jueves, 6 de noviembre de 2014

Un salteño ingresa como miembro de número

Incorporaciones recientes en la Academia Argentina de Letras 



​PARTE DE PRENSA


La Academia Argentina de Letras acaba de incorporar como miembros de número al poeta salteño Santiago Sylvester y al poeta platense Rafael Felipe Oteriño, quienes ocuparán respectivamente los sillones Olegario V. Andrade y Carlos Guido y Spano.
Se acompaña al pie curriculum de ambos.
Buenos Aires, 26 de Octubre de 2014


Santiago Sylvester nació en Salta en 1942, estudió derecho en Buenos Aires donde recibió el título de abogado, residió veinte años en Madrid y actualmente vive en Buenos Aires. Es autor de catorce libros de poesía (el último, Los casos particulares, 2014), un libro de cuentos y dos de ensayos, publicados en Argentina y España. Recibió los Premios de la Provincia de Salta, del Fondo Nacional de las Artes, el Sixto Pondal Ríos, el 3er. Premio Nacional de Poesía, el Premio Internacional Jorge Luis Borges y el 1er. premio de la Ciudad de Buenos Aires. En España, el Premio Ignacio Aldecoa y el Jaime Gil de Biedma. Es autor de las antologías Poesía del Noroeste Argentino-Siglo XX, y Poesía Joven del Noroeste Argentino, y de ediciones de obras de Manuel J. Castilla, Néstor Groppa, Juana Manuela Gorriti y Federico Gauffin. Dirige la colección Pez Náufrago, de poesía, y codirige la colección Época, de ensayos. En la  Academia Argentina de Letras tendrá el sillón que fue ocupado la primera vez por el salteño Juan Carlos Dávalos.


                                                             
​     


Rafael Felipe Oteriño nació en La Plata en 1945, estudió derecho en su ciudad natal, y reside en Mar del Plata, donde se desempeñó como Juez, y luego como Juez de Cámara. Ha publicado doce libros de poesía, el último se titula Viento extranjero, de 2014. Su obra se encuentra reunida en Antología poética y En la mesa desnuda.Recibió los siguientes premios: Primer Premio Regional de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación (1985/88), Konex de Poesía (1989/93), Consagración de la Legislatura bonaerense (1996), Premio Nacional Esteban Echeverría (2007), Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía (2009) y Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional (2014). Ejerce la docencia universitaria y la crítica literaria. Codirige la colección Época de ensayos sobre poesía.
Como miembro de número de la Academia Argentina de Letras, ocupa el sillón Carlos Guido y Spano. 
               
                                                   

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Juan L. Ortiz según Victoria Robador

Juan Laurentino Ortiz

“Para que los hombres”
Para que los hombres no tengan vergüenza
de la belleza de las flores,
para que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles
o profundas de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por penetrar el mundo,
con el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro pensamiento
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, si, todas las flores
y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre: iremos todos hasta nuestro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una cimiente en la noche de la tierra.

El poeta entrerriano nace en 1896 y vive y crece rodeado de una abundante naturaleza, que luego inundará sus versos. Toda su poesía está marcada por los paisajes de la selva en la cual pasó gran parte de su infancia.
                Juanele estudió filosofía y participó de la bohemia porteña así como de movimientos políticos en su provincia natal, mientras escribía versos influidos por la estética simbolista y la poesía oriental. Su escritura poética se caracteriza por presentar cierta tensión entre el paisaje monótono, de contemplación y los conflictos sociales, por los que mostró una especial sensibilidad, inclinándose por los niños que sufren la pobreza y las injusticias.   
                En este sentido, el poeta siempre tuvo la conciencia de que su escritura debía atender a los aspectos sociales y de que la literatura, la poesía fundamentalmente, son medios poderosos para expresar las dolorosas percepciones del afuera: “No olvidéis que la poesía (…) es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin”
En el poema “Para que los hombres”, se percibe un tono de frescura, de vitalidad junto a cierta delicadeza natural.
El yo lírico comunica en forma de leve arenga una acción futura y plural, un hacer conjunto, colectivo, que implica “perderse en la hora del don, en la noche de la tierra”, ir hacia el extremo límite y en ese gesto de solidaridad quedará expresada la nobleza del hombre como ser viviente, tal como lo hace una flor al abrirse y mostrar su plenitud. En este movimiento hermanado, avanzan sonrientes y cada sonrisa singular se fusiona en una sonrisa anónima, que no ignora el dolor del mundo, pero lo siente como una fuerza que los atraviesa.
Ahora bien esta acción tiene un fin concreto: que seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada; y así se revela esa veta humanista y política del poeta, que intenta una sentida sensibilidad hacia la otredad.
Por otro lado, el yo lirico exalta con delicadeza y seguridad la necesidad de un cambio en la relación con la naturaleza, en el ritmo y el modo de vincularse con la tierra, una vuelta a la unidad del hombre con la naturaleza, de manera que los hombres no tengan vergüenza de la belleza de las flores y entonces podamos tocar y mirar sin pudor todas las flores.
Finalmente puede leerse también una crítica al devastador y devorador avance capitalista y su lógica de lo instantáneo y lo efímero; Ortiz entiende un uso distinto de los objetos según el cual las cosas no sean mercancías, sino que sean ellas mismas concebidas e integradas desde una sensibilidad como: formas sensibles de la unidad o bien, considerando el trabajo del hombre sobre el mundo como: espejos de nuestro esfuerzo por penetrar el mundo. En esto último vemos también una postura política asumida por el poeta, que atiende a la relación del hombre con su entorno natural y comprende a la naturaleza como un imperativo ético para la creación (estética) poética.


