viernes, 30 de enero de 2015

ENTREVISTA A SANTIAGO SYLVESTER


"La poesía es hoy, más que nunca, una forma de disidencia"

El poeta salteño admite que la poesía siempre ha sido de lectura minoritaria, pero recuerda que el arte existe por razones más serias y complejas que las estadísticas
 
Compartir   
RESISTENCIA. Según Sylvester, existe una necesidad social de que alguien diga "no". "Siembre habrá alguien que se dedique a gritar contra el viento", afirma.
Por Fabián Soberón
Para LA GACETA - Tucumán

Recientemente, Ediciones del Dock (Buenos Aires) ha publicado cuatro tomos -Gianuzzi, El verso libre, Dificultades de la poesía, Diario de un libro- dedicados a ensayos, notas y artículos sobre poesía. La colección se propone ahondar en los problemas de la escritura del texto poético, el verso libre, los límites y el alcance del género. Cuidadosamente editados, los cuatro libros incluyen autores procedentes de geografías y poéticas diversas y ponen en cuestión cierto canon de la crítica. Uno de los editores de la colección, el poeta y ensayista Santiago Sylvester, manifiesta en esta entrevista que no había una colección dedicada exclusivamente a estos asuntos y que las reflexiones incluidas en los volúmenes se pueden extender al arte en general.

- ¿Por qué publicar una colección de ensayos, reflexiones, notas y artículos sobre poesía?
- Como tantas cosas, esta colección es consecuencia de una buena conversación. Con Rafael Oteriño, Javier Adúriz y Carlos Pereiro, de Ediciones del Dock. Nos pusimos a charlar una noche en Buenos Aires y llegamos a la conclusión de que no había una colección dedicada a este asunto. En realidad, se trata de reflexionar sobre el arte en general, ya que los problemas están muy conectados: aquí sí que la parte incluye al todo, la poesía habla de un espectro más amplio. Las enormes modificaciones del siglo XX, y lo que va del XXI, pegan de lleno en la expresión artística, por eso nos pareció necesario abrir un sitio de debate y reflexión, y nos salió la colección Época, que ya tiene cuatro libros publicados y dos en vías de edición.

- ¿Qué lugar le cabe a la reflexión sobre poesía en la época de la televisión basura?
- La sociedad no tiene una sola dirección, sino muchas: vivimos en una sociedad compleja. Quiero decir que la basura social, que no está sólo en la tele aunque ella sea su escaparate mayor, tiene su presencia lamentable, y la poesía (el arte en general) la suya, distinta: que se toquen o no dependerá de qué hagan los artistas. Por otra parte, la poesía, que ha sido durante siglos una forma del conocimiento o la celebración, resulta ser, hoy más que nunca, una forma de la disidencia: hay un gran placer en decir "no" donde se dice masivamente "sí", y al parecer existe necesidad social de que alguien lo haga. Por este sentido de la disidencia habrá siempre alguien que se dedique a gritar contra el viento.

- Es un lugar común decir que se lee menos poesía. ¿Estás de acuerdo con esa afirmación?
- Siempre la poesía ha sido de lectura minoritaria, pero es cierto que, en relación a la masa de lectores, la poesía tiene pocos fieles. Hay que recordar, sin embargo, que no hay un solo tipo de lector, sino muchos: el que lee libros de autoayuda, o novelas de encargo, difícilmente leerá poesía o ensayos, y viceversa; de modo que hay que considerarlos separadamente. Pero imagínese si Tolstoi se hubiera planteado cuántos lectores leían sus novelas en la Rusia de su época: no hubiera escrito ni Ana Karenina ni Guerra y Paz. El arte existe por razones más serias y complejas que las estadísticas.

- Giannuzzi, El verso libre, Dificultades de la poesía y Diario de un libro (de Girri) son los primeros títulos de la colección Época de Ediciones del Dock. ¿Es azaroso que hayan aparecido esos títulos en primer término u obedece a un plan estético?
- Siempre hay un cruce de azar y planificación. El azar está en el orden de aparición, pero es planificado, por ejemplo, ocuparnos de Giannuzzi y Girri: representan algo en la poesía actual que nos interesa destacar. Igual que el Viel Temperley que está en preparación: un poeta sobre el que ya tenemos que pensar. Por otra parte, los otros títulos son disparadores para que la gente convocada exponga sus puntos de vista.

- Al leer los ensayos, artículos y notas, se percibe la participación de autores de diferentes procedencias geográficas y estéticas. ¿Es un propósito explícito de la colección difundir la palabra de autores postergados u olvidados por cierto canon de la crítica?
- Sin duda. Una de las primeras condiciones de la colección, aceptada por todos, fue que fuera representativa de todo el país. No nos interesa mostrar una parte, por importante que sea, sino recoger la energía que abarca el país real: completo. Tampoco nos interesa encasillarnos en una estética determinada, siendo el momento actual tan ecléctico.

