letras de la Universidad de Castilla-La Mancha, en España. Ha publicado dentro de los géneros de poesía, cuento, novela, crítica literaria, teatro y ensayo. Entre sus obras se destacan: “Augustus”, Premio Casa de las Américas de Cuba, 1993; “Fragmentos de siglo” (1999), “Las viñas del amor” (2008), “Eva Perón, alumna de Nervo” (2010), “En busca de Elena” (2017), “Dafne y el crimen de la montaña” (2019) y “Puccini”. La biografía americana, (2019), “Novela, mujeres y política en Jorge Luis Borges”, en coautoría con Antonio R. Gutiérrez (2021). Cuatro novelas suyas han sido traducidas y editadas en Italia.


Publicado originalmente en: https://www.eltribuno.com/salta/nota/2021-7-28-0-0-0-la-causa-de-todo-el-pueblo-sudamericano


miércoles, 21 de julio de 2021

David Antonio Sorbille

 


“Cuando se habla del ‘otro’ estamos estableciendo un vínculo que supera toda distancia”

 

David Antonio Sorbille responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti

 

 

David Antonio Sorbille nació el 10 de febrero de 1950 en Buenos Aires (donde reside), capital de la República Argentina. Ha colaborado en diarios y revistas: “Hojas del Tuerto”, “El Viaje”, “Claves en Diagonal”, “La Iguana”, “Amaru”, “Papirolas”, “Desde Boedo”, “Decires”, “Los Palabradores”, etc. Fue incluido en antologías de poesía, cuentos y ensayos y en volúmenes compartidos: citamos “Poetas del tercer milenio”, “Antología poética libre”, “Tres para todos”, “Poetas sobre poetas”, “Un arte contado”, “Mil poemas a César Vallejo”, “Bardos y desbordes”, “Cuando llegue el momento”, “Antología del lector cómplice”, “Abrazo de voces. Aniversario antológico”, “La mirada de ellos”, “Pan de agua”, “Pasos y horizonte”. Además de otros reconocimientos, obtuvo el Premio Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores. A partir de 1999 fueron socializándose sus poemarios “Las huellas del silencio”, “Eternamente”, “Ofrenda lírica”, “Un puente de voces”, “El fusil de trigo”, “Umbral de poesía”, etc., así como sus libros de narrativa breve “Los muros herméticos y otros relatos”, “Los lugares comunes y otros relatos”, “El juicio final y otros relatos”, los volúmenes de ensayo y poesía “Señales de vida”, “Semblanzas recobradas”, los de ensayo “Tributo a nuestro continente”, “Tributo a César Vallejo”, y aquellos en los que participa con Ricardo Luis Plaul: “Del mágico sombrero” (con su poemario “A mi modo”), y con Sergio Adolfo Sosa: “La guerra olvidada” (con ensayos).

 

 

1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

 

DAS: Mis primeros escritos en la década del ’60; aquellos que dieron lugar a dos libros inéditos: “Los prisioneros del prejuicio” (relatos inspirados en mi lectura de Roberto Arlt) y “El aprendiz de loco” (poemas basados en los Salmos del Rey David, e influenciados por la obra de Vladimiro Maiakovski).

 

 

2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

 

DAS: La lluvia ha sido parte de mis momentos de soledad y disposición a la escritura; no así las tormentas, que siempre me han preocupado por sus secuelas y malos recuerdos de cuando residí en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires, allá lejos y hace tiempo. La sangre me perturba al extremo de no poder contemplar nada que tenga que ver con ella. La velocidad me causa vértigo y trato de que no me contamine; y las contrariedades son parte de la vida, y también del acto de escribir. 

 

 

3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?

 

DAS: La respuesta que se me ocurre es la misma en la que pienso al hablar de la concepción poética: la inspiración es un estado del alma, y luego trabajo y más trabajo. Por eso, aprovecho esta pregunta para sostener lo siguiente: La poesía, o al decir de Cesare Pavese, “la nueva realidad que ha sido iluminada”, fue clasificada genéricamente como épica, lírica y didáctica, y sus clásicos ejemplos destacan: “La Ilíada” y “La Odisea” de Homero, las “Odas” de Horacio y “Las Geórgicas” de Virgilio, en donde por caminos diversos encontramos narrativa, sensibilidad y enseñanza en función de una admirable unidad orgánica. Ese antecedente es absolutamente válido para todas las obras posteriores, y las podemos sintetizar en la genial “Divina Comedia” de Dante Alighieri. Pero, la característica perceptiva de la poesía adquiere determinados signos estilísticos que logran revitalizarla de acuerdo a las exigencias de las distintas épocas. Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire, Stéphane Mallarmé, Walt Whitman, Guillaume Apollinaire, Maiakovski, Ezra Pound, T. S. Eliot, William Butler Yeats, Antonio Machado, Rubén Darío, Federico García Lorca, César Vallejo, Fernando Pessoa, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, son algunos nombres que fueron promoviendo universalmente la vigencia incuestionable del arte poético. En ese camino extraordinario, el lenguaje cotidiano incorpora su propia revolución y el verso libre rescata la versatilidad contemporánea. La semilla es la palabra, pero el valor de la poesía, es necesario recordar, está inmerso en la renovación de las formas, y su razón de ser corresponde a la belleza, que siempre vendrá por nosotros.

