jueves, 18 de julio de 2024

La literatura en tiempos de la Independencia Americana

La literatura en tiempos de la Independencia Americana SADE Museo Histórico del Norte, 10 de julio de 2024 Rafael Gutiérrez Agradecimientos: La Sociedad Argentina de Escritores Filial Salta con el auspicio de la Facultad de Humanidades de la U.N.Sa., el COFFAR y del Museo Histórico del Norte agradecen su presencia en esta conferencia a propósito de una nueva celebración de la Independencia Argentina. Introducción Cada 9 de julio en la República Argentina celebramos la Declaración de la Independencia como una valiosa fecha en nuestra historia, que no deja sin confusión a las nuevas generaciones que se encuentran con dos fechas en las que se festeja el nacimiento de la Patria, y mucho peor si se enteran -porque difícilmente se enseña en las escuelas- que le proceso finalizó el 09 de diciembre de 1824 con la Batalla de Ayacucho, momento en que España decidió dar por finalizada su enfrentamiento contra la insurrección de sus posesiones americanas. Sucede que el proceso independentista en la Virreinato del Río de la Plata se inició con un levantamiento el 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca que pronto fue sofocado y varios de sus participantes fueron detenidos o pasaron a la clandestinidad, mientras que en la actual República Argentina dio comienzo un año después en Buenos Aires, que depuso al gobierno virreinal para reemplazarlo por una junta provisional: dando inicio a una causa que se extendió por más de una década hasta concluir con la conformación de un nuevo Estado. En ese lapso se produjeron varios intentos de dar una clara definición a ese movimiento, hasta que el Congreso de Tucumán declaró la Independencia de las “Provincias Unidas del Río de la Plata”. Pero eso es motivo de una conferencia para los historiadores, lo que a nosotros nos interesa es la literatura que se escribió en aquellos convulsionados momentos, pues toda esa actividad política y bélica tuvo una rápida repercusión en la producción escrita de circulación pública a través de la proliferación de publicaciones periódicas y de cantos populares de transmisión oral que, en su mayoría, luego fueron reunidos en La lira argentina, constituyendo un texto fundacional de la literatura argentina, pues en ese periodo se concebía a la literatura fundamentalmente como poesía. Simultáneamente se desarrollaba una intensa producción escrita en forma de apologías de los protagonistas del movimiento, tales como memorias y autobiografías; registros personales como diarios, partes y cartas en los que los historiadores posteriores encontraron valioso material para reconstruir la época, pero muy entrado en siglo XX, los márgenes de la literatura se ampliaron para dar cabida a esta producción bajo la denominación de “literaturas del yo”. Para los historiadores de la literatura -como sucede con los historiadores de otras áreas- se encuentran con el dilema de establecer cuál es momento fundacional desde el cuál se puede comenzar a hablar de “Literatura argentina”. En busca de una respuesta a esa cuestión hay quienes abogan por iniciar esa historia con la década de 1830, pues para ese momento ya tenemos un país con sus símbolos, un sistema de gobierno, reconocimiento internacional y, fundamentalmente, una estética independiente de España. Sin embargo, hay un pasado en el que hubo una producción escrita desde o sobre el territorio que ahora llamamos República Argentina y en cuyas líneas encontramos muchas definiciones del país que se conformaría y de su cultura, incluso el nombre que asumirá, por lo que se vuelve insoslayable aludir a ese cúmulo de escritos denominados en su conjunto como “letras coloniales”, en la que han abrevado fundamentalmente los historiadores. El problema de las exclusiones se acentúa si prestamos atención a que en las tres primeras décadas del siglo XIX, que preceden al romanticismo, hubo una producción escrita bajo la concepción que se tenía de literatura en aquellos tiempos, continuando una tradición que se remontaba al menos un siglo antes. Debemos tener en cuenta que el Virreinato del Río de la Plata era muy joven dentro del trazado político español, pues fue creado por Carlos III el 08 de octubre de 1773, ubicando su capital en Buenos Aires, un puerto poco practicable con un precario fuerte que, junto a su ciudad gemela, Montevideo, en la Banda Oriental del Uruguay, custodiaba el ingreso a la cuenca del Plata. Por lo tanto, la ciudad de Buenos Aires, con el título de capital de virreinato, distaba mucho de sus pares en Perú o México, cuya riqueza les permitía una producción artística y cultural notable en el contexto mundial. Por ello no debe extrañarnos que México haya legado a la literatura universal a una escritora como Sor Juana Inés de la Cruz, cuya obra escrita en América se haya publicado en España y forme parte de la poesía barroca española. Sucede que mientras las poblaciones estuvieron más alejadas de las capitales, la circulación de bienes se reducía, entre ellos los culturales, por lo que también su producción local se volvía muy limitada en cantidad y calidad. El Perú contaba con las riquezas resultantes de las explotaciones mineras del Alto Perú, en especial del Cerro Rico del Potosí, con su Casa de la Moneda; dando vida a toda una zona de influencia, cuya economía se beneficiaba del comercio con metales preciosos en un espacio carente de producción agrícola y ganadera. Por eso, la Gobernación del Tucumán se vio favorecida porque proveía al Potosí de los abundantes bienes que requería, en especial de las mulas para el trabajo de carga en altura. De allí que Salta tuviera acceso a ciertos lujos y bienes culturales como la alfabetización imprescindible para el ejercicio del comercio, tanto entre hombres como mujeres. Resultante de ese movimiento económico es que el Virreinato del Perú pudo contar con la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, fundada el 27 de marzo de 1624; en la que estudiaron muchos de los que después serían los artífices de la independencia americana. Un poco anterior, pero también fruto de la tarea educativa de los jesuitas, es la Universidad de Córdoba, fundada el 19 de junio de 1613, en medio de la que por aquel entonces era la Gobernación del Río de la Plata. Las universidades implican bibliotecas, aún de libros prohibidos por las autoridades seculares y eclesiásticas y producciones escritas de diversa índole. Por ello no debe extrañarnos que el primer poeta de estas crueles provincias sea un cordobés, Luis José de Tejeda y Guzmán (1604-1680), con su largo poema El peregrino en Babilonia. También los claustros conventuales fueron lugares de creación literaria, ya que escribían poemas de carácter religioso, homilías y pequeñas piezas teatrales con fines evangelizadores. Recordemos que hasta avanzado el siglo XIX, la lectura y la escritura era un privilegio de pocos, por lo que también había una gran producción oral versificada, resultante de la recreación de obras traídas del mismo modo por los exploradores y conquistadores y que fueron pasando de generación en generación, aún hasta nuestros días y que fueron documentadas por folklorólogos como Augusto Raúl Cortazar o Juan Alfonso Carrizo. Así es que llegamos a las fisuras del vasto dominio español que, en siglo XVIII se vio amenazado en el Río de la Plata por los portugueses, por lo que ya la poesía registró esos acontecimientos, pero eso es motivo de otra conferencia. Sólo adelantaremos que el canónigo santafecino Juan Baltasar Maciel (1727-1788) fue maestro de la generación de los próceres de la revolución y su poesía celebró los triunfos del Virrey Pedro Ceballos contra los portugueses. Este resumen es para mostrar que al llegar al siglo XIX nos encontramos con una práctica oral y escrita de poetizar los acontecimientos; pero que, en las primeras décadas de esa centuria, habrá un matiz particular que irá definiendo las características de una nueva literatura, de allí que varios historiadores ubican el nacimiento de nuestra expresión poética en aquellos años. Durante los primeros años del siglo XIX la actividad cultural era aún incipiente en el Virreinato del Río de la Plata, según lo testimonian las memorias de Mariquita Sánchez de Thompson: Había un pobre teatro, el techo era de paja, unos pobres cómicos y una triste orquesta, y los predicadores gritaban siempre contra él. Un cuete volador cayó sobre el techo y se quemó. Había una plaza de toros en la Plaza de Monserrat, éstas eran las diversiones; en la Plaza del Retiro había unos escaños y unos naranjos. Los domingos iban las gentes a tomar el sol, y una hilera de coches venía por la calle del Perú muy despacio, porque los coches andaban así por la ciudad, tirados por mulas y montados los cocheros; el primer coche de pescante y con caballos fue de Mariquita Thompson, quien lo tuvo como la primera chimenea en su sala. (Mizraje, M. G.; 2013: p.125) Por lo que sabemos, entre otros documentos, que había puestas en escenas de piezas teatrales de diversa índole, de las que nos ha quedado como testimonio de la producción local un entremés anónimo del siglo XVIII, El amor de la estanciera, en el que los protagonistas son gauchos que dialogan en estilo campestre con un portugués que lo hace en un portuñol, similar a lo que mucho después será el paródico cocoliche. En las casas de las familias más acomodadas de la ciudad, era costumbre realizar reuniones sociales en las que se alternaban los recitados poéticos con interpretaciones musicales, son las famosas tertulias que permitían distracciones y la difusión de novedades para romper el tedio de una zona tan periférica en las dilatadas extensiones del reino español. Mientras los señores de la casa se deleitaban con la música compuesta en partituras y ejecutadas por las mujeres de la casa o por músicos más o menos profesionales, recitaban poesías de autor y bailaban danzas de salón; en las cocinas y los establos los peones, sirvientes y esclavos hacían lo propio al ritmo de guitarras, instrumentos de percusión y toscos violines en los que interpretaban música compuesta de oído y recitados improvisados en base a modelos propios de la dinámica de la oralidad. La interacción entre estos dos modos de cultura se produjo a partir de acontecimientos extraordinarios que rompieron la rutina de la vida virreinal: las guerras. La primera fue la inesperada irrupción de tropas inglesas dispuestas a tomar el control del Río de la Plata para anexar el territorio al imperio británico. Nuestra historia las registra como las “Invasiones inglesas” y se convirtieron un antecedente del movimiento independentista, porque la incapacidad de las escasas tropas virreinales y las decisiones del Virrey fueron evaluadas como una insolvencia del gobierno Real de hacerse cargo de estas regiones, mientas que los criollos, mestizos e incluso esclavos mostraron una sorprendente capacidad de respuesta y autogestión para repeler a un enemigo tan temible. Nuevamente acudiremos a las memorias de Mariquita Sánchez de Thompson que atestiguan el momento: Las milicias de Buenos Aires, es preciso confesar que nuestra gente del campo no es linda, es fuerte y robusta pero negra. Las cabezas como un redondel, sucios; unos con chaqueta, otros sin ella; unos sombreritos chiquitos encima de un pañuelo atado a la cabeza. Cada uno de un color, unos amarillos, otros punzó; todos rotos, en cabellos sucios, mal cuidados; todo lo más miserable y más feo. Las armas sucias, imposible dar ahora una idea de estas tropas. Al verlas aquel día tremendo, dije a una persona de mi intimidad: si no se asustan los ingleses de ver esto, no hay esperanza. (Mizraje, M. G.; 2013: p.152) Para todos es historia conocida que esas mal entrazadas y peor armadas tropas virreinales no fueron rival para el organizado, disciplinado y bien pertrechado ejército británico, sin embargo las milicias autoconvocadas derrotaron y expulsaron dos veces al invasor, humillando a esos soldados profesionales. Esas victorias fueron celebradas con festejos en los que la poesía, tanto de tradición letrada como popular, dejó marcado el sello de nuestra literatura tan incipiente como el país que se estaba gestando. Pantaleón Rivarola (1754-1821) nos dejó sus poemas celebratorios como el Romance heroico En el que se hace relación circunstanciada de la gloriosa reconquista de la ciudad de Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata, verificada el día 12 de agosto de 1806. Por un fiel vasallo del S.M. y amante de la patria, quien le dedica y ofrece a la muy noble y muy leal ciudad, cabildo y regimiento de esta capital. (Canal, Feijó; 1979: p.45) La gloriosa defensa De la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreynato del Río de la Plata, verificada del 20 al 5 de julio de 1807. Brevemente delineada en verso suelto con notas: por un fiel vasallo de S.M. y amante de la patria. (Canal Feijoó, B.; 1979: p.55) Un autor que les sonará más conocido fue Vicente López y Planes (1785-1856) que poetizó la gesta con el poema El triunfo argentino Poema Heroico en memoria de la heroica defensa de Buenos Aires, contra el ejército de 12.000 hombres que le atacaron los días 2 a 5 de Julio. Hijo de Apolo, tu sublime acento suspende un tanto, mientras el furor mío, lanzándolo del pecho, a su sosiego torno mi espíritu ahora enardecido. Mi trompa es débil, celestial la tuya, por eso teme el acorrerme Clío; mas el triunfo alto de mi patria amada, al alma inspira ardor desconocido; (…) (Canal Feijoó, B.; 1979: p.101) A esos poemas de autor y de tradición letrada, con sus figuras retóricas neoclásicas, debemos sumarles aquellos anónimos en un formato propio de los recitados más populares, en un