- ¿Qué lugar tienen los diarios, las anotaciones marginales, los desvíos ensayísticos y las reflexiones de un poeta en la elaboración de un poema y en la lectura de poemas?
- Para mí, tienen muchísima importancia. Tengo siempre un cuaderno donde anoto cosas que tal vez se desarrollen en un poema, o en un ensayo, o queden ahí, en estado de inminencia. Yo escribo mucho sobre anotaciones rápidas: luego las elaboro para ver qué sale. Y, ya fuera de lo personal, ahí está ese libro extraordinario de Girri, que publicamos: anotaciones al margen de un libro de poemas que estaba escribiendo. Es un material fresco, casi espontáneo, como espiar por la cerradura a un escritor en el momento que escribe.
© LA GACETA

Sobre el amor

Por Santiago Sylvester

No importa dónde nace el amor (los nacimientos son asuntos de registro o de parroquia) pero sé que no dura al aire libre, en ese prado aséptico con un molino al fondo.
Nace en cualquier parte pero no prospera en la ilusión bucólica: busca la complicación, no el caos pero si su orilla, un cuerpo espeso de tejidos y de material residual, y busca sobre toda la armonía que es donde, si nos descuidamos un instante, muere por falta de necesidad.




Santiago Sylvester nació en Salta en 1942. Es poeta y ensayista. Ha publicado 12 libros de poesía y otros de cuentos y ensayos. Es autor de la antología Poesía del Noroeste argentino. Ha recibido el Premio Fondo Nacional de las Artes, el Premio Nacional de Poesía, el Gran Premio Internacional Jorge Luis Borges, entre varias distinciones en nuestro país y en España.
http://www.lagaceta.com.ar/nota/426729/la-gaceta-literaria/poesia-hoy-mas-nunca-forma-disidencia.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=social&utm_campaign=botondesktop

sábado, 13 de diciembre de 2014

Los casos particulares

Un diálogo entre Santiago Sylvester y Rafael Gutiérrez
sobre  Los casos particulares

                El día 3 de setiembre Santiago Sylvester convocó a los interesados en la poesía a asistir a un diálogo en torno a su último libro de poesía, Los casos particulares. La cita se concretó en el salón auditorio del Complejo de Archivos y Bibliotecas de Salta, en la esquina de las avenidas Sarmiento y Belgrano.