 

 

4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

 

DAS: Aunque me cuesta separar la obra del artista de sus avatares, destaco al escritor estadounidense Henry Miller y al militar y escritor británico Thomas Edward Lawrence, entre otros.

 

 

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

 

DAS: Suelo reiterar dos: “El que no tiene cabeza para prever, debe tener espaldas para aguantar” (Juan Domingo Perón) y “La resignación requiere carácter” (Goethe).

 

 

6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

 

DAS: Me impactan las obras monumentales de Miguel Ángel, las sinfonías de Beethoven, los conciertos para piano de Brahms, el film “Matar a un ruiseñor” de Robert Mulligan, algunas novelas de Faulkner, la poética de Juan L. Ortiz y Juan Gelman, entre otros.

 

 

7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

 

DAS: En algún rincón de la memoria tengo atesorado el primer encuentro con Ernesto Goldar [1940-2011]. Fue en una librería de la avenida Corrientes cuando tuve la ocasión de adquirir su libro de ensayos “El peronismo en la literatura argentina”. En ese texto elaborado con el rigor analítico que lo caracterizaba, sentí que Ernesto estiraba su mano para estrechar la mía, más allá de la presencia física que tuvo lugar años después. En efecto, cuando lo conocí personalmente en la Sociedad Argentina de Escritores, él estaba entre los asistentes de la reunión del grupo AERA, conducida por Alejandro Drewes y Silvia Long-Ohni. En esa oportunidad leí una serie de poemas que concluyeron con el dedicado a Gelman. Al concluir, Ernesto se me acercó y me estrechó esa mano que había quedado pendiente desde el primero de sus libros que tuve el placer de leer. Desde entonces, era muy común encontrarnos en distintas veladas donde hacía honor a su amistad, al intercambio de ideas políticas y sociales afines, y a ese fervor que compartíamos por la poesía. Su fascinante personalidad y sus profundas convicciones nos permitía disfrutar de sus exposiciones, virtuosas por su conocimiento y precisión. Ernesto era un verdadero compañero de ruta que nos brindaba su cariño y su sabiduría. En cada uno de los lugares que frecuentó, su imagen ha quedado grabada para siempre.

 

 

8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

 

DAS: Memoria.

 

 

9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan?

 

DAS: La rutina de las reuniones de cualquier tipo donde parece que nada cambia, como el agua estancada.

 

 

10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

 

DAS: No creo en la perfección, sino en el acto de concebir y trabajar en lo que uno cree.

 

 

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

 

DAS: Me indigna la impunidad, el cinismo y la violencia enmascarada en tiempos de pos verdad.

 

 

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

 

DAS: Una foto de mi niñez, en la que estaba con mis padres y mi hermana menor que yo, con el fondo de la Basílica de Luján.

 

 

13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

 

DAS: Me hubiera gustado conocer a Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, y estar incluido en alguno de sus escritos.

 

 

14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

 

DAS: Son todas facetas de la misma vida, y como tales nos van marcando. Antes no sabía que eran imposibles de evitar las que afectaban, y celebro las que me impulsan o le dan sentido a mi existencia.

 

 

15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?

 

DAS: Al Enrique Santos Discépolo de “Mordisquito”, su personaje radial; los monólogos televisivos de Tato Bores y los del negro Roberto Fontanarrosa. 

 

 

16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?...

 

DAS: No reparo en superficialidades, y sí en cambio en aportes o ideas que sumen a un intercambio dialógico que tenga en lo humanístico la razón de las apreciaciones que estimo.

 

 

17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

 

DAS: Me acostumbré a tratar a las personas más allá de sus preferencias o ideologías, pero respeto especialmente a las que dignifican la palabra y los sentimientos sinceros. Me fastidia la estupidez de los soberbios. 

 

 

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

 

DAS: Creo que es una sentencia histórica, pero tenemos la obligación de trabajar desde cualquier lugar que ocupemos para superarla. 

 

 

19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

 

DAS: Jesús, Ludwig van Beethoven, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Eva Perón, y muchos más. 