lenguaje más llano, sin alusiones mitológicas: A la Reconquista de Buenos Aires ¿Se ganó a Buenos Aires?... Se ganó. Yo no sé si lo crea… y lo vi. ¿Lo piensan los traidores?... Ay de mí. ¿Se alegran los leales?... Por qué no. ¿Y aquel miedo servil?... Ya se acabó. ¿Y en adelante?... Ya no será así. Pues no siempre ha de haber viles marqueses que permitan traficar a los ingleses. (Canal Feijoó, B.; 1979: p.113) Recitado que muy probablemente se haya realizado acompañado de guitarra en las reuniones de peones, criados y esclavos, junto a otras composiciones que se han escapado a los registros letrados y se han perdido para nuestro conocimiento. Así llegamos al otro acontecimiento que rompió el letargo virreinal, el movimiento de Mayo, en el que militares y civiles se aliaron para deponer al Virrey y nombrar en su lugar a una junta provisional de gobierno que se haría cargo del virreinato mientras el Rey Fernando VII se encontraba prisionero de las tropas napoleónicas. Al menos esa era la declaración oficial que figuraba en los documentos mientras que, en las reuniones y en los planes concretos, se daba inicio a un movimiento emancipatorio. Al principio de esta exposición hice alusión a los primeros rastros de la literatura argentina, resultante de escritores improvisados que buscaban dejar testimonio - ya sea en prosa o verso- de los acontecimientos en los que se encontraban como protagonistas y testigos, dejando un acervo documental en el que los historiadores abrevaron para criticar su falta de veracidad, pero que los estudiosos de la literatura valoramos por su capacidad de ficcionalizar los hechos, o sea, de hacer literatura. Esos marineros, soldados, clérigos y aventureros tomaron la pluma y con su dispar formación en las letras ficcionalizaron sus campañas mientras las acometían. De modo análogo, en las primeras décadas del siglo XIX, aquellos hombres que planeaban un nuevo país, mientras organizaban campañas militares, escribían proclamas, leyes y proyectos, también versificaban porque entendían que la literatura no se podía separar de la política; simultáneamente, los hombres y las mujeres que no formaban parte de los proyectos y los gobiernos, pero sí ponían sus cuerpos al servicio de la causa, también componían a su manera los poemas con los que daban a conocer su toma de partido. En 1812, el Primer Triunvirato tomó una decisión más clara en cuanto al proceso iniciado dos años antes y se propuso la creación de símbolos distintivos que diferenciaran a las Provincias Unidas del Río de la Plata de la Metrópoli Española, por ello, entre otras medidas, decretó: “encargue mandar hacer una composición (…) un himno que deben entonar los jóvenes diaria y semanalmente”. A esa convocatoria se presentaron varios poetas y el ganador fue Vicente López y Planes, ya conocido por su poema “El triunfo argentino” y, por entonces capitán del Regimiento de Patricios que en 1827 sería el Presidente provisional de este ingobernable país en ciernes. Para el conocimiento de la gran mayoría de los argentinos, Vicente López y Planes es el poeta, autor de la letra del Himno Nacional Argentino, obra que lo inmortalizó, opacando su tarea de abogado, político, militar y gobernante. Fruto de la convocatoria realizada por el Primer Triunvirato, que ganó Vicente López y Planes, quedaron otros poemas como la “Canción Patriótica” de Esteban de Luca (1786-1824), oficial del Cuerpo de Patricios, fabricante de las armas de las tropas revolucionarias; y otra “Canción Patriótica” de Fray Cayetano Rodríguez (1761-1823), clérigo franciscano, docente universitario y político, representante ante el Congreso de Tucumán, fundador del periódico El oficial del día, que entre sus obras dedicó poemas a Alvear, Belgrano, San Martín y Juan Manuel de Rosas. Durante ese período, el escritor más profesional fue Juan Cruz Varela (1794-1839) que, si bien tuvo actividad política, se destacó como editor y creador de varios periódicos y autor teatral de dos tragedias: Dido (1823) y Argia (1824); cuya poesía se ha conservado completa y se publicó en 1944. El resto de los poetas ejerció la literatura como parte de su actividad política y militar, rasgo que caracterizó a la mayoría de los escritores argentinos hasta el último cuarto del siglo XIX. Además de la convocatoria oficial realizada por el Triunvirato, desde el primer momento del movimiento de Mayo hubo una producción poética de diversa índole que circulaba en volantes y periódicos, pues se iban escribiendo al calor de los acontecimientos y no podían esperar a que formaran parte de empresas más amplias, como libros o poemarios. La mayor parte de esa producción fue rescatada por un proyecto del gobierno de Martín Rodríguez (1821) en el que Bernardino Rivadavia oficiaba de Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores. Durante su gestión -además de inaugurar nuestra deuda externa- se propuso la edición de una compilación de la poesía escrita desde 1810 hasta 1823, cuya temática refiriera al proceso independentista. La tarea fue financiada por los fondos de la Secretaría de Defensa, pues se entendía que esa literatura era parte de la campaña militar. El libro respondía a una política de Estado, fue ambicioso y no pudo cumplir con la totalidad, pero sí lo hizo ampliamente y se imprimió en París en 1824 con el título de La Lira Argentina, bajo la dirección de Ramón Díaz, editor encargado de la selección, con la intención de que fuera el libro fundante de la literatura argentina, propósito que el texto no cumplió porque se lo arrebataría muchos años después un libro de autor que remedaba la poesía gauchesca, José Hernández (1834-1886) con El Gaucho Martín Fierro (1872). La Lira Argentina no sigue un riguroso orden cronológico ni se ciñe estrictamente el período explicitado en el plan, pues se abre con la “Marcha patriótica” y se cierra con “El Triunfo Argentino”, ambas de Vicente López y Planes que, como ya habíamos expuesto, celebra la victoria sobre los ingleses y, además, incluye la “Oda al Paraná” publicada por Manuel José de Labardén en 1801, pero que fue incluida por el compilador, atendiendo a las referencias que hace a las que serían Las Provincias Unidas del Río de la Plata. La unidad del libro está dada por el período y la temática, sin atender a la calidad de las producciones poéticas que se esperaba subsanar con un libro posterior con mayor unidad que incluiría poemas hasta 1825; la Colección de poesía patrióticas, que quedó inconclusa con unos pocos ejemplares sin índice que tuvieron una escasísima circulación. Atender a estos dos libros cuya temática está dada por las composiciones realizadas como parte de las luchas por la Independencia nos dan una imagen parcial del cultivo de las letras en las primeras décadas del siglo XIX, pues los poetas que escribían sobre esos temas también lo hicieron sobre otros, pero por su falta de circulación en formatos menos perecederos se perdieron. Por ejemplo, el poeta Juan Cruz Varela, a quien habíamos señalado como el más dedicado a la tarea de escritor, compuso poemas de temas menos políticos como versos filosóficos, satíricos, amorosos y eróticos, elogios a Rivadavia, elegías por el destierro, junto a traducciones de Horacio. Así también están los poemas conventuales de monjas y clérigos que mantenían sus prácticas de escrituras sobre temas religiosos. En esta exposición no debemos olvidarnos de la amplia producción no letrada, de tradición oral, a la que aludimos antes, que se realizaba en base a formatos de composición de transmisión entre comunidades de compositores que permiten la producción de poemas personales o dialogados, por lo general en formatos octosilábicos de rima consonante con símiles y metáforas tomadas en su mayoría del ámbito rural y con el empleo de un castellano arcaizante, propio de esas comunidades. Cómo decíamos antes, la mayoría de ellas se perdieron, aunque varias fueron rescatadas un siglo después por los folklorólogos, aunque su modo de composición fue imitada por escritores letrados que nos han dejado registro fundamentalmente de un género rioplatense, los cielitos. Por ejemplo, el poeta Juan Baltazar Maciel, ya registraba en el siglo XVIII los poemas de los compositores rurales, así para celebrar los triunfos contra los portugueses compuso: “Canta un guaso en estilo campestre los triunfos del Excmo. Pedro Cevallos”: Aquí me pongo a cantar debajo de aquestas talas, del maior guaina del mundo los triunfos y las gazañas. Del señor Cabezón, que por fuerza es camarada de los guapos Cabezones que nada tienen de mandrias. (Canal Feijoó; 1979. p.41) Bartolomé Hidalgo (1788-1822) nos ha legado varios Cielitos y Diálogos patrióticos, compuestos a la manera de los compositores gauchos, a tal punto que crea un alter ego que se haga cargo de los versos: Cielito patriótico Del Gaucho Ramón Contreras, compuesto en honor del ejército libertador del Alto Perú Si quiere saber Fernando cuál será de Lima el fin, que le escriba cuatro letras al general San Martín. Cielito, cielo que sí, cielito de la ciruela, ya se anda medio sentando D. Joaquín de la Pezuela. Adonde quiera que asoma nuestra patriótica armada, disparan los pezuelistas sin reparar la quebrada. (Becco, H.J.; 1979: p.35) En su misma producción se aclara que Ramón Contreras es un Guardia del Monte que luego mantiene diálogos versificados con Chano, capataz de una estancia en las islas del Tordillo. La Lira Argentina tuvo una función ejemplarizadora en las letras americanas pues otros países realizaron tareas similares de compilaciones, antologías o parnasos literarios sobre la poesía de la independencia. Es interesante ver en esa compilación de poesía que la estética es neoclásica, con amplias referencias a la mitología grecolatina, las formas poéticas y métricas propias de lo que estaba en uso durante el periodo de la ilustración, como vehículo de esas ideas iluministas que alentaban los ideales revolucionarios. Esa forma de expresión neoclásica que señalamos como característica de la poesía del Río de la Plata, la encontramos también en la poesía del ecuatoriano José Joaquín de Olmedo (1780-1847), del venezolano Andrés Bello (1781-1865) y en la prosa del hondureño José Cecilio del Valle (1780-1834). De modo análogo a como Bartolomé Hidalgo remedó las composiciones de los gauchos, en el Perú el poeta mestizo Mariano Melgar (1791-1815), además de versificar al modo neoclásico, compuso yaravíes a la manera de la poesía popular de origen quechua. Según José Antonio Portuondo “El movimiento independentista había esparcido a escritores y guerreros por todo el continente contribuyendo a propagar la unidad ideológica latinoamericana, fundada en la básica identidad de los problemas económicos, políticos y sociales.” (Fernández Moreno, C.; 1872: p.402) Si bien en las prácticas culturales decimonónicas hacer literatura era escribir poesía, avanzado el siglo XX esos márgenes se ampliaron para prestar atención a los que se denominan las “literaturas del yo” que incluye diarios, memorias, autobiografías y cartas en los que se puede acceder a miradas personales sobre los acontecimientos de una época, a partir de la versión de sus protagonistas. El siglo XIX fue prolífico en ese modo de escritura, pues los mismos actores de la revolución se vieron obligados a ejercer su defensa pública a través de la escritura, por lo que quedaron algunos textos completos y otros parciales, algunos publicados en esas primeras décadas o resultantes de ediciones muy posteriores a su momento de producción. Una conferencia aparte podríamos dedicar a la literatura de ideas, publicadas en declaraciones, discursos, proclamas, artículos de opinión e incluso ensayos, lo que nos lleva a la estrecha relación entre periodismo y literatura, pues -como lo señaláramos al principio de esta exposición- los mismos que llevaban a cabo las acciones políticas y militares se expresaban como periodistas y escritores. Sin duda aludiríamos a Fray Francisco de Paula Castañeda, cuyas poesías también están incluidas en La Lira Argentina. Fue un prolífico editor de periódicos que adherían a la causa independentista y quien le dediqué un apartado en mi libro Historia e historieta. El rosismo y el peronismo (2016), porque este clérigo alborotador fue un precursor de la caricatura política en la Argentina. Valga de ejemplo el nombre de un par de sus periódicos “Del desengañador gauchi-político federi-montoner. Chacuaco-oriental, y Puti republicador de todos los hombres de bien que viven y mueren en el siglo XIX de nuestra era cristiana” y “Despertador teofilantrópico dedicado a las matronas argentinas y por medio de ellas a todas las personas de su sexo que pueblas la faz de la tierra y la poblarán en la sucesión de los siglos”. En el libro Horizontes intelectuales en perspectiva comparada he publicado un capítulo dedicado al análisis de un breve ensayo de uno de los protagonistas de esos momentos: “Juan Ignacio de Gorriti. Paradojas y tensiones en sus Reflexiones sobre las causas morales de las convulsiones internas en los estados Americanos”. Análisis del libro que editó en 1826 con una tirada muy limitada en Chile, al que accedí gracias a la recopilación realizada en 1936 por Monseñor Vergara, historiador y primer Director del Museo Histórico del Norte. El ensayo fue escrito en Bolivia por el clérigo durante su exilio debido a las guerras civiles que siguieron a la guerra de Independencia. Un dato muy curioso es que varias de las ideas que expone Gorriti luego reaparecen en El Facundo (1845) de D.F. Sarmiento, aunque el cuyano nunca lo cita entre sus fuentes. Tenemos que recordar que el autor de Civilización o barbarie vivió buena parte de su exilio en Chile (1836-1838 y 1840-1851). El ensayista más notable de la época es el mexicano Fray José Servando Teresa de Mier y Noriega y Guerra (1765-1827) que dejó una amplia producción escrita con los siguientes títulos: Cartas de un americano al español, 1811-13. Historia de la revolución de Nueva España, 2 vols., Londres: 1813. 