                El diálogo fue más o menos así:
Santiago Sylvester: - Antes de pasar el micrófono, quiero agradecer al Complejo de Archivos y Bibliotecas de Salta que cedió el espacio para esta charla y al Prof. Rafael Gutiérrez por prestarse a ella, porque no es fácil encontrar con quien hablar sobre estos temas. También agradezco al público que ha venido a participar de este diálogo, por suerte no un monólogo.
Rafael Gutiérrez: - Buenas noches, agradezco al público que viene a participar de esta charla que es la continuación de una que comenzamos en un café, ahora seguimos con agua sin el café, aunque espero que con el mismo entusiasmo ya que es difícil encontrar con quien hablar sobre poesía. Acordamos con Don Santiago que presentar un libro es un género devaluado, entonces qué mejor que compartir con el público un diálogo entre el autor y un lector que tuvo la suerte de acceder al poemario completo, antes que el resto. Quienes tuvieron suerte de acceder a algún avance leyó uno u otro poema pero no el libro completo, eso es lo que compartimos ambos y nos va a dar pie a seguir la conversación.
                Para obviar lo que pasa en las presentaciones de libros no vamos a hablar del autor porque quienes vinieron ya conocen a Don Santiago y quienes no lo van a conocer de un modo muy íntimo porque aún a su pesar su poesía habla de él. Es un libro que requiere cierto aliento porque se trata de cincuenta y un poemas, ¿cuánto le demandó reunirlos?
S.S.: - Reunirlo me llevó diez minutos, pero escribirlos dos años, incluso darle forma de libro, porque hay un problema en diferenciar un verdadero libro de un rejunte. En ese sentido Stevenson decía que en un libro todas las palabras tienen que mirar en una misma dirección y eso se nota al diferenciar al uno del otro, porque de repente aparece una palabra que apunta para el otro lado de una manera inesperada –porque también puede estar puesta de una manera deliberada- y ahí surge el tropiezo. Armar el libro, imaginarlo, titularlo llevó dos años, ya que poner el título que tiene que funcionar como una síntesis de lo que viene y que tiene que representar a los poemas que precede. No son tantos tampoco, si uno piensa en el Canto General de Neruda no es mucho.
R.G.: - Bueno, Neruda es de escribir largo, pero en este caso cuento cincuenta y un poemas y me preguntaba cómo hizo para acertar con un título que fuera una invitación a leer, que condensara la matriz semántica de todo lo que se va a leer: Los casos particulares. Aprovecho que hay gente de filosofía entre el público para reiterar algo de nuestra conversación previa en la que atribuíamos a la filosofía su interés por lo general y universal, mientras que la poesía patentiza lo particular y en este caso hay un trabajo que va desde el relevamiento de lo más particular y cotidiano hasta llegar a la dimensión de la búsqueda de respuestas a los grandes interrogantes de la humanidad, lo que en definitiva engendró tanto la filosofía, como la religión, la ciencia y la literatura. 
S.S.: - Recordábamos que Borges decía que el arte no es platónico porque atiende a lo particular, no tanto a los principios generales, a las abstracciones, sino que va a lo concreto. Yo tengo una tendencia a eso, aunque suene un poco pedante, mi análisis es por el método inductivo, muy pocas veces aplico el método deductivo, porque en primer lugar desconozco los principios generales. Más bien me pasa el revés, tengo que ir a lo concreto, a las cosas, y de ahí voy buscando eventuales respuestas. Lo que Ud. decía recién, hay grandes preguntas que se repiten y por eso existe el arte, porque esas preguntas están condenadas a no tener respuestas, eso es parte de la condición humana puesto que vivimos en un mundo con preguntas fundamentales pero que no tienen respuesta y eso también lo sabemos; incluso hay preguntas tan absolutamente determinantes para la humanidad que se termina matando por ellas, por ejemplo hay dos afirmaciones que me parecen imposibles de probar: una “Dios existe” y la otra “Dios no existe”. Sin embargo la humanidad se ha matado por esas dos preguntas y las eventuales respuestas y ese es el destino de la humanidad, estar formulando permanentemente preguntas que no tienen respuestas y que además lo sabemos.
R.G.: - El título del poemario parte del poema que refiere a la filosofía, al tratamiento de lo universal: “La fe laica de Francis Bacon…” y de ahí da un salto impresionante de esa reflexión citada, entrecomillada aparece otra reflexión citada:
“…en la banda del río Pilcomayo, la temperatura de la charla y el
método infalible de Martín Arraya: ‘si usted ve un anima con
escamas, aletas, branquias, y sabe nadar,
aunque no sepa
qué es seguro que es pescado’.”
Es una irreverencia desde el punto de vista de la filosofía pero es lo que hace la poesía, ser irreverente, porque va de la gran reflexión del afamado filósofo Francis Bacon a la de una persona común, vulgar y silvestre -como cualquiera de nosotros que está acá- para llegar a la gran conclusión de:
“No me gusta la naturaleza mitificada: la prefiero como es,
con ejemplos para todo:
                                               mucho respeto entonces
por la cantidad continua de casos particulares.
que son todos
y nos rodean.”
Porque no en vano toma a Bacon, porque se trata de partir de la experiencia para llegar a esa afirmación de que somos el género humano y somos cada uno de nosotros.