“Tarde”
El mundo es un pensamiento
Realizado de la luz.
Un pensamiento dichoso.
De la beatitud. El mundo
Ha brotado. Ha salido
Del éxtasis, de la dicha,
Llenos de si, esta tarde,
Infinita, infinita,
Con árboles y con pájaros
De infancia ¿De qué infancia?
¿De qué sueño de infancia?

En este segundo poema el yo lírico se expresa inicialmente en tono aseverativo y se encamina hacia un cierre interrogativo, característico del estilo de Ortiz.
El poema nace de una actitud contemplativa en la reflexión en torno del acaecer vespertino, la tarde. El poeta canta el goce, la dicha del mundo, concebido éste como pensamiento realizado de la luz… de la beatitud.
Y como bien se señaló en uno de los programas de la cátedra, se observa aquí que su poesía no se limita a describir el paisaje, sino que éste se constituye en punto de partida para transformar en poesía lo que ya ha penetrado en su alma.
Entonces, el mundo que ha surgido, ha brotado a raíz de la meditación y del entre ser en el paisaje, es- en palabras de Juan Jose Saer- “enigma y belleza, pretexto para preguntas y no para exclamaciones, lamento del cosmos por el que la palabra avanza sutil y delicada, adivinando en cada rastro o vestigio aúnen lo más diminuto la magia misteriosa de la materia”
Así, en esta tarde infinita, infinita, el poema realiza una proyección universal y atemporal, una tarde de dicha, éxtasis, plena, brillante¸ de árboles y pájaros de infancia. De una infancia no individualizada, no personalizada, sino de un tiempo humano, común a todos los seres y es por eso que allí se abre la pregunta ¿De qué infancia?
La interpelación al lector, lo mueve también al recuerdo dela suya propia, de aquel tiempo de niñez, de pureza e inocencia… Y entonces ¿de qué infancia? La de todos, podríamos responder.
Como también lo enseña Ortiz en una entrevista: “… Apenas si somos agentes de una voluntad de expresión  y ritmo que está en la vida, en la vida de todos, en la vida del mundo y de las cosas”
                Acá podemos ver la amplitud del poeta que también expresa en el poema, liberándose de las restricciones geográficas e incluso temporales.

                Finalmente el último verso interrogativo ¿De qué sueño de infancia? Conlleva la reflexión sobre cómo pensamos el mundo cuando lo contemplamos con ojos del alma, y entonces ese pensamiento nos crea un mundo semejante al que soñamos cuando niños: un mundo claro, dichoso, melodioso, fresco, nuevo…  Se refleja allí también la actitud mística del autor, la mirada que pasa por la relación entre el afuera y el adentro, en ese salirse hacia afuera de sí y desde se construye el sentido del poema.