2a. ed., México: 1922. Apología y relaciones de su vida bajo el título de Memorias, Madrid: 1917. 2ª. ed., México: 1946. Memorias. Un fraile mexicano desterrado en Europa, Madrid: 2006 En el siglo XX el escritor cubano Reinaldo Arenas lo ficcionalizó en su novela El mundo alucinante (1965). No podemos dejar de mencionar al tucumano Bernardo de Monteagudo (1789-1825) con su Ensayo sobre la necesidad de una federación general entre los estados hispano-americanos y plan de su organización (1825) y su vida que lo llevó por las campañas libertadoras de Sudamérica, con lo que adquiere una dimensión continental en la literatura de ideas americanas. A propósito de la celebración del Bicentenario, a partir de 2010 se reeditaron varios de esos libros, algunos en colecciones auspiciadas por el gobierno, con estudios para contextualizarlos en su momento de producción, incluso con tiradas considerables para su venta en quioscos y otras en ediciones limitadas. Por ejemplo, el Gobierno de la Nación, a través del Ministerio de Educación publicó libros de muy buena factura para su distribución en las bibliotecas públicas y escolares con algunas reediciones, a través de la colección “La lengua/rescates” de Adriana Hidalgo Editora, que cuenta con estudios preliminares a cargo de especialistas, aunque se aclara que los libros no están dirigido a investigadores sino a un lector general. De ella consulté los “Diarios, cartas y recuerdos” de Mariquita Sánchez de Thompson. La Editorial Del Nuevo Extremo lanzó una colección, la “Biblioteca Nacional de la Identidad”, en la que publicó la Memoria autógrafa de Cornelio Saavedra cuya primera edición es de 1829; Mi vida de Manuel Belgrano; Patriotas de Bernardo de Monteagudo; Un rayo de luz entre dos tormentas de Nicolás Avellaneda; Sobre la misión del Congreso de Mariano Moreno; Apuntes autógrafos de José de San Martín; Educación Popular de Domingo F. Sarmiento y El dogma socialista de Esteban Echeverría. También la revista Viva, suplemento del Diario Clarín, publicó la colección “Textos de ayer para la Argentina de mañana”, en el que se reiteran los títulos que citamos anteriormente o realiza otras selecciones de los mismos autores, como Cartas, anécdotas y testimonios de José de San Martín; Cartas, anécdotas y testimonios de Mariano Moreno o Cartas, anécdotas y testimonios de Domingo F. Sarmiento; que representan una selección de textos breves precedidos de un prólogo una ficha biográfica de los autores próceres. El diario Página 12 también hizo lo propio con su colección “Documentos” auspiciada de OSDE. En ella los autores próceres se repiten, aunque no son las mismas selecciones; por ejemplo, Memorias de Manuel Belgrano incluye sus publicaciones previas al movimiento de Mayo, en las que realiza una serie de propuestas para mejorar la administración colonial. En definitiva, un libro más interesante para los historiadores que para los lectores de literatura. Estas dos últimas colecciones son de ediciones económicas de papel obra de bajo gramaje, de encuadernación pegada y tapas blandas, hechos para su venta en quioscos de revistas junto al diario o la revista que acompañaban. La autodenominada Generación de Mayo, formada por quienes nacieron y se criaron durante el proceso independentista, hizo suyos los ideales revolucionarios, pero con otra estética, la del romanticismo. A ese respecto me parece importante agregar un hecho anecdótico que alcanza un valor simbólico: Esteban Echeverría es el introductor del romanticismo en Hispanoamérica porque fue beneficiado con una beca del gobierno para que pudiera estudiar en Francia. Allí se conoció con los escritores y artistas que estaban cultivando la novísima estérica y los ideales románticos. El joven beneficiado llevó en su equipaje una guitarra y La Lira Argentina, que representan la música popular y su forma de componer y la suma de la literatura argentina de su tiempo, el bagaje cultural que aúna la tradición letrada con la popular. Entre esos escritores románticos es destacable la obra crítica pionera de Juan María Gutiérrez (1809-1878), quien volvió la mirada histórica sobre los precursores de la literatura argentina y escribió ensayos como “La literatura de Mayo” y “Sobre la obra poética y las ideas sociales de Juan Cruz Varela”, considerado por muchos críticos como el poeta más destacable del período. Otro notable escritor de esa generación es Juan Bautista Alberdi que nos legó la primera obra de teatro que ficcionaliza los acontecimientos de Mayo, bajo el título de “La Revolución de Mayo” de 1839, que subtitula “Crónica dramática en cuatro partes, a saber: Primera: La Opresión. Segunda: el 24 o la Conspiración. Tercera: El 25 o la Revolución” y la dedica a los revolucionarios del Río Grande, en adhesión al levantamiento republicano iniciado en Brasil por esa fecha. En nuestras latitudes, la escritora, también romántica, Juana Manuela Gorriti dedicó muchas de sus páginas a la generación que le precedía, pues su familia fue partícipe de la gesta independentista, así ficcionalizó a parientes y próceres, como el caso de Martín Miguel de Güemes y su esposa Carmen Puch a quien retrató como la “mujer ángel”, tan cara al romanticismo. Un caso particular es el de Guadalupe Cuenca que, si bien vivió y escribió durante 1810, no era una escritora, era la joven esposa de un funcionario de la Primera Junta Provisional de Gobierno. Vanesa Greco se encargó de editar y publicar la correspondencia de la viuda de Mariano Moreno, bajo el título Guadalupe Cuenca y Mariano Moreno. El amor en los tiempos de la Revolución, agregando a la literatura de los tiempos de la Independencia un libro epistolar, no previsto en su momento para su publicación, pues se trataba de una escritura íntima pero que para nosotros se vuelven una representación de una época desde los mismos protagonistas. Dado que el tema de la conferencia es la literaria en los tiempos de la revolución y en la exposición he llegado hasta el período correspondiente a la generación siguiente de los escritores románticos, me parece oportuno cerrar acá la exposición. Colegas y estudiantes, atentos a que estaba preparando esta conferencia me consultaron si aludiría a producciones más recientes y me citaron novelas como La revolución es un sueño eterno (1992) de Andrés Rivera o Cielo de tambores (2002) de Ana Gloria Moya, Las batallas secretas de Belgrano (2000) de María Ester de Miguel. Podríamos hacer una larga lista de novelas, poemas y obras teatrales que se han escrito desde el siglo XIX hasta la actualidad sobre el período de la Independencia, en los que aludiríamos a Juana Manuela Gorriti, Olegario Víctor Andrade, Ricardo Rojas, Leopoldo Lugones, Juan Carlos Dávalos, Leopoldo Marechal, Fernando Figueroa, Elsa Drucaroff, Inés Brandán Valy y muchos otros cuyos nombres se me escapan en este momento, pero ese sería motivo de otras varias conferencias. Bibliografía: AA.VV. (1980), Historia de la literatura argentina. Desde la Colonia hasta el Romanticismo, Buenos Aires, CEAL. Alberdi, Juan Bautista (2010), El Gigante Amapolas y sus formidables enemigos y otros escritos literarios, Buenos Aires, EMECE. Anderson Imbert, Enrique (1962), Historia de la literatura hispanoamericana, México, FCE. Ara, Guillermo (¿1969?), Suma de la Poesía Argentina 1538-1968. Crítica y antología, (2 tomos). Buenos Aires, Guadalupe. Becco, Horacio (Dir.) (1979), Cielitos y diálogos patrióticos, Buenos Aires, CEAL. Belgrano, Manuel (2008), Memorias, Buenos Aires, Página 12. Belgrano, Manuel (2009), Mi vida, Buenos Aires, Del Nuevo Extremo. Canal Feijoó, Bernardo (Dir.) (1979), La literatura virreinal, Buenos Aires, CEAL. Canal Feijoó, Bernardo (Dir.) (1979), Los fundadores, Buenos Aires, CEAL. Carilla, Emilio (Comp.) (1979), Poesía de la Independencia, Caracas, Biblioteca Ayacucho. Correa, R. y Gutiérrez, R. (Comps.), Horizontes intelectuales en perspectiva comparada, Salta, EUNSa. Díaz Usandivaras, Julio (Coord.) (1993), Cinco siglos de literatura en la Argentina, Buenos Aires, Corregidor. Fernández Moreno, César (Coord.) (1972), América Latina en su literatura, México, F.C.E. Gutiérrez, Juan María (1979), La literatura de Mayo y otras páginas críticas, Buenos Aires, CEAL. Gutiérrez, Rafael (2016), Historia e historieta. El rosismo y el peronismo, Salta, Milor. Iglesia, C. y El Jaber, L. (Dirs.) (2014), Una patria literaria, Buenos Aires, EMECE. Mizraje, María Gabriela (Ed.) (2013), Mariquita Sánchez de Thompson. Intimidad y política, Córdoba, Adriana Hidalgo. Monteleone, Jorge (Coord.) (2010), Doscientos años de poesía argentina, Buenos Aires, Alfaguara. Rosemberg, Fernando (Ed.) (1979), La Lira Argentina, Buenos Aires CEAL. Saavedra, Cornelio (2009), Memoria autógrafa, Buenos Aires, Del Nuevo Extremo.

lunes, 10 de junio de 2024

Concurso de reseñas 2024

Proyecto de Extensión con Participación Estudiantil “Letras desde Salta para recuperar y compartir” Resolución R. N° 0306-2024 Premio reseñas “Homenaje a Carlos Robles” Fundamentación: Una preocupación constante en el campo de la literatura y la docencia es la formación de nuevos lectores y de promotores de la lectura, por lo que nos proponemos desarrollar actividades que incentiven a los lectores a explorar a diferentes autores y dejar su opinión como recomendaciones para otros que quieran explorar diferentes opciones de lectura. Carlos Robles (Chicoana 1939 – Salta 11/06/2023) fue un escritor salteño, cuya pasión lo llevó a crear “Ediciones Del Robledal”, un emprendimiento que publicó a numerosos autores, en su mayoría salteños, para darles un apoyo a su producción e incentivar la difusión de la literatura en su provincia. Lamentablemente, el año pasado nos dejó físicamente, pero con un gran legado bibliográfico para distribuir, por lo que nos proponemos realizar un trabajo de animación lectora y promoción cultural, a partir de ese patrimonio bibliográfico. Por lo tanto, nos proponemos desarrollar una serie de concursos de reseñas sobre obras literarias, en esta primera edición, en torno a la producción de Carlos Robles. Objetivos: Formar a los lectores como promotores culturales. Dar mayor difusión a la literatura de Salta. Incentivar a los lectores por su tarea. Actividades - Lanzamiento del proyecto en un acto realizado de modo mixto: el 11 de junio. - Distribución de la obra de Carlos Robles en diferentes bibliotecas de la Provincia. - Convocar a estudiantes de Letras, Periodismo, Comunicaciones Sociales, Lengua y Literatura de la Provincia de Salta para que lean la producción de Carlos Robles y escriban reseñas literarias. - Dictado de talleres sobre la redacción de reseñas. - Plazo para la presentación de las reseñas: habrá una instancia presencial de redacción manual en una fecha, un horario y un lugar establecido para cada sede participante (sólo se admitirán útiles para la redacción manual) supervisado por un miembro del equipo de extensión. Cada reseña tendrá una extensión de dos a cinco carillas A4, será sobre una obra en particular de Carlos Robles. - Selección y evaluación: las reseñas tendrán una primera etapa de selección en base a criterios de escritura (gramática, ortografía, coherencia y cohesión). Los trabajos seleccionados pasarán a los evaluadores de estilo el que determinarán cuáles son los trabajos premiados. - Publicación de los resultados del concurso: 01 de noviembre - Acto de entrega de premios: 06 de noviembre día del Escritor Salteño. - Premios: Se establecerán tres premios y, a criterio del Jurado, se podrán incorporar menciones. 1° Premio: Certificado. Una colección de libros de Ediciones Del Robledal. Publicación en EDI Salta y en el Blog “literaturaargentinaunsa.blogspot”. 2° Premio: Certificado. Una colección de libros de Carlos Robles. Publicación en EDI Salta y en el Blog “literaturaargentinaunsa.blogspot”. 3° Premio: Certificado. Tres novelas de Carlos Robles. Publicación en EDI Salta y en el Blog “literaturaargentinaunsa.blogspot”. Menciones: Certificado. Un libro de Carlos Robles a elección. Publicación en EDI Salta y en el Blog “literaturaargentinaunsa.blogspot”. -Corpus de lectura: - Robles, Carlos. Vagón de cola. Salta: Ediciones del Robledal, 1998. - Robles, Carlos. Cuentos del caminante. Salta: Ediciones del Robledal, 2000. - Robles, Carlos. La Comarca. Ensayo para novela. Salta: Ediciones del Robledal, 2006. - Robles, Carlos. Con los pies desnudos. Cuentos. Salta: Ediciones del Robledal, 2007. - Robles, Carlos. Matrimonio Blanco. Cuentos. Salta: Ediciones del Robledal, 2011. - Robles, Carlos. Propiedad privada. Salta: Ediciones del Robledal, 2008. - Robles, Carlos. Estado de quiebra. Salta: Ediciones del Robledal, 2009. - Profesores extensionistas, tutores y responsables de la primera evaluación: Javier López Celeste Barreonuevo Carolina Díaz Abarza Karen Bejarano Alejandro Luna Gabriel Pérez - Jurado: El jurado estará integrado por la Prof. Estela Picón, la Prof. Salomé González Vega y los escritores Diego Tejerina y Marita Martínez.   Bibliotecas públicas y privadas: Biblioteca Provincial. Biblioteca de la Legislatura. Biblioteca Mñor. Miguel Ángel Vergara (Caseros 417) Biblioteca de UCASAL Café “A la sombra de la rosa” Café “Los Tribunales”. Café “La Tacita”. Buffet del Club de Tenis de Mesa de la Sociedad Sirio Libanesa. Confitería Fac. Cs. Naturales U.N.Sa. Biblioteca de Gral. Güemes. U.N.Sa. sede Tartagal. IES de Vaqueros. IES de El Carril. IES de Sede Dinámica Limache. Itto. La Merced.