S.S.: - Martín Araya es un gaucho que vive a la orilla del Pilcomayo a quien conozco hace mucho y le oí esa frase que me parece genial y por eso la he usado algunas veces para responder a esa pregunta que tampoco tiene respuesta, aunque ha sido contestada miles de veces y de miles de maneras “¿Qué es la poesía?”. La respuesta de Martín Araya -que es puro método inductivo- es lo único que puedo decir acerca de qué es la poesía: si usted ve un animal que tiene branquias, que tiene escama y nada, aunque no sepa qué es, de seguro es pescado. Más aún en un momento complejo, tal como lo decía Eliot: la poesía es compleja porque la sociedad en la que vivimos es compleja. Entonces una expresión tan importante como es la reflexión a través de la poesía sobre la sociedad, ya que toda poesía va o viene de ella, no puede ser sino compleja en este momento y es por eso que resulta difícil identificarla en este momento. Antes, cuando la forma estaba escandida, medida, todo parecía más claro. Soy partidario de la forma medida, me gusta el siglo de oro español y lo sigo leyendo como a mis contemporáneos, pero sé que en este momento hay una dificultad añadida para ir identificando qué está dentro del género y qué no, porque no es lo mismo el verso libre que un mal verso, son dos cosas totalmente distintas.
R.G.: - Claro, uno sería el verso libro y el otro sería un verso libertino. Hay un poema que se titula “baño en el río” y que he subtitulado “arte poética” ya que condensa una toma de posesión sobre qué es poesía:
“Moverse con suavidad de sábalo para no golpearse en las piedras,
evitar la exageración como si estuvieras escribiendo un poema: que
no retumbe, que no sea enfático
para que las cosas se vuelvan auténticas.”
Se trata de buscar moverse como un pez en el agua con el lenguaje para conseguir la fluidez de un lenguaje auténtico que patentice las cosas y las vuelva auténticas.
S.S.: - Eso también es una opinión sobre el lenguaje poético porque de las muchas maneras de escribir poesía a mí no me gusta que esté sobrecargada poesía, lo que tal vez se note desde el mismo título “Los casos particulares”, un título seco; tengo un libro anterior que se llamaba La palabra y, siempre me preguntaban por qué ese título y tenía que ponerme a dar explicaciones. Lo que digo ahí es que la poesía me gusta así, con escasa retórica, que no retumbe con un énfasis en las palabras. En definitiva las palabras son las mismas pero hay un énfasis por detrás, su forma de usarla, altisonantes o tras escalones más abajo. Tiendo a bajarlas de escalones porque me da la impresión en que de ese modo entran con más eficacia y como lector me gusta que las palabras entren a la realidad a ras de tierra, que no tengan un vuelo sobrelevantado, que no retumben demasiado, lo que en general me indica que ya las he leído, hay una retórica que se repite, delatan una huella previa; que aunque inevitable me gustaría escribir como Quevedo -para hablar de huellas previas- pero sabemos que no podemos, tenemos la obligación de no hacerlo, tenemos que buscar un atajo, tal vez hasta inesperado. No sé tampoco si tengo razón, profesor.
R.G.: - A propósito de la razón leía “dificultades de la convivencia” que comienza diciendo:
“No es necesario que estemos de acuerdo…” y eso va para todo el auditorio porque está dando su opinión ya que nos parece paradójico que trate de hacer una poesía sin retórica, buscar no repetir lo que dijeron otros y recordaba un ensayo suyo con un título que me parece genial El oficio de lector.
S.S.: - Es lo mejor que tiene el libro.
R.G.: -No crea, puedo opinar otra cosa, recuerde que no es necesario que estemos de acuerdo. En ese libro hay algo que lo define, que ha decidido asumir un oficio de lector ya que si puede escribir estos cincuenta y un poemas es que en el fondo hay una gran cantidad y profundidad de lecturas que voy notando a medida que recorro su libro. Hay una diversidad de lecturas no sólo de libros porque va desde la cita erudita a la de un gaucho a orillas del río, de las frases célebres a las frases cotidianas y las noticias ¿Alguien recuerda en este momento el bosón de Higgs? Y veo entre el público seños fruncidos que traslucen la pregunta de ¿qué es eso? Bueno, se trata de la conocida vulgarmente como “la partícula de Dios” que fue noticia cuando los científicos se ufanaban en decir “ya llegamos al momento de la creación”, pero resulta que se quedaron diez minutos antes.
S.S.: - Diez minutos que da lo mismo que sean cinco o cuatro mil horas porque seguimos sin saber cuál es el origen de la creación. Creo absolutamente que detrás de todo lo que estoy diciendo hay un montón de lecturas. No es que me crea totalmente original, cuando digo que trato de escribir cosas inesperadas es una búsqueda sobre un montón de lecturas que uno tiene por cuestiones de edad. A mis años es imposible no haber leído mucho, me pasé la vida leyendo y creo que esa base de lecturas es funcional a la búsqueda de una especie de novedosidad que uno pueda traer, no porque tenga obsesión por ser novedoso.  No soy vanguardista, ya pasó la época de la vanguardia, la ruptura ya está hecha y rehecha, no podemos seguir jugando a los rompedores y ya también se ha intentado la recomposición. Los ismos han confundido mucho, por ejemplo el futurismo con Marinetti que vino a Buenos Aires y se encontró con la horma de su zapato. Era un hombre que quería romper todo, decía que un coche bramando era más bello que “La Batalla de Samotracia” que está en el Louvre, una estupidez. Ahí estaba un poeta peruano llamado Alberto Hidalgo que después de la conferencia sobre futurismo le dijo que para ser consecuente no tendría que mostrarle los poemas que había escrito sino los que va a escribir. Hay una consecuencia de todo ese ismo que es un precio a pagar. Creo que la ruptura se ha hecho pero creo en toda la construcción más que en la ruptura.
R.G.: - Eso me hizo acordar al poema el recuento que comienza así:
“Estar sentado en esta piedra tiene algo de recuento: aquí estuve de
niño,
luego de muchacho y aquí los años
se juntan de golpe si canta un chalchalero
o al viento azora las hojas del nogal.