 

 

20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

 

DAS: Celebro el ingenio de la gente, artistas o no, y que me hagan reír con inteligencia, por ejemplo, el humor de Les Luthiers.

 

 

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

 

DAS: La vida nos sorprende en varios aspectos y de todos ellos extraemos la sabiduría para seguir el camino. Parece una frase hecha, pero con los años descubrí su certeza.

 

 

22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

 

DAS: Establecí una relación a partir del aprendizaje constante y con la predisposición a sumar experiencia en todos los casos.

 

 

23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc. — calificarías de “insufribles”?

 

DAS: Todo lo vinculado con la banalidad en cualquier aspecto.

 

 

24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?

 

DAS: El barrio de Villa Devoto donde pasé mi infancia; y el de Villa del Parque porque fue el de mi trabajo y el hogar de mis primeros años de matrimonio.

 

 

25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

 

DAS: Intentaré una reescritura de un texto propio.

 

“Hoy he vuelto a la ciudad, caminé por sus calles, recorrí sus límites y sus bares, crucé la nueva plaza y visité a la otra por azar, esa gran extensión de tierra, bosque y pensamiento que alberga un refugio de jubilados al lado de la iglesia, y por un momento, regresé sobre mis pasos y reconocí al inexistente Instituto Frenopático, con sus siete hectáreas y media de terreno alto y fértil, con sus trece pabellones en orden disperso entre jardines y un parque bien cultivado entre las miniaturas de yeso. Aquellas imágenes que revivió mi memoria, ahora significaban esta nueva visión convertida en arcilla de la historia y, como ese hombre que, al borde del lago, en la profundidad misma del agua clara, encuentra la respuesta a un estado del alma, intento, casi con obstinación, hacer un puente entre el pasado y el presente, que abre mis ojos y me impulsa a superar el sufrimiento que danza en una ceremonia desafiando a la muerte. Por eso, no puedo hacerme el distraído en el momento del crepúsculo. Detrás de las horas dispersas surge el deseo de trascender en un gesto cargado de autenticidad. Escribo, mientras tanto, en el viento de la lengua. Un vuelo de pájaros cruza el espacio. Observo a los personajes de relatos no escritos. Sufro con sus conflictos. Me alegra, también, la sonrisa abierta cuando el herrero, el albañil, la dueña del bazar, el plomero, el médico, la modista, el carpintero, la vendedora de flores, transforman el sacrificio de la dura realidad que nos golpea. Es poco, pero es la única manera que tengo para responder al desajuste de esta breve ansiedad por lo espontáneo. Lo difícil sería abandonarnos, renunciar a todo. Ahora sólo pienso en el retorno a mi hogar y, tal vez, como Peter Handke, “seguir elaborando la más fugaz de las materias, tu aliento”.”

 

 

26: “Donde mueren las palabras” es el título de un film de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?

 

DAS: En la estupidez humana.

 

 

27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

 

DAS: Cuando se habla del “otro” estamos estableciendo un vínculo que supera toda distancia y es en lo que creo y así actúo. 

 

 

28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

 

DAS: Al principio me produce una cierta impotencia, pero luego se disipa en la medida en que conozco las falencias humanas.

 

 

29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

 

DAS: A mis padres; al doctor René Favaloro; a José Gervasio Artigas; a los héroes y mártires de todos los pueblos en lucha por la liberación.

 

 

30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

 

DAS: Mis pasiones se fueron revelando en la medida que me iba conociendo y relacionando con el semejante. La interacción es mi verdadera pasión. 

 

 

31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

 

DAS: No me gusta dar nombres, pero se me ocurren muchos de la farándula y los que promocionan las editoriales sin tener en cuenta la calidad del escritor. 

 

 

32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

 

DAS: El amor es la suma de contrarios, y en esa fórmula está la virtud.

 

 

33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

 

DAS: Cualquiera de esos momentos, especialmente cuando escribo.

 

 

34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

 

DAS: 1. César Vallejo, William Faulkner, Rodolfo Walsh, Xul Solar.

2. Fédor Dostoievsky, Juan Gelman, Juan L. Ortiz, Osvaldo Pugliese.

3. Atahualpa Yupanqui, Olga Orozco, Charles Chaplin, Paul Muni.

 

 

35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?

 

DAS: Alfil en avance por las diagonales del saber; Torre en la misma proporción por los límites del tablero; Caballo para esquivar las malas ondas y asegurar el movimiento del resto; y así la Reina, los peones y la pretendida astucia en los desplazamientos del Rey para evitar o superar contratiempos.

 

 


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Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, David Antonio Sorbille y Rolando Revagliatti.