"Nueba Andalucia, Governacion del Río de la Plata y Paraguay" Mario Flecha

Sífilis. Nueba Andalucia, Governacion del Río de la Plata y Paraguay. Asunción, hija de la primera Buenos Aires, fue a su vez, madre de la segunda. "...el que tiene ocho (mujeres) es porque no puede tener dieciséis (...); con tanta desvergüenza y poco temor de Dios que hay entre nosotros en estar como estamos con las indias amancebadas que no hay Alcorán de Mahoma que tal desvergüenza permita... Capellán Gonzales Paniagua I Carlos V, apoyo la aventura de Don Pedro de Mendoza al tiempo que pagaba sus deudas a Fugger el poderoso banquero alemán otorgándole la concesión de la explotación y el transporte del guayaco. Los Fugger o Fúcares como se llamaron en España recurrieron a una campaña publicitaria para promocionar los efectos curativos del palo santo, después de un tiempo cuando se comenzó a dudar de la eficacia benéfica del guayaco compraron el silencio de los médicos que tenían dudas al tiempo que inundaban el viejo continente de guayaco y calculaban las ganancias del fraude. II Fue un octubre cuando la primavera avanzaba quemando los días y los pétalos de las flores que adornaban los balcones de Buenos Aires. Cuando el sol se iluminaba de amarillo y la humedad eran gotas pegajosas. Después de unas cuantas naderías mi padre me dijo —¿Te gustaría ir a Asunción en las vacaciones? —Sí, a conocer a la familia paraguaya. —Organice con la tía Consorcia para que vivas en su casa. Ah, mi primo te buscara en la estación de buses a tu llegada a Asunción. — Una sonrisa se dibujó en mis labios porque Víctor el primo de mi padre, quien había estado unos meses en Bs As. El me fascinaba, yo lo había bautizado la Momia porque lo veía sentado sin que se le moviera una pestaña mientras que, a su alrededor, Raúl el canario de mi madre cantaba, nosotros corríamos de aquí para allá con nuestras risas, murmullos y gritos. Sus ojos ausentes brillaban alucinados imaginando el ejército de arácnidos que infatigablemente tejían una tela de araña para atraparlo entre sus hilos viscosos. Víctor vino a Bs As porque su compadre el coronel Irala le había recomendado un médico. —El psiquiatra que atendió a Víctor le inyectaba agua —escuche decir a mi padre. Paraguay de mis sueños. Las fantasías infantiles serían realidad en mi adolescencia. Iría a la ciudad de las 7 colinas, me decía mientras caminaba la felicidad. Cuando pequeño mi abuela me sentaba en sus rodillas para contarme su encuentro con el Yasí Yatere, el duende que vive en la jungla misionera, un enano de facciones bellas, de cabellos rubios que llevaba un silbato en el mango del bastón de oro atrayendo a los niños para raptarlos y jugar con ellos para luego abandonarlos en la selva para que su hermano el Ao ao los devore. Una siesta anónima, ella y sus hermanas estaban jugando en el monte. Ella escucho el llamado del Yací Yatere y lo siguió. Cuando sus hermanas se dieron cuenta que se dirigía hacia el bosque como hipnotizada, la agarraron de los brazos y no la soltaron hasta que ella les dijo — El Yací Yatere, se fue sin mí. Mi padre se había dedicado a ocultarnos su pasado. Sin embargo, algunas intrigas se filtraron de sus silencios como la intimidad con Francisca. Nos enteramos lentamente a través del tiempo con relatos de parientes que nos visitaban. Habían nacido el mismo año, crecieron en la casa de los abuelos, antes de aprender a caminar ya eran cómplices. Jugaban horas interminables inventando pasatiempos sin reglas. Durante las siestas cuando el clima dictaba que solo se podía dormir, ellos se escapaban por la puerta trasera de la casa. Salían sigilosamente y una vez en el patio corrían y corrían hacia el árbol que estaba al final del jardín, se subían al naranjo en dos piruetas y una vez en la copa saltaban sobre el alambrado y se iban al río a arrojar piedras sobre la superficie del agua, contando las veces que los pedruscos rebotaban antes de hundirse. Hasta que el tiempo enemigo de la inocencia transformo las picardías infantiles en travesuras de adolescentes. Sus cuerpos comenzaron a desarrollarse sin explicaciones, a ella le crecieron los pechos y sus pezones se endurecían cuando estaban juntos mientras que él tenía erecciones. Ya no corrían hacia el río a tirar piedras y risas, ahora se sentaban debajo de un árbol a mirarse y conversar. El deseo titilaba entre ellos y el olor agridulce de sus entrepiernas los acercaba. Fue en una de esas siestas cuando el sol les mordía la piel y el deseo los angustiaba que inadvertidamente se besaron. Se encontraron en un remolino de urgencias, jadeantes el uno sobre el otro. El instinto animal los ayudo y el sexo irrumpió en su hermandad. Desde entonces se escondían en los rincones ocultos de la casa para gozar, huían hacia la soledad de los campos donde podían revolcarse y amarse en libertad. Los abuelos se alarmaron al descubrir lo que estaba pasando. Fue entonces que Tasio, el padre de Francisca que no fue ajeno a lo que sucedía a su alrededor reunió a mi padre y a su hija y los amenazo —Terminan está historia ya mismo —dijo y dirigiéndose hacia mi padre continuo —o te mato de un tiro. Mis abuelos asustados porque sabían que Tasio era loco, buscaron mandar a mi padre a casa de algún familiar para alejarlo de Francisca, pero como todos vivían aterrorizados del manicomio que Tasio llevaba en su cabeza, nadie les ofreció ayuda. Desesperados y sin solución decidieron adulterar los papeles de nacimiento de mi padre para poder incorporarlo al ejército. La mala suerte hizo que mi padre ingresara al ejército a los 15 años en un momento trágico ya que se estaba cocinando un conflicto armado por los derechos a la explotación de pozos petrolíferos en la frontera de Paraguay con Bolivia. El Chaco Boreal era una región boscosa, calurosa y seca situada al norte del río Pilcomayo y al oeste del río Paraguay, hasta entonces había sido una zona lindera indefinida. La Standard Oil de USA y la Royal Dutch Shell Angloholandesa sospechaban que había grandes reservas del oro negro y la pelea para la explotación del petróleo en las entrañas de la tierra hicieron que su rivalidad se trasladara a Paraguay y Bolivia, desatando una guerra feroz que duro 3 años, dejando 90.000 muertos y arruinando económicamente a las dos naciones. La buena suerte es que mi padre deserto del ejército paraguayo. En Buenos Aires estuvo 5 días en el hotel de los inmigrantes y luego deambulo en la ciudad y por las noches dormía en el Parque Lezama III Don Pedro de Mendoza cruzó el Océano Atlántico encerrado en su camarote debilitado por la sífilis que lo acosaba, cuando llega a la cuenca del Río de la Plata en 1536 desembarcó en la Isla de San Gabriel. Desde su camarote postrado en la cama organiza la fundación de la Ciudad de la Santísima Trinidad y el Puerto de Nuestra Señora Santa María del Buen Ayre en la margen austral del Río de la Plata. IV Las noches de Buenos Aires suelen ser húmedas sobre la barranca del Parque Lezama. Las palmeras gigantescas bailan al ritmo suave del viento que sopla desde el Río de la Plata sin poder aliviar el sopor que las agobia. Yo solía ir a jugar en el parque al Gallito ciego. Corría entre las macetas renacentistas de los jardines de La Casa de los Ingleses y cuando la respiración se hacía difícil, sacaba un pañuelo de uno de mis bolsillos y tapándome los ojos giraba como un trompo sobre mis pies hasta marearme y caminaba a ciegas hasta chocar con un banco. —En este banco durmió mi papá — gritaba, quitándome el pañuelo. Fue entonces en uno de esos días cuando me hice amigo de uno de los jardineros del parque. El hombre era un anciano cuyas manos del color de la tierra gesticulaban al son de las palabras. Una tarde de septiembre en los albores de la primavera me vio parado frente al monumento del Adelantado. —¿Sabes quién es ese? me preguntó. —Don Pedro de Mendoza. —Sí. El Adelantado vino postrado en su camarote comandando una flota de13 barcos, fue aquí en esta loma que se estableció la Ciudad de la Santísima Trinidad, los colonizadores estuvieron viviendo un año, pero el hambre, las enfermedades y la belicosidad de los Querandíes los empujaron a abandonar todo... —¿Qué mal tenía? —Sífilis. Repetí asombrado —sí-fi-lis — suena a el nombre de una diosa griega. Sífilis, sífilis te amo tus ojos sonámbulos …tiiiiii. Salí del sopor lírico cuando el jardinero señalando la cabeza del adelantado con su uña negra dijo —El hombre cruzó el océano para curarse con té de Palo Santo y robar, pero tuvo mala suerte. Las infusiones de palo santo no sirvieron para aliviar sus dolencias entonces trató de regresar a España, pero la sífilis lo mato en medio del océano Atlántico. Cuando volví a casa mi hermana que sabía todo y lo que no sabía lo inventaba, estaba sentada sobre una silla de la cocina. Ella desde que había asistido a una clase de arte sobre el surrealismo pensaba que todo en la vida era surrealista. Hasta quiso cambiarle el nombre a nuestro gato Manuel por Apollinere. —Pareces preocupado —dijo mi hermana. —¿Qué enfermedad es la sífilis? —Es una enfermedad infecciosa que se transmite por contacto sexual. ¿Por qué me preguntas eso? —Porque parece ser que el fundador de la ciudad de Buenos Aires era sifilítico… —Surreal —exclamo. —¿Qué? —Surreal hermanito. Imagínate Carlos V emperador de vaya a saber uno cuantas cosas y rey de España sentado en su trono en alguno de sus palacios en Madrid arreglándose la pluma del sombrero con un gesto adusto dispuesto a repartir las tierras que jamás había visto del nuevo continente. —Surrreal— dijo arrastrando las r.—El Rey decidió enviar una flota armada al Río de la Plata. Llamó al Adelantado para discutir la repartija de tierras, mares y montañas. Don Pedro de Mendoza llega al Palacio real en camilla delirando, la sífilis le estaba comiendo la cabeza. El Rey Carlos V lo recibe con gran pompa sin advertir el estado mental de Don Pedro, imagínate hermanito Surreal, el Adelantado balbuceando naderías desde la cama y el Rey sentado en su trono con las nalgas desbordándole el asiento. Levanta una espada y apoyándola sobre la cabeza lo nombra: Don Pedro de Mendoza y Luxan, Adelantado, Gobernador, Capitán General y Jefe de Justicia de Nueba Andalucia, del Río de la Plata y Paraguay. —Surreal —murmuré. —La misión era más Dada que Surrealista, construir ciudades a orillas del Río de la Plata para contener el avance de los portugueses y descubrir el paradero de La Ciudad del Dorado, que nadie está seguro donde está, pero seguro que estará en alguna parte. Yo no entendía que estaba hablando ¿Dada? ¿Surrealista? ¿El Dorado? Cuando decido irme ella me agarra con ambas manos del cuello de la camisa y levantándome en el aire me dice —Los conquistadores hambrientos terminaron comiéndose entre ellos, surreal. —¿Qué? — Imagínate hermanito. Estaban muertos de hambre y cuando uno de los conquistadores se moría los otros se lo comían. Y si no se moría nadie y el hambre era extremo se jugaban la vida en un juego que el que perdía se suicidaba para alimentar a los otros. Además, los Querandíes se dedicaron a incendiar la Ciudad de las Santísima Trinidad. Los sobrevivientes escaparon remontando el río Paraná hasta el Paraíso de Mahoma. Surreal. IV Domingo Martínez de Irala, Nació en 1509 en Bergara, Gipuzkoa- falleció en Asunción, Paraguay. Partió hacia América en 1535, se enrolo en la expedición de Pedro de Mendoza y participo de la fundación de Buenos Aires. Exploró los ríos Paraná y Paraguay junto con Juan de Ayolas y estaba al mando de la retaguardia cuando la avanzada de Ayolas fue aniquilada por los indios Payagua. Única en la América española, la colonia había sido concedida por Carlos V el derecho de elegir a su propio comandante Irala fue elegido por los conquistadores como Capitán General del Río de la Plata. En1539, comenzó a trasladar a los habitantes de Buenos Aires a Asunción y la ciudad fue abandonada en 1541. En Asunción Domingo Martínez de Irala tuvo 70 concubinas guaraníes. V Comencé mi viaje en autobús en la Estación Retiro. Después de 15 horas de devorar km y ver paisajes memorables llegamos a Asunción o al Paraíso de Mahoma como lo llamo mi hermana. Baje las escaleras del bus y allí estaba Víctor. Nos abrazamos en silencio y él me ayudo a llevar mis valijas hasta su Combi. Cuando llegamos a la casa de la Calle Iturbe, parados en línea codo a codo, tías y primos me esperaban para saludarme. Nos estudiamos con curiosidad. —Eres igual a tú padre— me dijo una de mis tías. Después hubo risas, abrazos y lágrimas. Chiquitín, uno de mis primos, me llevo hasta el cuarto que ocuparía. Dormí algunas horas con los ojos llenos de novedades. Cuando desperté fui al living, allí encontré a Chiquitín conversando con un anciano de rasgos indígena y cabellos que le acariciaban los hombros. Chiquitín nos presentó. —Nuestro abuelo Teófilo —dijo, continuo —Mario el hijo de Carmelo que viene de Bs As a visitarnos. El abuelo sonriente metió su mano derecha en el saco que estaba usando a pesar del calor insoportable y sacando una petaca de wiski tomo un sorbo y luego la volvió a su bolsillo. Me miro y sonriendo me