No puedo jactarme de que el río y yo hayamos envejecido a la par:
él tiene otra vejez, no sé si más histórica
o tal vez lo contrario, precisamente sin historia: puro presente que
                se va y sigue yéndose: no como desperdicio sino
parte de un paisaje que nos abarca a todos: este río que pasa y pasa,
y yo vuelvo a él
por lo que tiene de circular una vida ya larga.
                                                                                              Me gusta
que siga por aquí: hay ríos de mi infancia que han desaparecido:
este río
podría ya no estar
y hubiera sido un desencuentro cuando
un desencuentro ya puede ser para siempre.

No hemos envejecido juntos, ni de la misma manera,
pero hay un recuento que nos obliga a los dos: por eso estoy de
                nuevo aquí.”
Me gustó mucho por la recuperación que hace del tópico de la vida como río y en especial el cierre “…por eso estoy de nuevo aquí”, como una definición en un aquí tan particular.
S.S.: - Ese poema tiene que ver con la recuperación que hago de Leser, el lugar al que voy cada vez que vuelvo a Salta. El río Castellanos es el que no está nombrado aunque podría ser cualquier río porque en definitiva es simbólico pero me ha tocado irme y volver, por eso digo “recuento”. Asé me salió, no es que la vida sea eso. En este poema estoy hablando de mi vida, que la he vivido aquí, así como me ha tocado irme por largo tiempo, llevo treinta años o más fuera de Salta, pero no me he desarraigado, hubo algo circular realmente en mi vida. Para mí ha sido una suerte porque creo que en los trastierros uno puede perder tierra pero lo mejor es ganarlas a todas y eso es en todo caso lo que me ha pasado. No he perdido la tierra de la que he venido y a la vez he ganado las tierras en las que he vivido, por ejemplo he vivido en Madrid veinte años y ahora estoy en Buenos Aires y vuelvo aquí. De modo que hay algo de circularidad en mi vida que está contada en ese poema. No tiene que ver con el tiempo histórico sino conmigo, el aquí permanente que uno es. Digo que entre tanto ir y volver he llegado a la conclusión de que mi lugar soy yo, por eso del lugar donde estoy no me puedo ir, al menos por ahora, cuando me vaya ya va a ser en serio.
R.G.: - También conversábamos en el café previo sobre esta cercanía que tuvo con los poetas de la generación anterior entre quienes estaba Manuel J. Castilla y cuando leía sus poemas anotaba “esto me hace acordar a tal o cuál poema de Castilla”, en especial el sueño:
“El sueño empieza en una casa de Salta, y sigo hasta llegar a la casa
                itinerante que soy yo
donde vivo como un verbo cualquiera que se hizo carne.”
Y nos hizo acordar a La casa donde soy de Manuel J. Castilla.
S.S.: - Sí, el tema de la casa es el tema del hogar, es como el hueco original. El soneto de Manuel es una maravilla absoluta, es uno de los grandes poemas de la lengua española. Es la casa perdida y en mi caso también. Ese sueño que cuento en el poema es un sueño que he recuperado así y se refiere a la casa donde he nacido, en la calle Deán Funes Nº 26. Soñé que recorría la casa larga, de varios patios y al llegar al final oía la voz de mi madre, pero no la veía que me día con cierto fastidio y hasta con cierta obviedad: “hijo, hay que aceptar que las cosas se acaban”. Y es la verdad, se acababa la casa. Cuando desperté tomé nota porque el poema ya estaba terminado, sólo tenía que corregir algún adjetivo. El tema de la casa creo que lo tenemos todos, como hogar, como hueco, como tribu, en fin como una metáfora que condensa muchas cosas.
R.G.: - Realmente la casa donde soy es toda una construcción de identidad, soy yo y mi lugar y ese lugar inmediato es la casa, el hogar.
S.S.: - Usted se acordaba, recién en el café, de Ulises que se pasó toda su vida tratando de volver a su casa y es que quería volver pero no tanto porque tardaba un montón de años. Entonces se trata de un quiero volver pero no ya y eso también en una manera de volver a la casa. Ulises volvió pero se tomó su tiempo.
R.G.: - Claro, la casa nos identifica, nos acoge y nos protege, pero si no salimos a hacer el viaje, no vivimos.
S.S.: - Sí, de todas maneras el gran viaje es la propia vida. Usted puede pasarse como Kafka viviendo toda su vida en Praga y mire el viajón que hizo. Todo depende de como encare la vida, lo demás son adornos, uno puede ser París –lindo adorno- o Madrid o Buenos Aires, en fin, uno puede ir a lugares pero el gran viaje, el gran aprendizaje donde uno va descartando cosas, tomado experiencias para llegar como pueda al final, ese gran viaje es la vida.
R.G.: - ¡Suerte que contamos con las palabras y sólo nos queda por corregir algunos adjetivos!
Hay poemas que le dedica a este enfrentamiento constante entre el escritor y las palabras, el primero de la serie se llama Palabras y comienza diciendo
“Hay palabras que no me gustas: feas de sol a sol
y usadas sin remedio; pero no me ensaño, ninguna tiene la culpa:
                las quiero igual, mal vestidas, peladas, rapadas en la nuca:
sencillamente las desplazo, sigo sin ellas si tienen
la mirada suelta o retumban con sentido erróneo
y capto mi esperanza en otro parte: en las que se puede confiar:
las que ayudan
por si estamos solos.”
S.S.: - Y bueno, estamos solos. Pesoa decía que el arte es una prueba de que algo nos falta. Fuimos expulsados simbólicamente de algún paraíso, al menos creemos que esto es así, y vivimos con la sensación de que hay un pedazo nuestro que nos falta permanentemente y por eso escribimos para ver si lo hayamos. Es como la pregunta que no tiene respuesta. Sabemos que a ese pedazo no lo vamos a encontrar pero irremediablemente tenemos que buscarlo. Esa búsqueda es el arte, el pensamiento, la filosofía y todo este trabajo. Son viejas frases, no estoy descubriendo nada. Todo esto existe por la muerte, Borges escribió ese cuento “El inmortal”, en el que el personaje que no necesita moverse y por eso no hace absolutamente nada, hasta un pájaro le termina anidando en la barriga o en el pecho. Es un hombre que no tiene hambre, no tiene necesidades, es inmortal. Lo peor que nos podría pasar es ser inmortales ya que la muerte da un enorme sentido a la vida para vivirla de modo intenso, en la búsqueda de ese pedazo que no tenemos, de esa amputación. Es como el dolor del amputado que está pero con un miembro ausente.
R.G.: - Claro, falta algo pero duele ahí, por la falta. Hay un trabajo ineludible del arte de escribir buscando las palabras. En ejemplos:
“La palabra promontorio: hay palabra que tienen la forma de lo que
ofrecen: la misma resonancia, incluso su secreto.
La palabra promontorio tiene altura: permite ver
a lo lejos … (salteo un poco)
La palabra refucilo:
la naturaleza se incendia de punta a punta, un brochazo de trazo
                amplio,
y bruscamente se apaga:
                                               la palabra
es la forma
aún sabiendo que todo gran gesto suele estar por debajo de sus
                intenciones …”
y termina con un verso enigmático:
“Ejemplos sobran, pero hay algunos que me irritan:
no sé que hacer con la palabra acápite.”
S.S.: - Yo no sé por qué la odio. Es una palabra que me suena mal, no sé si es esdrújula o tiene ahí algo que no sé que ofrece. Es una palabra engañosa, en cambio “promontorio” sí ofrece algo, el “refucilo” bueno, pero “acápite” no es la única, hay otras palabras que también me parecen enigmáticas. Me confieso urgador de las palabras pues si hay algo que me divierte y que me brinda ratos entretenidos es el tiempo que dedico a los diccionarios, en especial los etimológicos, el del indoeuropeo que brinda un juego paradojal. De dónde vienen las palabras y por qué. Por ejemplo en el diccionario etimológico del indoeuropeo que manejo, me interesé, por una cuestión de oficio, por el origen de la palabra “lector”. Encontré una remotísima sílaba “leg”, que nos remontan a la caverna, y significa “acarrear”. Derivaría en leer como acarrear conocimiento, pero de la misma raíz deriva “reloj” que es acarrear tiempo. Además viene “sortilegio” que de algún modo también acarrea, por eso es una palabra desconfiable. Por todo eso me parece que el juego de la palabra me parece importantísimo y realmente me divierte.
R.G.: - Por eso es que considera que si hay un strep tease auténtico es el de la poesía porque desnuda el alma.
S.S.: - Involuntariamente.
R.G.: - Contrariamente a un streaper que voluntariamente se desnuda, acá a través de su poesía lo estamos desnudando en el alma –aclaramos- ya que nos está mostrando su arte desde adentro. Nos está dando una clase de cómo hacer poesía, a través de la revisión de la etimología, escarbar en las palabras, llevarlas hasta la caverna y traerlas de vuelta. Los casos particulares parte de cosas muy cotidianas, como por ejemplo el escarabajo que comienza no con el insecto sino con la palabra que lo nombra:
“La palabra escarabajo, como cualquier palabra, esconde un dilema.
No sólo la palabra sino
el propio escarabajo…”
Comienza por la palabra y de ahí va hacia el bicho y en ese poema leo el mito de Sísifo y a la vez como una expresión de la finalidad de la poesía porque:
“no hay fracaso ni desperdicio:
la palabra escarabajo, como el propio escarabajo,
responde por la totalidad: de ahí
que enhebremos palabra en representación de lo que sucede
hasta hacer un acontecimiento
de lo imperceptible.”
S.S.: - Ahí también hay una poética. También debo decir que a mí me gusta travesear con las palabras, pero no es la única manera de escribir poesía. Hay quienes lo hacen de otra manera. Sí puedo decir que no me gusta que se confunda poesía con catarsis. Usted hablaba de strep tease. La catarsis me parece que es sólo contar qué me pasa todo el tiempo o llorar porque algo me duele o reírme por lo que me causó gracia. La catarsis es algo que hay que resolver por otro lado, vaya y cuente a otros sus problemas, en todo caso sí me interesa cuál es su opinión sobre las cosas, aunque sea falible pero me parece un aporte al mundo, aún más que el hecho de que las palabras me desnuden. Son tendencias.
R.G.: - Para volver a parafrasear su poema “no tenemos por qué estar de acuerdo”. Hay formas y formas de hacer poesía y nosotros asistimos tanto a su poesía como a su forma de hacerlo y en este libro en particular, dedicado a Los casos particulares, así como pasa por el escarabajo pasa por el perro en autorretrato con perro cuyos versos finales me impactaron muchísimo:
“este perro alternativamente manso y feroz
compenetrado con este hombre alternativamente feroz
y manso:

para que ladre un perro, para que esta noche haya silencio en
cualquier idioma.”
S.S.: - Creo que si hay silencio tiene que ser en todos los idiomas. No puede callarme sólo en castellano, me callo en todos los idiomas, inclusive como diría Borges, desde mi inocencia del hebreo. No tengo ningún conocimiento de otro idioma pero el silencio del mundo se dice en todos los idiomas y también es necesario oír ese silencio porque es más impresionante. En fin es un autorretrato. Me alegro que haya leído mi libro, lo felicito como lector y le agradezco muchísimo. Lo que no sé es que aquí me han dicho que iban a convidar un vino y creo que ya es hora de poner un plazo de tres minutos para que vamos a brindar, ¿les parece?
R.G.: - Yo leí los cincuenta y un poemas y el autor dice que los leí bien, en todo caso si quiere leer alguno por el que tenga un particular aprecio, dedicándoselo a su público.
S.S.: - Suerte que tengo un público, porque si hay tarea solitaria es la de escribir y no estoy haciendo una broma. Leo dos poemas y vamos a que nos conviden un vino en la Biblioteca Provincial.
Lectura de Peripecia del cuerpo y La lección del pato.
S.S.: - Muchas gracias.
R.G.: - Gracias por compartir esta conversación y gracias por invitarme a conversar. Ahora los invitamos a brindar para celebrar la poesía.


 El diálogo sobre LOS CASOS PARTICULARES fue publicado en la revista CLAVES, noviembre de 2014, salta, Año XXIII Nº 235- Director: Pedro González.
Las fotos son una gentileza de Eduardo Robino (a la derecha de Santiago Sylvester)

jueves, 6 de noviembre de 2014

Un salteño ingresa como miembro de número

Incorporaciones recientes en la Academia Argentina de Letras 



​PARTE DE PRENSA


La Academia Argentina de Letras acaba de incorporar como miembros de número al poeta salteño Santiago Sylvester y al poeta platense Rafael Felipe Oteriño, quienes ocuparán respectivamente los sillones Olegario V. Andrade y Carlos Guido y Spano.
Se acompaña al pie curriculum de ambos.
Buenos Aires, 26 de Octubre de 2014


Santiago Sylvester nació en Salta en 1942, estudió derecho en Buenos Aires donde recibió el título de abogado, residió veinte años en Madrid y actualmente vive en Buenos Aires. Es autor de catorce libros de poesía (el último, Los casos particulares, 2014), un libro de cuentos y dos de ensayos, publicados en Argentina y España. Recibió los Premios de la Provincia de Salta, del Fondo Nacional de las Artes, el Sixto Pondal Ríos, el 3er. Premio Nacional de Poesía, el Premio Internacional Jorge Luis Borges y el 1er. premio de la Ciudad de Buenos Aires. En España, el Premio Ignacio Aldecoa y el Jaime Gil de Biedma. Es autor de las antologías Poesía del Noroeste Argentino-Siglo XX, y Poesía Joven del Noroeste Argentino, y de ediciones de obras de Manuel J. Castilla, Néstor Groppa, Juana Manuela Gorriti y Federico Gauffin. Dirige la colección Pez Náufrago, de poesía, y codirige la colección Época, de ensayos. En la  Academia Argentina de Letras tendrá el sillón que fue ocupado la primera vez por el salteño Juan Carlos Dávalos.