Victoria Robador

lunes, 20 de octubre de 2014

Borges y el escritor argentino

La problemática del canon en la constitución de la literatura argentina es un estudio recurrente dentro del ámbito de las letras. Desde el reconocimiento del Martín Fierro  por parte de Lugones hasta nuestros días, el canon está rodeado de  varias controversias. Borges en su ensayo “El escritor argentino y la tradición”, plantea ciertas cuestiones que atienden al escritor argentino sumergido en un “deber ser nacional” y la tradición.
 Comienza hablando sobre el Martin Fierro, del cual no discute su canonicidad, y establece en cierta forma las diferencias entre la poesía gauchesca y la poesía de los payadores. Dentro del primer tipo de poesía mencionada, encontramos nombres tales como Ascasubi, Hidalgo, Estanislao del Campo y, por supuesto, José Hernández. Creo que para Borges las diferencias radican tanto en el léxico como en los temas que se tratan en ambos casos, es decir que hay una diferencia en el propósito de los poetas. “Los poetas populares del campo y del suburbio versifican temas generales: las penas del amor y de la ausencia, el dolor del amor y lo hacen en un léxico muy general también; en cambio, los poetas gauchescos cultivan un lenguaje deliberadamente popular, que los poetas populares no ensayan. No quiero decir que el idioma de los poetas populares sea un español correcto, quiero decir que si hay incorrecciones son obra de la ignorancia. En cambio, en los poetas gauchescos hay una busca de las palabras nativas, una profusión de color local. La prueba es ésta: un colombiano, un mejicano o un español pueden comprender inmediatamente las poesías de los payadores, de los gauchos; y en cambio necesitan un glosario para comprender, siquiera aproximadamente. A Estanislao del Campo o Ascasubi.” (Borges, 1974: 268).
Otra caso que resalta en este ensayo es la comparación del Martin Fierro con La urna  de Enrique Banchs. En esta oportunidad se plantea cual de los dos poemas es mas argentino. En primera instancia el poema de Hernández pareciera ser el que más cumple con el deber ser nacional. Esto por la constante aparición de los paisajes argentinos, el léxico, etc. Pero Borges causa sorpresa al indicar que no sólo se es argentino cuando se describen paisajes o se usan ciertos vocablos, propios de una identidad nacional, sino también cuando la escritura está atravesada  por temáticas universales, como el amor, el gran dolor del abandono, etc. Es decir que el escritor argentino no debe limitarse solo a su tierra sino a encontrarse en el mundo, en el universo. No se es menos argentino por no decir “aquí me pongo a cantar al compas de la vigüela”. Borges cuenta una anécdota bastante particular referida a uno de sus cuentos: La muerte y la brújula, una suerte de pesadilla detectivesca en que figuran elementos de Buenos Aires deformados por el horror de la pesadilla: aparecen allí el Paseo Colon, las quintas de Adrogué, etc. Los amigos del escritor alabaron este cuento diciéndole que por fin habían encontrado en su escritura un color local, a lo que él responde que no había sido esa su intención. Para Borges, cuando el escritor se despoja de la presión de escribir con un color local determinado, con un nacionalismo exacerbado, recién tiene una libertad mental para escribir lo que antes no podía.
Por último, él se preocupa  por un tema polémico: la tradición argentina. Respondiendo esta cuestión como central, Borges aduce que nuestra tradición es toda la cultura occidental, inclusive va mas allá diciendo que “tenemos derecho a esta tradición, mayor que el pueden tener los habitantes de una u otra nación occidental”. Es decir, Borges no pretende que olvidemos de dónde venimos, sino que logremos despojarnos como escritores, lectores de los prejuicios y abandonarnos a ese sueño voluntario que se llama la creación artística.

 José Manuel Díaz Watson

viernes, 8 de agosto de 2014

Para conocer de la literatura a través de un autor

Recomendamos visitar el siguiente link para escuchar una entrevista muy buena sobre la literatura por regiones: http://www.taringa.net/posts/arte/8966030/Santiago-Sylvester-poeta-argentino-contemporaneo-grosso.html

jueves, 26 de junio de 2014

EL GOZANTE de Manuel J. Castilla

La antología compuesta por Santiago Sylvester sobre la poesía de Manuel J. Castilla se puede leer en Internet en: http://www.colihue.com.ar/fichaLibro?bookId=417 Reseña: La celebración de la tierra y el canto en los versos de este arraigado y entrañable poeta salteño. Su vasta obra -de la que sobre todo se conoce masivamente aquella parte que ha nutrido la cancionística folklórica del Noroeste- es además hija de todo un movimiento cultural surgido en las provincias norteñas en la década del 40. Este movimiento fue el que dio origen al grupo La Carpa, fundado con el propósito manifiesto de celebrar el paisaje, la naturaleza primordial, y dar testimonio del hombre de la región. En Castilla, como destaca en el prólogo Santiago Sylvester, siempre va a estar presente ese deseo de construirse una patria: es "el poeta que funda un lugar para que, a su vez, le sirva de fundamento". Recordemos que sus letras para canciones son numerosísimas, y entre las más difundidas se destacan "La zamba de Balderrama", "La arenosa", "Zamba de Anta", "La pomeña", etc. pero si en el imaginario ha perdurado sobre todo el letrista folklórico, esta selección rescata fundamentalmente al poeta extraordinario y prolífico que fue, relevando creaciones de sus tempranos Luna muerta (1943) y La niebla y el árbol (1946), de ese libro fundamental en su desarrollo poético que es Copajira (1949), y de los sucesivos La tierra de uno (1951), Norte adentro (1954), De solo estar (1957), El cielo lejos (1959), Bajo las lentas nubes (1963), Posesión entre pájaros (1966), Andenes al ocaso (1967), El verde vuelve (1970), Cantos del gozante (1972) -que incluye el poema que da nombre a esta antología-, Triste de la lluvia (1977), y el póstumo Canto del cielo, que a cada instante crece y se derrumba.