dio la bienvenida. —Vienes a esta tierra de naranjas, sol y mujeres—dijo con picardía. —Así que sos el hijo de mi hijo. —Y usted el padre de mi padre. —El abuelo es peluquero de mujeres —dijo Chiquitín guiñándome el ojo. —Yo estudio en el colegio secundario — —Además, él es músico. —¿Que instrumento toca Don Teófilo? —pregunté. —Un violín destartalado con cuatro cuerdas desafinadas. Él les corta el cabello a las mujeres y luego las seduce tocando su violín y cantando alguna que otra guaraña—dijo Chiquitín. —¿Abuelo seductor y padre de cuántos hijos? —me escuche preguntando. —¿Quién sabe? sus enemigos lo acusan de haber tenido 33 hijos… El abuelo parado entre nosotros de pronto se ausento, una nube de silencio lo arropo. Chiquitín ya estaba acostumbrado a los estados circunstánciales del abuelo mientras que yo me inquiete. Víctor que se había sentado en el sofá del living mientras yo dormía se secaba las gotas de transpiración que le corrían sobre la frente. Dijo —Quiero llevar a el mitaí a pasear. ¿Adónde te gustaría ir? —A recorrer las colinas. —Vamos. Subí a la combi con incertidumbre. Llenamos el tanque del auto de nafta y nos lanzamos al paseo prometido. Al llegar a la cima de la Loma de Cabará, Víctor con voz monótona conto que en ese sitio se había fundado la ciudad de Asunción y que el edificio que veíamos a la derecha era el Congreso Nacional. Fue entonces cuando advierto que Víctor apaga el motor del auto, pero no se detiene, se deja llevar por la inercia y controla el descenso apretando y largando el pedal de los frenos intermitentemente y cuando el coche va ganando velocidad enciende el motor. Luego seguimos hasta la colina de San Jerónimo. —Aquí fue la Capilla del santo protector de todos los fenómenos meteorológicos— Yo miraba tratando de aprehender todas las imágenes. • El Dr. Francia venía hasta el cuartel de la frontera que se encuentra al pie de esta loma. Nuevamente para descender mi padrino hizo girar la llave apagando el motor de la Combi. Paseamos a las orillas del Río Pilcomayo cuando de pronto me dijo —Vamos a visitar al coronel Irala. —Vamos— dije con inocencia. —Llegamos a su casa. —¿Su casa? Estacionamos la camioneta cerca de la puerta del cementerio. —Entremos. Caminamos entre las lápidas que se erguían como flores secas hasta que llegamos al mausoleo de la familia de Víctor. Nos paramos frente a la puerta de vidrio y espiamos el interior de mármol negro. Señalando las urnas funerarias me explico —Allí está mi madre, el de abajo es mi padre y en aquel estante de la derecha están mis abuelos. Incrédulo de lo que escuchaba le pregunté —¿Pensé que íbamos a ver al coronel Irala? —El coronel vive aquí enfrente, en el mausoleo donde descansa los restos de nuestro primer gobernador. Ven sentémonos en el escalón de entrada de su panteón es lo que hago siempre que lo vengo a ver. Hablo con él recordando las travesuras de nuestra juventud. Espérame que voy a buscar la llave del panteón y te lo presento. Se paro y en pocos segundos desapareció entre las tumbas. Al rato viene con un manojo de llaves y mientras probaba las llaves en la cerradura del panteón de los Irala dijo —Le voy a decir al coronel que venga a sentarse con nosotros. Entro al mausoleo y trajo una urna con el nombre coronel Irala inscripto en una placa de bronce y la colocó sobre el escalón de entrada entre él y yo. El pánico se fue confundiendo con las ganas de salir corriendo. El sol se estaba ocultando cuando en uno de los corredores de entre las tumbas y mausoleos una joven de inmensos ojos negros paseaba su tristeza. Cuando Víctor la vio sentí por primera vez que mi padrino estaba vivo, agitado comenzó a zarandear la urna y decirle —Levántese coronel, levántese que hay una mujer bellísima caminando entre los muertos. Víctor golpeaba la urna con los nudillos de la mano derecha, esta se le resbalo de las manos y fue rodando escalera abajo y al chocar contra el suelo se abrió la tapa desparramando parte de las cenizas del coronel., Baje los escalones para levantar las cenizas cuando escucho a Víctor gritar —no la toques, puede estar infectada. —¿Por qué? —Porque el coronel murió de sífilis. Horrorizados vimos como las hormigas se llevaban las cenizas del coronel. Víctor sentado sobre el césped que rodeaba el panteón llorando gritaba —Perdone coronel. — Se secó las lágrimas. —Está canción es para usted coronel— —Anahí... Las arpas dolientes hoy lloran de arpegio que son para ti Anahí... Recuerdan acaso tu inmensa bravura reina guaraní... Anahí... Indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí... Anahí... Anahí... Tu raza no ha muerto perduran tus fueros en la flor rubí Yo hice de coro repitiendo —Anahí... Anahí... —Anahí indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí. Nuestras voces llamaron la atención de la joven que nos miró asombrada con lágrimas en sus inmensos ojos negros y sonriendo desapareció entre las tumbas. Mario Flecha

martes, 7 de mayo de 2024

Otros cien videos (del 501 al 600) grabados por Rolando Revagliatti

Otros cien videos (del 501 al 600) grabados por Rolando Revagliatti, con poemas y otros textos de numerosos autores, disponibles en la plataforma http://www.arcoiris.tv 501: El 29.12.23 tres poemas del libro ‘Club de velocidades’ de Simón Esain: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63175/ 502: El 29.12.23 cuatro poemas del libro ‘Enero’ de Isabel Rezmo: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63176/ 503: El 29.12.23 poema (y letra de un tango) ‘Martirio’ de Enrique Santos Discépolo: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63177/ 504: El 3.1.24 cuatro poemas del libro ‘Bocas de ceniza’ de Carlos Dariel: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63310/ 505: El 3.1.24 cuatro poemas del libro ‘Desde el hastío’ de Victoria Lovell: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63311/ 506: El 3.1.24 dos poemas del libro ‘Límite bailable’ de Cristian De Nápoli: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63312/ 507: El 4.1.24 poema (y letra de una canción) ‘Unicornio’ de Silvio Rodríguez: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63345/ 508: El 4.1.24 cuatro poemas del libro ‘El pico de los pájaros’ de Catalina Boccardo: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63346/ 509: El 4.1.23 poema ‘Poema de siete caras’, del libro ‘Alguna poesía’ de Carlos Drummond de Andrade (traductor: Jorge Aulicino): https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63347/ 510: El 5.1.23 cuatro poemas del libro ‘Llaman a la puerta’ de Santiago Sylvester: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63379/ 511: El 5.1.23 dos poemas del libro ‘Bestias en un hotel de paso’ de Jorge Boccanera: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63380/ 512: El 5.1.24 dos poemas del libro ‘Paseante y huésped’ de Liliana Ponce: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63381/ 513: El 8.1.24 dos poemas del libro ‘De rayo en fiesta’ de Alicia Pastore https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63451/ 514: El 8.1.24 tres poemas del libro ‘Poemas lumbares’ de Lisandro González: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63452/ 515: El 8.1.24 cuatro poemas del libro ‘El deslumbramiento’ de Dolores Etchecopar: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63453/ 516: El 9.1.24 fragmento del poema ‘Química orgánica’, del libro ‘Para un programa de disolución y otros textos’ de Alberto Boco: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63486/ 517: El 9.1.24 siete poemas del libro ‘Zumbido de guirnaldas’ de Ana Romano: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63487/ 518: El 9.1.24 poema ‘La interrupción’, del libro ‘Algesia’ de Susana Romano Sued: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63488/ 519: El 9.1.24 once poemas del libro ‘De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):’ de Rolando Revagliatti: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63489/ 520: El 15.1.24 tres poemas del libro ‘Querencia’ de Alejandro Archain: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63668/ 521: El 15.1.24 trece poemas del libro ‘Fotogramas’ de Luis Alfredo Villalba: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63669/ 522: El 15.1.24 tres poemas del libro ‘Sempre aperto teatro’ de Patrizia Cavalli (traductor: Jorge Aulicino): https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63670/ 523: El 15.1.24 poema (y letra de un tango)‘Los mareados’ de Enrique Cadícamo: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63671/ 524: El 16.1.24 primer capítulo de la novela ‘Negrita’ de Adriana Parra: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63709/ 525: El 16.1.24 un poema en tres partes del libro ‘Tríadas’ de Claudio Simiz: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63710/ 526: El 16.1.24 ocho poemas del libro ‘Libro de haikus’ de Jack Kerouac (traductor: Jonio González): https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63711/ 527: El 16.1.24 un poema del libro ‘Restos de jukebox’ y un poema del libro ‘Papel reciclado’ de Valeria Iglesias: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63712/ 528: El 22.1.24 cuatro poemas del libro ‘Aves, moscas y otras máquinas’ de Virginia Caramés: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63935/ 529: El 22.1.24 siete poemas del libro ‘Breve luz’ de Norma Starke: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63936/ 530: El 22.1.24 siete poemas del libro ‘Hay que dejar de ser hermosa’ de Mónica Tracey: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/63937/ 531: El 24.1.24 siete poemas del libro ‘Llaves’ de Jorge Figueroa: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64018/ 532: El 24.1.24 poema ‘Definición’, del libro ‘La mesa. Tratado poeti-lógico’ de Darío Canton: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64019/ 533: El 24.1.24 ocho poemas del libro ‘Hablar con extraños’ de Graciela Corrao: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64020/ 534: El 25.1.24 dos poemas del libro ‘Cadera, lejanías y diagonales’ de Carlos Patiño: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64058/ 535: El 25.1.24 un poema de Eliaz Cohen y otro poema de Lali Tsipi Michaeli (traductor: Gerardo Lewin): https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64059/ 536: El 25.1.24 dos poemas del libro ‘Pido la paz y la palabra’ de Blas de Otero: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64060/ 537: El 26.1.24 tres poemas del libro ‘Río incurable’ de Jorge Alemán: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64098/ 538: El 26.1.24 cuatro poemas del libro ‘Después de’ de Claudia Ferradas: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64099/ 539: El 1.2.24 seis poemas del libro ‘Masacre diminuta’ de Paula Martini: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64280/ 540: El 1.2.24 tres poemas del libro ‘Marinero del cielo y de la tierra’ de Marina Serrano: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64281/ 541: El 1.2.24 poema ‘Tipos de mesas’ del libro ‘La mesa. Tratado poeti-lógico’ de Darío Canton: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64282/ 542: El 2.2.24 ocho poemas del libro ‘Las hojas y las horas’ de Horacio Laitano: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64318/ 543: El 2.2.24 siete poemas del libro ‘Blues’ de Carlos Cúccaro: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64319/ 544: El 6.2.24 ocho poemas del libro ‘Jardín de Copérnico’ de Simón Esain: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64431/ 545: El 6.2.24 siete poemas del libro ‘Cortezas y fulgores’ de Luisa Futoransky: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64432/ 546: El 6.2.24 seis poemas del libro ‘Triunfo de lo real’ de César Cantoni: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64433/ 547: El 6.2.24 seis poemas del libro ‘Desnudos’ de Carlos Cúccaro: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64434/ 548: El 14.2.24 poema (y letra de un tango) ‘Pero yo sé’ de Azucena Maizani: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64710/ 549: El 14.2.24 tres poemas del libro ‘Cruz y delicia’ de Sandro Penna (traductor: Jorge Aulicino): https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64711/ 550: El 14.2.24 nueve aforismos del libro ‘Voces’ de Antonio Porchia: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64712/ 551: El 14.2.24 poema ‘Me viene, hay días, una gana ubérrima, política’, del libro ‘Poemas humanos’ de César Vallejo: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64713/ 552: El 15.2.24 tres poemas del libro ‘El jardín y sus detalles’ de Alejandro Archain: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64749/ 553: El 15.2.24 poema (y letra de un tango) ‘Pipistrela’ de Fernando Ochoa: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64750/ 554: El 15.2.24 cuatro poemas del libro ‘Territorios’ de Catalina Boccardo: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64751/ 555: El 15.2.24 poema (y letra de una canción) ‘Filosofía barata y zapatos de goma’ de Charly García: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64752/ 