                                                             
​     


Rafael Felipe Oteriño nació en La Plata en 1945, estudió derecho en su ciudad natal, y reside en Mar del Plata, donde se desempeñó como Juez, y luego como Juez de Cámara. Ha publicado doce libros de poesía, el último se titula Viento extranjero, de 2014. Su obra se encuentra reunida en Antología poética En la mesa desnuda.Recibió los siguientes premios: Primer Premio Regional de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación (1985/88), Konex de Poesía (1989/93), Consagración de la Legislatura bonaerense (1996), Premio Nacional Esteban Echeverría (2007), Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía (2009) y Rosa de Cobre de la Biblioteca Nacional (2014). Ejerce la docencia universitaria y la crítica literaria. Codirige la colección Época de ensayos sobre poesía.
Como miembro de número de la Academia Argentina de Letras, ocupa el sillón Carlos Guido y Spano. 
               
                                                   

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Juan L. Ortiz según Victoria Robador

Juan Laurentino Ortiz

“Para que los hombres”
Para que los hombres no tengan vergüenza
de la belleza de las flores,
para que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles
o profundas de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por penetrar el mundo,
con el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro pensamiento
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, si, todas las flores
y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre: iremos todos hasta nuestro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una cimiente en la noche de la tierra.

El poeta entrerriano nace en 1896 y vive y crece rodeado de una abundante naturaleza, que luego inundará sus versos. Toda su poesía está marcada por los paisajes de la selva en la cual pasó gran parte de su infancia.
                Juanele estudió filosofía y participó de la bohemia porteña así como de movimientos políticos en su provincia natal, mientras escribía versos influidos por la estética simbolista y la poesía oriental. Su escritura poética se caracteriza por presentar cierta tensión entre el paisaje monótono, de contemplación y los conflictos sociales, por los que mostró una especial sensibilidad, inclinándose por los niños que sufren la pobreza y las injusticias.   
                En este sentido, el poeta siempre tuvo la conciencia de que su escritura debía atender a los aspectos sociales y de que la literatura, la poesía fundamentalmente, son medios poderosos para expresar las dolorosas percepciones del afuera: “No olvidéis que la poesía (…) es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin”
En el poema “Para que los hombres”, se percibe un tono de frescura, de vitalidad junto a cierta delicadeza natural.
El yo lírico comunica en forma de leve arenga una acción futura y plural, un hacer conjunto, colectivo, que implica “perderse en la hora del don, en la noche de la tierra”, ir hacia el extremo límite y en ese gesto de solidaridad quedará expresada la nobleza del hombre como ser viviente, tal como lo hace una flor al abrirse y mostrar su plenitud. En este movimiento hermanado, avanzan sonrientes y cada sonrisa singular se fusiona en una sonrisa anónima, que no ignora el dolor del mundo, pero lo siente como una fuerza que los atraviesa.
Ahora bien esta acción tiene un fin concreto: que seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada; y así se revela esa veta humanista y política del poeta, que intenta una sentida sensibilidad hacia la otredad.
Por otro lado, el yo lirico exalta con delicadeza y seguridad la necesidad de un cambio en la relación con la naturaleza, en el ritmo y el modo de vincularse con la tierra, una vuelta a la unidad del hombre con la naturaleza, de manera que los hombres no tengan vergüenza de la belleza de las flores y entonces podamos tocar y mirar sin pudor todas las flores.
Finalmente puede leerse también una crítica al devastador y devorador avance capitalista y su lógica de lo instantáneo y lo efímero; Ortiz entiende un uso distinto de los objetos según el cual las cosas no sean mercancías, sino que sean ellas mismas concebidas e integradas desde una sensibilidad como: formas sensibles de la unidad o bien, considerando el trabajo del hombre sobre el mundo como: espejos de nuestro esfuerzo por penetrar el mundo. En esto último vemos también una postura política asumida por el poeta, que atiende a la relación del hombre con su entorno natural y comprende a la naturaleza como un imperativo ético para la creación (estética) poética.


“Tarde”
El mundo es un pensamiento
Realizado de la luz.
Un pensamiento dichoso.
De la beatitud. El mundo
Ha brotado. Ha salido
Del éxtasis, de la dicha,
Llenos de si, esta tarde,
Infinita, infinita,
Con árboles y con pájaros
De infancia ¿De qué infancia?
¿De qué sueño de infancia?

En este segundo poema el yo lírico se expresa inicialmente en tono aseverativo y se encamina hacia un cierre interrogativo, característico del estilo de Ortiz.
El poema nace de una actitud contemplativa en la reflexión en torno del acaecer vespertino, la tarde. El poeta canta el goce, la dicha del mundo, concebido éste como pensamiento realizado de la luz… de la beatitud.
Y como bien se señaló en uno de los programas de la cátedra, se observa aquí que su poesía no se limita a describir el paisaje, sino que éste se constituye en punto de partida para transformar en poesía lo que ya ha penetrado en su alma.
Entonces, el mundo que ha surgido, ha brotado a raíz de la meditación y del entre ser en el paisaje, es- en palabras de Juan Jose Saer- “enigma y belleza, pretexto para preguntas y no para exclamaciones, lamento del cosmos por el que la palabra avanza sutil y delicada, adivinando en cada rastro o vestigio aúnen lo más diminuto la magia misteriosa de la materia”
Así, en esta tarde infinita, infinita, el poema realiza una proyección universal y atemporal, una tarde de dicha, éxtasis, plena, brillante¸ de árboles y pájaros de infancia. De una infancia no individualizada, no personalizada, sino de un tiempo humano, común a todos los seres y es por eso que allí se abre la pregunta ¿De qué infancia?
La interpelación al lector, lo mueve también al recuerdo dela suya propia, de aquel tiempo de niñez, de pureza e inocencia… Y entonces ¿de qué infancia? La de todos, podríamos responder.
Como también lo enseña Ortiz en una entrevista: “… Apenas si somos agentes de una voluntad de expresión  y ritmo que está en la vida, en la vida de todos, en la vida del mundo y de las cosas”
                Acá podemos ver la amplitud del poeta que también expresa en el poema, liberándose de las restricciones geográficas e incluso temporales.