lunes, 23 de junio de 2014

PARA PENSAR LA REGIÓN

CONFERENCIA DE RAÚL DORRA PARA PENSAR LA REGIÓN En septiembre de 2012, el narrador y ensayista estudioso de las teorías literarias Raúl Dorra brindó una interesante conferencia en el Complejo de Bibliotecas de nuestra provincia. Radicado en México pero oriundo de San Pedro de Jujuy, visitó el NOA y propuso a su auditorio una serie de “acercamientos” para pensar lo regional. A continuación, compartimos las reflexiones suscitadas: • Podemos acercarnos a la región desde lo conceptual o estrictamente etimológico: región, régimen, regencia… En el campo semántico, a veces se confunde el término con los de “pago” o “nación”. El término “región” se utilizó por primera vez en el campo de la Geografía. Su sema principal, la naturaleza, posibilitaba la clasificación de regiones a partir de lo geográfico. El geógrafo determinaba cuál era el rasgo que definía la región. En simultáneo, en cada región geográfica hay otras regiones dentro, por lo que la región se convierte en tema obligado para la Geografía Social: del territorio geográfico al territorio del espíritu. Cabe preguntarnos, entonces, si la naturaleza sigue determinando hoy la región, o si se trata más bien de una diálectica cultura-natura. Consideremos que en una región cabe tanto lo dado como lo construido; así es como existen clasificaciones que privilegian lo natural y otras lo cultural. Si el punto de vista determina la región, regionalizar implicaría establecer articulaciones y organizaciones. ¿Quién regionaliza y quién resulta regionalizado ante cada mirada? Hablar del NOA implica que pensemos en algo que trasciende lo meramente cartográfico. Existen rasgos míticos que atraviesan, incluso, cuestiones económico-sociales. La Literatura resulta de sumo provecho para reflexionar respecto del NOA como región. El maestro Juan Alfonso Carrizo recorrió sus zonas más alejadas y recopiló cancioneros, configurando un “folklore afirmativo” (en palabras de Dorra). Debemos tener en cuenta que a partir de 1890, la explotación de la tierra y los intercambios comerciales de nuestra región sufrieron un giro clave, y para Carrizo resultaba vital recoger las canciones de una cultura que estaba desapareciendo. En estas compilaciones se relevan dichos valores culturales, fuente indispensable para pensar en el NOA como región, determinada, en última instancia, por la memoria. Carrizo se desenvuelve en el marco de la antinomia memoria/olvido, combatiendo a este último y configurando al NOA como la región de la resistencia y la memoria. Dorra señaló, no obstante, que Carrizo reivindica la hispanidad como “la” cultura por excelencia; es por eso que se nutre, también, de recopiladores españoles como Rodríguez Mariño y Menéndez Pidal. En tanto se erige mero observador, el estudioso resulta conservador para Dorra. Por otro lado, el poeta y militante Atahualpa Yupanqui resulta observador y protagonista (estuvo exiliado). Configura un “folklore de impugnación y de denuncia” ya que problematiza la antinomia campo/ciudad, considerando a Buenos Aires como el foco urbano por excelencia, y presentando, así, a las regiones restantes como saqueadas. • También podemos acercarnos a la región desde la focalización y aplicación del término: así, lo regional se encuentra en estrecha relación con lo universal. De lo universal a lo local y de lo local a lo global. La autorreferencialidad se contempla en el verso: por ejemplo, en el Martín Fierro <>, enunciado antitético de la fórmula ritualizada <>, en tercera persona, allá lejos y hace tiempo. Dorra señaló que el antropólogo Levi-Sträuss explicó el mito de Edipo aplicado a la historia de Brasil, lo que demuestra que el mito de una determinada región puede explicar el mito de otra, incluso distanciada espacial y/o temporalmente, pues comparten una misma “gramática”. Lo universal se aloja en lo particular así como también las particularidades están regidas por leyes universales. El cancionero español posee rasgos universales que se irradian a otros lugares del mundo, y esto funciona en la copla norteña así como también en tantos otros lugares. El inicio de la situación enunciativa parece universal: <>; <>; <> Instala al “yo” (el cantor, elemento fijo) y al interlocutor, su auditorio (elemento móvil). Este auditorio puede estar conformado por un grupo de personas que comparte los valores del cantor, o, más bien, que se distancia y considera el cantar como alegato. A Cosquín, Córdoba, asisten copleros, rockeros, tangueros… con sus particularidades que, a su vez, encuentran unión bajo lo nacional. Las regiones se intersecan; no hay purismo posible ante semejante permeabilidad. Estos cruces culturales pueden crecer y trascender la Nación. Muestra de ello son los festivales internacionales de payadores, por ejemplo.