556: El 22.2.24 poema ‘Los perdedores’, del libro ‘La intemperie’ de Carlos Aprea: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64987/ 557: El 22.2.24 poema ‘Las mujeres que van a los bulines de los hombres’, del libro ‘Salón para familias’ de Gustavo García Saraví: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64988/ 558: El 22.2.24 tres poemas del libro ‘Casa de viento’ de Marta Ortiz: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/64989/ 559: El 23.2.24 dos poemas del libro ‘La luz mala’ de Jorge Brega: https://www.youtube.com/watch?v=0b1VJSaLpAI 560: El 23.2.24 dos poemas del libro ‘Guitarra negra’ de Luis Alberto Spinetta: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65024/ 561: El 23.2.24 microficción ‘Al final de camino’, del libro ‘Nunca llueve sobre Sáhara’ de Pedro M. Martínez Corada: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65025/ 562: El 26.2.24 dos poemas del libro ‘Asilo de lo fugaz’ de Carlos Barbarito: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65107/ 563: El 26.2.24 dos poemas del libro ‘El lado oscuro del mundo’ de Marta Miranda: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65108/ 564: El 26.2.24 poema ‘Los poetas tuertos de Chile’, del libro ‘El amor por los débiles y el instinto de asesinato’ de Julián Axat: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65109/ 565: El 26.2.24 tres poemas de Fernando Pessoa (firmados por su heterónimo Alberto Caeiro) (traductor: Rodolfo Alonso): https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65110/ 566: El 27.2.24 poema (y letra de una canción) ‘La marcha de la bronca’ de Miguel Cantilo: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65141/ 567: El 27.2.24 tres poemas del libro ‘Mujeres en un cuaderno borrador’ de Elizabeth Molver: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65142/ 568: El 27.2.24 seis poemas del libro ‘Todo se quema aquí’ de Jorge Dipré: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65143/ 569: El 27.2.24 dos poemas del libro ‘Bajo los ríos del cielo’ de Sandra Cornejo: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65144/ 570: El 28.2.24 poema ‘Poema dedicado a una vampira’, de la novela ‘Una vida en venta’ de Yukio Mishima (traductores: Keiko Takahashi y Jordi Fibla Feito): https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65181/ 571: El 28.2.24 poema ‘Canto I’, del libro ‘La ruta del marfil’ de Marina Kohon: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65182/ 572: El 28.2.24 dos poemas del libro ‘Sucedió en la lluvia’ de Isidoro Blaisten: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65183/ 573: El 28.2.24 seis poemas del libro ‘Captura’ de Susana Macció: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65184/ 574: El 1.3.24 poema lunfardo ‘Fiaca’, del libro ‘Semos hermanos’ de Dante A. Linyera (Francisco Bautista Rímoli): https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65259/ 575: El 1.3.24 dos poemas del libro ‘Fenómeno natural’ de Ricardo Costa: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65260/ 576: El 1.3.24 dos poemas del libro ‘La luz que nunca alcanzo’ de Antonia B. Taleti: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65261/ 577: El 1.3.24 dos poemas del libro ‘Bella y transitoria’ de Claudio F. Portiglia: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65262/ 578: El 4.3.24 dos poemas del libro ‘Resonancia de las cosas’ de Marcelo Leites https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65346/ 579: El 4.3.24 microficción ‘El abrazo’, del libro ‘El abrazo que se va’ de Inés Legarreta: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65347/ 580: El 4.3.24 poema ‘Soneto de la culpa’, del libro ‘Figuración de Gabino Betinoti’ de Oscar Steimberg: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65348/ 581: El 5.3.24 dos poemas del libro ‘Otras son de arena’ de Silvia Mazar: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65384/ 582: El 5.3.24 tres poemas del libro ‘Danza / Lanza (tu ojo hurí)’ de Rodolfo A. Álvarez: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65385/ 583: El 5.3.24 dos poemas lunfardos del libro ‘Versos rantifusos’ de Yacaré (Felipe H. Hernández): https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65386/ 584: El 6.3.24 dos poemas del libro ‘Aquí no vive nadie’ de Luciana A. Mellado: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65419/ 585: El 6.3.24 dos poemas del libro ‘Mi padre cavaba un pozo’ de Adrián Sánchez: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65420/ 586: El 6.3.24 dos poemas del libro ‘Al final del pasillo’ de Nilda Barba: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65421/ 587: El 20.3.24 cuatro poemas del libro ‘Grietas que me escriben’ de Julio Aranda: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65864/ 588: El 21.3.24 poema ‘Ocurre en el medio de la noche, del libro ‘Los panes y los peces’ de Raquel Jaduszliwer: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65896/ 589: El 22.3.24 dos poemas del libro ‘26’ de Tomás Watkins: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/65928/ 590: El 25.3.24 dos poemas del libro ‘Escenografías’ de Ángela Gentile: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66005/ 591: El 26.3.24 poema (y letra de un tango) ‘Nada’ de Horacio Sanguinetti: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66033/ 592: El 8.4.24 cuatro poemas del libro ‘Porcelana rota’ de Susana Slednew: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66361/ 593: El 8.4.24 seis poemas del libro ‘Merodea’ de Jorge Dipré: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66362/ 594: El 9.4.24 dos poemas del libro ‘Pájaros o reinas’ de Laura Forchetti: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66395/ 595: El 9.4.24 dos poemas del libro ‘Herriko’ de David Birenbaum: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66396/ 596: El 10.4.24 tres poemas de Yamila Greco: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66430/ 597: El 10.4.24 dos poemas de Eduardo Escobar: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66431/ 598: El 11.4.24 dos poemas del libro ‘Un cardo ruso’ de Carina Sedevich: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66471/ 599: El 11.4.24 dos poemas del libro ‘Antes que nada’ de Raúl Orlando Artola: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66472/ 600: El 12.4.24 tres poemas del libro ‘Cambio de horario’ de Juan Antonio Vasco: https://www.arcoiris.tv/scheda/it/66505/ Se agradece, desde ya, por la difusión y se autoriza la eventual incorporación de videos a revistas-e, sitios web, redes sociales, etc. https://www.arcoiris.tv/fonte/Rolando%20Revagliatti/ http://www.revagliatti.com

sábado, 2 de marzo de 2024

El Tánatos y espíritu sacrificial de Amado Nervo se concretó en la vida de Eva Perón | Liliana Bellone

https://www.incomunidade.pt/el-tanatos-y-espiritu-sacrificial-de-amado-nervo-se-concreto-en-la-vida-de-eva-peron-liliana-bellone/ Entrevista realizada por Rolando Revagliatti 1 — ¿Siempre residiste en tu ciudad? LB — No. Mis padres se trasladaron al interior de la provincia cuando yo tenía poco más de un año. Residimos en el Ingenio San Isidro y en General Güemes, lugares que remiten inmediatamente a la caña de azúcar y a los ferrocarriles. Papá era docente, Profesor Normal Nacional, un título que lo habilitaba para enseñar casi todas las materias de la enseñanza primera y media. Él recitaba de memoria a José Martí, Rubén Darío, Carlos Guido y Spano, Marcos Rafael Blanco Belmonte, Amado Nervo, Francisco Villaespesa; contaba infinitos cuentos, fábulas y anécdotas; hablaba de historia y literatura todo el tiempo. Escribió también: relatos y poemas. Se preocupaba por la rima y por la medida de los versos. De él heredé el “Resumen de versificación española” de Martín Riquer. Y también los libros de su modesta biblioteca de docente: “Hamlet”, “Otelo”, “Las alegres comadres de Windsor” de Shakespeare, “Petronio y su tiempo”, “Diálogos de orador” de Cicerón, la “Poética” de Aristóteles, en las ediciones económicas de Editorial Claridad y en la colección de Literatura Universal de Editorial Emecé, “Mi vida” de Domingo Faustino Sarmiento, “El gran dictador” de H. G. Wells, “La perfecta casada” de Fray Luis de León y el “Martín Fierro” de José Hernández, además de los volúmenes de lectura, formación y difusión que editaba el Ministerio de Educación para las escuelas nacionales de aquellos años, como “La razón de mi vida” de Eva Perón y “San Martín en la historia y en el bronce”. De esas lecturas salieron algunas de mis novelas. Mamá recitaba los poemas de Darío, Nervo y Gustavo Adolfo Bécquer que había aprendido en la escuela. Me instaba a memorizar a Rubén Darío: “Éste era un gran rey que tenía…” Yo no sabía todavía leer y repetía esos versos mágicos en el patio mágico rodeado por las hojas de las parras y las higueras. Esa primera infancia fue de luz y hallazgos, junto a mi único hermano, Juan Carlos (como mi padre). Nos criamos escuchando hablar a los abuelos inmigrantes. El abuelo paterno se llamaba Giovanni Bellone, era de Piamonte, había llegado a la Argentina en 1911. Falleció joven, a los cuarenta y dos años. El abuelo materno, Víctor Centeno, era español, de Zamora, Castilla, y a los veinticinco años se embarcó a nuestro país en busca de mejor suerte. Vino solo y luego trajo a su madre, hermanos, sobrinos y tíos. Los dos abuelos se casaron con mujeres argentinas: Giovanni con Lía Palomo Escobar y Víctor con Rosario Torres Hoyos. El abuelo Víctor falleció cuando yo cumplí quince años. Era muy delgado y pequeño y tenía unos ojos celestes transparentes y risueños. Las dos familias residieron en la capital de Salta y en Campo Santo, un pueblo casi legendario, de gauchos e inmigrantes españoles, italianos y árabes. Mis padres siempre narraban historias de familiares y amigos acontecidas en ese lugar. Y de esas historias surgió “Augustus”, bellamente editada por Casa de las Américas y en cuya tapa luce un cuadro de Julio Le Parc. Umberto Eco privilegia al destinatario, que forma parte de la cooperación lectora e interpretativa, por eso siempre pienso que en Cuba encontré a los lectores ideales para mis ficciones. Cuba fue un descubrimiento y un redescubrimiento para mí. 2 — País que habrás visitado más de una vez. LB — Tanto como puedo (cuando podemos, pues voy con Antonio Gutiérrez, mi marido, escritor y psicoanalista). Dimos cursos y conferencias en el Centro Dulce María Loynaz, en el Centro de Estudios Martianos y en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana; participamos en recitales poéticos y conversatorios, y siempre nos llegamos a la Casa de las Américas, en 3ª y G, del barrio El Vedado, a la Tertulia Sol Adentro, coordinada por la poeta Juanita Conejero, al Hotel Nacional, al Habana Libre, al cine Yara, por la Rambla, bajamos por el Malecón hasta el Gato Tuerto, evocado por Julio Cortázar. Fui invitada a publicar poemas y artículos no sólo en la revista “Casa de las Américas” sino en otras también: por ejemplo, “Amnios”, que coordina el poeta Roberto Manzano. Uno de los cursos que dicté en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, fue sobre hegemonías y olvidos en la literatura argentina. Que es el caso de Leonor Picchetti, excelente novelista, quien murió en Maimará, provincia de Jujuy, en 2015. En “Los pájaros del bosque” (1964), su primera novela, Picchetti cuenta el mito de la infancia y la inocencia, el descubrimiento del sexo y la adolescencia rebelde. También quise rendir homenaje, a través de un artículo que publicó la revista “Casa…” en su número 286 (octubre-noviembre 2016), a nuestra primera novelista sudamericana y argentina, Juana Manuela Gorriti, en el Bicentenario de su nacimiento (1816). Juana Manuela, desde la retórica romántica visibiliza a sujetos marginados como las mujeres, indios y negros, tal como procediera la cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda en la misma época. En Cuba, además de encontrarnos con Roberto Manzano, nos reunimos con los escritores y escritoras Mirta Yáñez, Luis Toledo Sande, Jesús David Curbelo, Susana Haug, Jorge Fornet, Laidi Fernández Retamar, Juanita Conejero, Nancy Alonso, Ernesto Sierra, Ibrahim Hidalgo Paz, Guiomar Venegas y muchos otros amigos. 3 — Retornemos a “Augustus”. LB — En el título está la reminiscencia de Roma e Italia. También la figura del Padre. Además, la lectura de “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar, me había conmocionado: de allí extraje eso que concierne al alma de los libros. Los personajes protagónicos y las voces de la narración son femeninos, dos hermanas, Isabel Clara Eugenia (como la hija de Felipe II) y Elena (como la reina de Italia, la esposa de Víctor Manuel). Hijas de inmigrantes, estas mujeres viven en Campo Santo en la década del treinta y luego en la ciudad de Salta durante las décadas de los cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta. Envejecen en total soledad y aislamiento. El libro lleva un epígrafe de “Eugenia Grandet” de Honoré de Balzac, que hace referencia a la asfixiante vida provinciana. La crítica cubana Mirta Yáñez señala que en “Augustus” puede leerse lo que ella denomina “horror a la aldea”. Las hermanas Campassi (el apellido materno de mi abuelo Bellone) de la ficción son casi gemelas; una es el espejo de la otra, a tal punto que entre ellas hay una confusión imaginaria, de identidades, una es la otra y viceversa. De alguna manera, en estos personajes están presentes las dos hermanas de mi vida real, María del Huerto, mi madre, y Carmela, mi tía, o tal vez los fantasmas duales de mí misma. 