                Finalmente el último verso interrogativo ¿De qué sueño de infancia? Conlleva la reflexión sobre cómo pensamos el mundo cuando lo contemplamos con ojos del alma, y entonces ese pensamiento nos crea un mundo semejante al que soñamos cuando niños: un mundo claro, dichoso, melodioso, fresco, nuevo…  Se refleja allí también la actitud mística del autor, la mirada que pasa por la relación entre el afuera y el adentro, en ese salirse hacia afuera de sí y desde se construye el sentido del poema.

Victoria Robador

lunes, 20 de octubre de 2014

Borges y el escritor argentino

La problemática del canon en la constitución de la literatura argentina es un estudio recurrente dentro del ámbito de las letras. Desde el reconocimiento del Martín Fierro  por parte de Lugones hasta nuestros días, el canon está rodeado de  varias controversias. Borges en su ensayo “El escritor argentino y la tradición”, plantea ciertas cuestiones que atienden al escritor argentino sumergido en un “deber ser nacional” y la tradición.
 Comienza hablando sobre el Martin Fierro, del cual no discute su canonicidad, y establece en cierta forma las diferencias entre la poesía gauchesca y la poesía de los payadores. Dentro del primer tipo de poesía mencionada, encontramos nombres tales como Ascasubi, Hidalgo, Estanislao del Campo y, por supuesto, José Hernández. Creo que para Borges las diferencias radican tanto en el léxico como en los temas que se tratan en ambos casos, es decir que hay una diferencia en el propósito de los poetas. “Los poetas populares del campo y del suburbio versifican temas generales: las penas del amor y de la ausencia, el dolor del amor y lo hacen en un léxico muy general también; en cambio, los poetas gauchescos cultivan un lenguaje deliberadamente popular, que los poetas populares no ensayan. No quiero decir que el idioma de los poetas populares sea un español correcto, quiero decir que si hay incorrecciones son obra de la ignorancia. En cambio, en los poetas gauchescos hay una busca de las palabras nativas, una profusión de color local. La prueba es ésta: un colombiano, un mejicano o un español pueden comprender inmediatamente las poesías de los payadores, de los gauchos; y en cambio necesitan un glosario para comprender, siquiera aproximadamente. A Estanislao del Campo o Ascasubi.” (Borges, 1974: 268).
Otra caso que resalta en este ensayo es la comparación del Martin Fierro con La urna  de Enrique Banchs. En esta oportunidad se plantea cual de los dos poemas es mas argentino. En primera instancia el poema de Hernández pareciera ser el que más cumple con el deber ser nacional. Esto por la constante aparición de los paisajes argentinos, el léxico, etc. Pero Borges causa sorpresa al indicar que no sólo se es argentino cuando se describen paisajes o se usan ciertos vocablos, propios de una identidad nacional, sino también cuando la escritura está atravesada  por temáticas universales, como el amor, el gran dolor del abandono, etc. Es decir que el escritor argentino no debe limitarse solo a su tierra sino a encontrarse en el mundo, en el universo. No se es menos argentino por no decir “aquí me pongo a cantar al compas de la vigüela”. Borges cuenta una anécdota bastante particular referida a uno de sus cuentos: La muerte y la brújula, una suerte de pesadilla detectivesca en que figuran elementos de Buenos Aires deformados por el horror de la pesadilla: aparecen allí el Paseo Colon, las quintas de Adrogué, etc. Los amigos del escritor alabaron este cuento diciéndole que por fin habían encontrado en su escritura un color local, a lo que él responde que no había sido esa su intención. Para Borges, cuando el escritor se despoja de la presión de escribir con un color local determinado, con un nacionalismo exacerbado, recién tiene una libertad mental para escribir lo que antes no podía.
Por último, él se preocupa  por un tema polémico: la tradición argentina. Respondiendo esta cuestión como central, Borges aduce que nuestra tradición es toda la cultura occidental, inclusive va mas allá diciendo que “tenemos derecho a esta tradición, mayor que el pueden tener los habitantes de una u otra nación occidental”. Es decir, Borges no pretende que olvidemos de dónde venimos, sino que logremos despojarnos como escritores, lectores de los prejuicios y abandonarnos a ese sueño voluntario que se llama la creación artística.

 José Manuel Díaz Watson

viernes, 8 de agosto de 2014

Para conocer de la literatura a través de un autor

Recomendamos visitar el siguiente link para escuchar una entrevista muy buena sobre la literatura por regiones: http://www.taringa.net/posts/arte/8966030/Santiago-Sylvester-poeta-argentino-contemporaneo-grosso.html