4 — ¿Algo que añadir de tu infancia? LB — De mi infancia y adolescencia: me gustaba recitar y dibujar. Tengo presentes a mis primeras maestras, en la Escuela Nacional Nº 339 de General Güemes. En mi memoria, esa ciudad aparece como si fuera un paraíso: su plaza, sus confiterías, el cine de los domingos. Iba mucho al cine con mis padres y mi hermano. Los propietarios eran inmigrantes españoles. También lo eran los dueños de la tienda más importante, de la zapatería, del hotel. Había un almacén de ramos generales de una familia siria y una tintorería de japoneses. La mayoría de los habitantes eran empleados de los ingenios y del ferrocarril. Había, por cierto, también políticos y caudillos, unos radicales, otros peronistas. Papá era profesor y mamá enseñaba dactilografía, taquigrafía y redacción en su academia que funcionaba en nuestra casa. Cuando cumplí doce años nos vinimos a mi ciudad natal. Fue un cambio. Me inscribieron en un colegio de monjas, el Santa Rosa de Viterbo. Fue una extraña transición. Yo venía de la libertad, del campo, de los pueblos de sol y viento y, de pronto, el colegio sombrío y la disciplina de las monjas… Pero por entonces encontré la literatura, primero en forma de teatro que representaba con mis compañeras, luego de poemas y finalmente de novela, pues comencé a escribir una en secreto, junto a un diario que conservé hasta cuando ingresé en la universidad. A la novela la destruí, al diario también. Ingresar en la Facultad de Humanidades fue para mí una revelación. Corrían los años ‘70. Había asambleas y marchas, escuché los nombres de la revolución y la juventud. Llegaron a mí Jean-Paul Sartre, especialmente el de “El existencialismo es un humanismo”; Albert Camus, el de “El hombre rebelde”; Julio Cortázar, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez. Todos hablaban de “La ciudad y los perros” de Mario Vargas Llosa, de “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano. Además, encontré a los clásicos y modernos, a Balzac y a Gustave Flaubert, a León Tolstói, a quien había leído por gusto cuando iba a la secundaria (“Ana Karenina” había sido una iluminación). Nos adentramos en el Siglo de Oro: Miguel de Cervantes, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca y, también, en la poesía medieval. En la materia Hispanoamericana fuimos hallando a Octavio Paz, Jorge Luis Borges y César Vallejo a través de un excelente profesor, Octavio Corvalán, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán. 5 — ¿Tuviste otros profesores que valoraras tanto? LB — Sí: nuestro profesor de literatura italiana, latín y lengua italiana: Francesco Pagliaro, vicecónsul de Italia, un intelectual del Vaticano, graduado en Estudios Humanísticos en Roma y en la Universidad de Lovaina, quien había llegado a nuestro país luego de la segunda guerra mundial, en los cincuenta. Pagliaro nos guió por el camino de la cultura grecolatina, del mito, de la poesía, de la leyenda, de las claves de los estilos y las formas. Fue nuestro maestro. Nos acercó al mundo de Homero, Horacio y Virgilio en literatura clásica grecolatina, y a Petrarca, Dante Alighieri, Ugo Foscolo, Giacomo Leopardi, Giosuè Carducci, Luigi Pirandello, Eugenio Montale, Cesare Pavese, Giuseppe Ungaretti en literatura italiana. Esas lecturas siempre afloran en mi poesía, en especial en “Voluntad y otros poemas”, “El cazador” o “La travesía del cuerpo”. También reaparecen en la prosa, por ejemplo, en una novela que publiqué en 2008, “Las viñas del amor”, hipertexto de la novela pastoril, y que, ahora, me parece bastante artificial. En la universidad conocí a otro gran maestro, el profesor Carlos Giordano, de la Universidad Nacional de Córdoba, un crítico ya de extensa trayectoria que nos formó en literatura argentina y teoría literaria. Giordano había escrito en la “Historia de la literatura argentina” del Centro Editor de América Latina, los capítulos referentes al Grupo de Boedo y a la poesía social después de ese grupo. Él nos inició en la lectura y la crítica de la literatura argentina, desde Leopoldo Lugones, Evaristo Carriego, Borges, Macedonio Fernández, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Héctor A. Murena, Roberto Arlt, Cortázar, Ernesto Sábato, Manuel Mujica Láinez, David Viñas, Marco Denevi, pasando por Boedo y Florida, la poesía del cuarenta y del cincuenta… En teoría literaria estudiamos la línea marxista, Georg Lukács, Theodor Adorno, Arnold Hauser, Walter Benjamin y a los estructuralistas y post-estructuralistas, Umberto Eco, Roland Barthes y Tzvetan Todorov. Considerado un intelectual de izquierda, Giordano debió exiliarse en Italia en 1975 a causa de la persecución de la Triple A [Alianza Anticomunista Argentina]. Allá dio clases en la Universidad de Calabria, hasta su muerte, en 2005. Precisamente, mi novela “Fragmentos de siglo” es la ficcionalización de la figura de Giordano y sus alumnos. Se llama así porque la narración polifónica es fragmentaria, a través de recuerdos, diarios y papeles que van conformando un corpus. En esos años emprendí la bella y ardua tarea de leer a Marcel Proust, siempre mentado por Carlos Giordano. Mi madre fue quien me regaló varios de los tomos de “En busca del tiempo perdido”. Estos tomos, dedicados por su letra, son mi tesoro. La profesora Rosa María Grillo, de la Universidad de Salerno, leyó mi novela y consideró que podía publicarse en Italia. Y allá se difundió con el título de “Frammenti di un sécolo”, como homenaje al profesor Giordano, ampliamente reconocido en el ámbito académico italiano y europeo. En 2016 viajé a Calabria para el homenaje que se le brindara en el marco de IV Congreso de la Asociación Italiana de Estudios Iberoamericanos y la Universidad de Calabria, donde se presentó mi novela traducida por Rossella Carbone, bajo el cuidado de Rosa María Grillo. También fue presentada en el Instituto Italo-Latino Americano de Roma, en la Embajada Argentina en Italia y en la Festa della Letteratura di Salerno. La respuesta del público en general fue importante, y también la de los lectores del ámbito académico a través de reseñas, comentarios y tesis de grado. 6 — Ya otra novela tuya se había publicado en Italia. LB — En 2014: “Eva Perón, alumna de Nervo”, que había sido editada por la Biblioteca del Congreso de la Nación en 2010, en su Colección Bicentenario, y que apareció en Europa con el título de “Eva Perón, allieva di Nervo”. Fue traducida por Saúl Forte y salió también por Oedipus, que la distribuye por Feltrinelli y Mondadori. Las dos novelas llegaron a Europa de la mano de la crítica académica, que fue realmente muy generosa con mi obra. Debo recordar los abordajes de Fernanda Elisa Bravo Herrera, Liliana Massara, Nilda Flawiá, Karen Douglas de Alexander, Zulma Palermo, Rafael Gutiérrez, Alicia Poderti, Lucila Lastero, María Esther Gómez, Bertha Bilbao Richter y Santiago Hernández Aparicio; en Italia, de Rosa María Grillo, Carla Perugini y Rossella Carbone; en Francia, Claude Cymerman; en Cuba, de Mirta Yáñez y Juanita Conejero. La novela se presentó en varias universidades: Roma Tre, Milán, Venecia, Salerno, Nápoles, Viterbo y Centros Culturales de Capri y Avellino. Ir a Italia gracias a lo que escribí sobre esa gran mujer, fue cumplir con un mandato misterioso. Mi padre (que no era peronista) me había dejado, como dije, “La razón de mi vida” en su biblioteca, quizás para que allí descubriera a la extraordinaria Evita. Pero también conocí la patria de mis antepasados. Castelferro, en la provincia de Alessandria, donde nació Umberto Eco, la Isla de las Sirenas de Odiseo, o sea Capri, que acogiera a Marguerite Yourcenar y a Pablo Neruda, la ciudad de Viterbo, donde reposa la santa que dio nombre al colegio de monjas franciscanas de Salta donde cursé la secundaria, Pompeya, la de Leopardi y su estoica y bella retama, como las que perfumaron mis días infantiles en General Güemes. En Capri frecuenté a un grupo de escritores, arqueólogos, antropólogos e historiadores que me hablaron de Elena Hosmann, una fotógrafa argentina muy conocida por su libro de fotografías del Perú y Bolivia, “Ambiente de altiplano”, editado por el sello Peuser en 1945 y que representa una mirada artística, antropológica y étnica de la cultura andina. Elena Hosmann, nacida en tu ciudad, se había casado con Edwin Cerio, el escritor e ingeniero caprense, mecenas y anfitrión de Neruda en 1952. Esta pareja tuvo una sola hija, la célebre Letizia Cerio de Álvarez de Toledo, amiga de Borges, quien le dedica el poema “La noche que en el sur lo velaron” (“Cuaderno San Martín”) y la nota aclaratoria final de “La biblioteca de Babel” (“Ficciones”). Lo cual me permitió investigar sobre Elena Hosmann y concebir el volumen de cuentos y relatos “En busca de Elena”, en el que reúno también otros cuentos que había escrito desde 2010 y que publicó este año en tu ciudad Editorial Nueva Generación. 7 — ¿Alternaste siempre la escritura de poesía y narrativa? LB — Así es. E incursioné en el ensayo y la dramaturgia. La poesía se nos otorga, también la escritura de la narrativa, pero hay un espacio, un retorno en la narrativa que exige un programa, una disposición lógica que ordena lo que ofrece la idea germinal (llamémosle “inspiración”). Una vez que la idea se desarrolla en la mente, el cuentista o el novelista, escribe. Me ocurre que cuando escribo cuentos no tengo casi el final, la escritura “me lleva”, como decía Cortázar; en cambio, cuando escribo una novela, el comienzo (empezar) y el final (terminar), como señala Italo Calvino, se me imponen claramente. Entonces escribo. Escribí poemas en las servilletas de los cafés, en cuadernos de apuntes, agendas, cualquier papel a mano, donde pude. Pero volvía sobre los poemas (como aconseja Horacio Quiroga en el caso de los cuentos) y los reescribí. A veces no pude frenar el dictado de “la voz” poética y escribí y escribí. Me pasó con algunos poemas, que son instantes y desarrollo de esos instantes, como es el caso de “Febrero”, que constituye un libro concebido en un par de horas durante una mañana de lluvia, mientras esperaba en un café para entrar en el Colegio Nacional a dar clases. Descubrí que podía escribir poesía del instante, de las cosas y lo estrictamente circunstancial, testimonio inmediato, mirada minuciosa de la existencia y la realidad. Podía escribir de todo: del agua que corre en las aceras y que arrastra tapas de plástico, restos de cartón, objetos desechados e inútiles, del rostro de una estatua cubierta por el verdín, de una rama seca, del café que bebía. Pero también advertí que la narrativa, la novela y el drama cabían en el poema, o, mejor dicho, el poema les brindaba su soporte. A la inversa, descubrí que mis novelas provenían de la poesía y que la poesía me permitía contar. O sea, pude transitar de la poesía a la narrativa y viceversa. 8 — En una respuesta anterior te referiste un tanto a cuando “corrían los años ‘70”. ¿Qué más pasó, te pasó o “recorría” en aquella década? LB — Fueron tiempos de aprendizaje y desgarro. Numerosos amigos míos desaparecidos, algunos fueron torturados, otros asesinados, varios se exiliaron. Soñábamos con un mundo mejor. Cierro los ojos y recuerdo las clases y las asambleas, las manifestaciones y los estribillos contra el imperialismo y la injusticia social. De por entonces, como ya dije, surgió mi segunda novela: “Fragmentos de siglo”. Casi estaba recibida de profesora en Letras cuando conocí a quien es mi marido, compañero y camarada de causas comunes en el camino de las letras y la vida, Antonio Gutiérrez. Él es de una ciudad del sur de la provincia de Córdoba, una ciudad de llanura, Bell Ville. Me gusta mucho Bell Ville, su río Tercero (Carcarañá), sus avenidas, sus amplias aceras, su gente. Fue tierra de gauchos y de inmigrantes, en especial italianos, y parece (como muchas otras ciudades de la llanura) una ciudad europea. Entonces llegué al corazón de mi existencia pues nació nuestra única hija, María Verónica del Carmen, una hija que pronto abrazó nuestra causa, la literatura, y cursó la carrera de Letras. En esa época, ya en los ‘80, compartíamos las experiencias literarias con un grupo de poetas. Nos reuníamos semanalmente en nuestra casa. Publicamos el volumen colectivo “Manifiesto poético” en 1986. Luego formamos el Grupo Retorno (Nancy García, Luis Ferrario, Antonio Gutiérrez y yo). Con el nombre “Retorno”, que alude a mi primer poemario, editado en 1979, publicamos plaquetas, cartillas y libros. Nos interesaba el libro como objeto, por lo que pedimos la colaboración de artistas plásticos: Rosa Gallardo, Guillermo Pucci, Telma Palacios, Adriana Acosta, Mario Vidal Lozano, Anny Cuevas y otros pintores que ilustraron poemas y las cubiertas de nuestras ediciones. Fueron años intensos, de lectura y compromiso. Buenas acogidas nos concedieron poetas mayores, no solamente por edad, sino por su calidad poética, como Raúl Aráoz Anzoátegui y el crítico académico Guillermo Ara. El grupo no sólo se denominaba “Retorno” en alusión a mi libro: también por la intención explícita de volver a una poesía más clásica, que se alejara del vanguardismo y el hermetismo. Cada integrante fue perfilando su camino. Antonio y yo proseguimos en la escritura de poesía y narrativa, aunque él alternó más con el ensayo y el estudio psicoanalítico. Nuestras lecturas de poesía eran amplias y variadas, desde los españoles del ‘98 y del ‘27, a los norteamericanos del siglo XX, pasando por el simbolismo y el surrealismo, hasta Borges, los latinoamericanos como Vicente Huidobro, Vallejo, Roque Dalton y Ernesto Cardenal, y argentinos como Oliverio Girondo, Edgar Bayley, Alejandra Pizarnik, Enrique Molina, Alberto Girri, Raúl Gustavo Aguirre, Olga Orozco, Roberto Juarroz, y Joaquín Giannuzzi, además amigo, pues siempre veraneaba en Campo Quijano junto a su mujer, la novelista Libertad Demitrópulos. 9 — ¿Y en los ‘90? ¿Y aun después? LB — Formé un taller de escritura e incursioné en la crítica literaria. Publiqué reseñas y comentarios en diarios y revistas. También elaboré varios ensayos, algunos inéditos como “Azahares y cólera”, “La poesía despojada”, “La Divina Comedia, una teoría actual de la poesía”, lo que me dio pie para el trabajo que presenté con Antonio Gutiérrez en el Congreso de Dante Alighieri en América Latina en 2004, y que fue socializado por la Univesità degli Studi di Cassino, Italia, y por último “Las negaciones de Borges: amor, ideología y novela”. Del que acabo de citar, la revista “Casa de las Américas” en su número 266 (enero-marzo, 2012), incluyó uno de los capítulos en forma de artículo: “El peronismo o el espejo monstruoso de Borges”. El taller literario fue otra revelación. La trasmisión de la poesía y la narrativa se dio en ese ámbito de lectura y conversación, de modo casi misterioso. Más tarde, desde 2001, el taller se convirtió en seminarios y cursos. Opino que la tarea del escritor también es la de difundir la literatura a través de la docencia. La literatura me llevó a los orígenes, a Italia, la patria de mi abuelo. A donde residen los héroes que mis maestros me nombraron: Dante, Giovanni Boccaccio y Leopardi, el de “La retama” del Vesubio. Pero los fantasmas siempre asaltan: me seguirán asaltando. Italo Calvino habla de “visibilizaciones”. Llegan otros fantasmas. Finalicé una novela sobre Michele Puccini, hermano de Giacomo Puccini, que vivió en la provincia de Jujuy a fines del siglo XIX; un personaje romántico, digno de las óperas de su hermano. Es una novela fantasmática que surgió no solamente por mi admiración a la ópera, sino porque encontré casualmente (causalmente) un gran parecido físico entre Michele Puccini y mi abuelo Giovanni Bellone. 10 — Publicaste ensayos y crítica literaria en numerosos medios, pero no los reuniste en algún volumen. ¿Sucederá?… ¿Cuáles serían tus libros concluidos y aún no editados? ¿Planeás alguna otra novela? ¿No volviste a incursionar en la dramaturgia? LB — Permanece, sí, inédito el ensayo sobre Borges y sus negaciones: o sea, el amor, las mujeres, la novela y la ideología. Ya sabemos que la cuestión del “otro” es determinante en Borges, el semejante, el “otro” del espejo, el de la relación dual e imaginaria de amor y odio: que es a partir de lo que abordo su narrativa y su poesía. Es posible que en algún momento reúna los ensayos y crítica literaria en un volumen; es una gran idea y un gran desafío, Rolando. Además de “Michele. La ópera no escrita de Giacomo Puccini”, a la que ya me referí, tengo inéditos cuatro poemarios: “El viaje y la palmera”, “El infierno de los amantes crueles”, “El pez” y “La costura de Hortensia” (Diploma de Honor “Carlos Alberto Débole”, 2013). Algunos textos de esos libros aparecieron, entre otros medios, en la revista “El Hipogrifo” de Roma, en el suplemento literario del diario “Pregón”, de San Salvador de Jujuy, que dirigió durante años el poeta Néstor Groppa y luego la escritora Susana Quiroga, en los suplementos literarios de “El Tribuno”, “Punto Uno”, y en “El Intransigente” de mi provincia, que dirige el escritor Ricardo Federico Mena. Estoy recopilando material para una novela histórica sobre José de San Martín, centrada en la etapa de su estadía en Lima, antes del desenlace de Guayaquil. Quizá éste sea el secreto para poder seguir escribiendo, los fantasmas o los sueños diurnos, como señala Freud, esos sueños con los ojos abiertos, lugar de cruzamientos, velo último que recubre lo que los poetas descubren: al que no se accede, que apenas se puede vislumbrar y del que retorna mortalmente herido, ya sin ser el mismo, ese lugar que es el lugar de lo real, la no palabra, el agujero, lo que nos precede y lo que nos sucederá, como en la naturaleza, como en el universo. En cuanto a textos teatrales, si bien es cierto que incursioné en ellos en mi juventud, no es un género al que regresé. Salvo en “…y sonaba el minué”, una pieza dramática bastante crítica y mordaz sobre los prejuicios provincianos. De todos modos, en algunas de mis novelas, intercalo secuencias teatrales, como en “Eva Perón, alumna de Nervo”, donde hay un diálogo entre Eva Perón, la Primera Dama y Evita, la militante. La dramaturgia ofrece una concentración temporal inherente a su finalidad, que es la puesta en escena; hay que escribir para una o dos horas de representación. Lope de Vega concebía en una noche una pieza teatral. Esa temporalidad condensada, cercana a la poesía, una especie de presente constante, es lo más atractivo de la escritura dramática. 11 — ¿Así que “después de escribir la novela “Augustus” me reconcilié con mi entorno familiar y con la sociedad salteña”?… LB — En un comienzo sentí esa reconciliación, pero, con el tiempo, me di cuenta de que era transitoria. Tal vez, por ser la primera novela, hay una especie de exorcismo de fantasmas familiares y sociales. Esos fantasmas se van desplazando a otros espacios y otras historias; así surgieron los relatos sobre los años ‘70, sobre la vida de Evita, etc. Escribí “Augustus” en 1984. La presenté en varios concursos de la provincia, entre ellos el de una Fundación de un conocido Banco; era un Premio Regional, y el jurado optó por las escrituras más tradicionales y las temáticas aceptadas por el imaginario lugareño. También procuré publicarla a través del apoyo oficial, pero sin éxito. “Augustus” era (y es) una obra demasiado crítica sobre el ámbito provinciano. Marzena Gregorcyk, profesora y crítica norteamericana, me sugirió presentar el libro en la Casa de las Américas. Cuando me enteré que había sido premiado por la Casa, te imaginarás cuán sorprendida quedé. En Cuba —ya lo dije— había encontrado a mis lectores. 12 — Destacan en tu historial de reconocimientos aquellos que te fueron concedidos (Huésped de Honor, Diplomas de Honor, homenajes, ediciones y premios) no sólo por entidades privadas sino también municipales, provinciales y nacionales. LB — Son gratificaciones que, de alguna manera, actúan como incentivos para proseguir la tarea de escribir, una tarea solitaria. También implican una devolución de lectura y recepción de parte de la sociedad, la destinataria, en última instancia, de lo que se escribe. 13 — ¿Tuviste ocasión de conversar con el presidente de la Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar? ¿Qué diálogos han quedado en vos como atesorables? LB — Conocí a Fernández Retamar en la Feria del Libro de Buenos Aires en 1993, cuando me entregó el Premio Casa de las Américas. Ese mismo año, él publicó “Fervor de la Argentina” en la Editorial Colihue, donde se reúnen las voces que se anticiparon en su “Calibán” (de 1971), o sea Borges, Sarmiento, Martí, con el advenimiento de Ezequiel Martínez Estrada, César Fernández Moreno, Julio Cortázar y Leopoldo Marechal. Luego volví a encontrarlo varias veces en La Habana, y de sus conversaciones recuerdo de nuevo las alusiones a Borges, a quien reverencia, a pesar de haber sido muy crítico de su literatura en “Calibán”, ya que lo consideraba “patéticamente fiel a su clase”. Sin duda que la calidad de la escritura borgeana se impone por sobre ideologías y Fernández Retamar valora en este punto al maestro. En muchas ocasiones también charlé con Joaquín Giannuzzi, quien, como algo ya anticipé, solía veranear en Campo Quijano, llamado el Portal de los Andes, pues se ubica al inicio de la ruta que lleva a Socompa, un paso andino que une la ciudad de Antofagasta, en Chile, con la provincia de Salta. Él nos transmitió su manera peculiar de ver la vida y la poesía, y sobre todo su ética con la escritura. El personaje Joaquín De Gennaro, uno de los narradores de “Eva Perón, alumna de Nervo”, está inspirado en Giannuzzi. 14 — ¿Por qué escribir una novela sobre Eva Perón? LB — Estás apuntando al título de la conferencia que ofrecí en el Centro de Estudios Martianos de Cuba en 2013. Sobre Eva Perón ya se ha escrito mucho; por lo que pensé en mostrar los aspectos desconocidos de su historia. Indagué su infancia, su juventud, sus lecturas, los poetas a quienes recitaba, su relación con la madre y los hermanos, los años difíciles en Los Toldos y en Junín, y traté de rescatar a un ser de carne y hueso. El hilo de Ariadna fue Amado Nervo y su poesía mesiánica, modernista y estoica, poesía de la que Evita era asidua lectora. Desde pequeña, en la escuela, ella recitaba los poemas de Nervo, casi siempre cargados de un tánatos y un espíritu sacrificial que luego se concretó en su vida. Por eso, se puede arriesgar la siguiente afirmación, que sería el sustento de la novela: la existencia de Eva Perón está escrita en la poesía de Amado Nervo. Al comenzar a concebirla se me planteó la cuestión del ritmo narrativo. Ya en “Augustus” sentía la cadencia entrecortada de “Pedro Páramo” de Juan Rulfo y el sonido continuo de “Las olas” de Virginia Woolf. En “Eva Perón, alumna de Nervo” se impuso el ritmo poético. Con el devenir de la escritura me di cuenta de que predominaba la musicalidad del soneto. La novela está estructurada en cuatro partes concatenadas que se entrelazan y repiten como en esa composición métrica. Seguramente en Italia, esa cadencia se hizo audible por las oraciones cercanas al endecasílabo. Por eso opino que la versión italiana es más rica desde el punto de vista sonoro. 15 — De un narrador a otro en la novela “Leviatán” de Paul Auster: “—He llegado a un punto en el que ya no sé qué estoy haciendo —dijo—. No sé si es bueno o malo. No sé si es lo mejor que he hecho nunca o si es un montón de basura.” ¿Alguna vez estuviste cerca de sentir algo así? LB — Una suele dudar a veces de lo que escribe, pero siento que mis libros son creaturas engendradas por mis deseos y fantasías, por lo que los amo a pesar de percibir por ellos cierto sentimiento de extrañeza. Las creaciones de un escritor son producto de él mismo y de quienes lo han precedido en la vida y en la literatura, por lo tanto, no podría considerar todo eso como basura, aunque nuestro ser pueda transmutar y transmutarse en desecho. El receptor, siguiendo a Umberto Eco, que es quien pondrá sentido a las producciones literarias y artísticas en cooperación con el escritor, es el que decidirá el lugar de vanguardia, museo o historia a donde se dirige la escritura y, por qué no, también el lugar del olvido, del residuo, del borramiento y del desecho. Si bien a veces una piensa que lo escrito no reviste mayor valor y a pesar de que en un momento de mi vida destruí algún manuscrito, ahora siento una especie de compasión por esas producciones: tal vez sea autocompasión. 16 — ¿Creés en el azar? (Y me hago cargo de que pudieran vos u otras personas llegar a opinar que preguntar esto a un escritor es estúpido.) LB — Causalidad y azar parecieran ser los dos fundamentos de la realidad, opuestos y excluyentes entre sí, pero que se combinan en el entretejido de la literatura de manera asombrosa y, diríamos, misteriosa. Lecturas, interpretaciones, escrituras y reescrituras se rigen por las leyes de la causalidad, de modo tal que los encuentros casuales no son tales. Escribimos movidos por esas causalidades que aparecen vestidas de azar, pero en realidad escriben en nosotros la literatura y la historia que nos hablan. Lectura-escritura en una banda de Moebius infinita, interceptada por la vida misma. Borges me llevó a Dante, Dante a Leopardi y su retama, encontré esa retama en Pompeya, que es —salvando los siglos de distancia y otras cuestiones— como nuestra perdida Esteco, hundida por los sismos de 1692, cuando la ciudad de Salta casi se hunde también. Por ese camino fui a Capri, encontré a Elena Hosmann, personaje de “En busca de Elena”, relato con el que titulo mi último libro y que en abril presenté en La Habana. Elena Hosmann era la esposa del escritor e ingeniero caprense Edwin Cerio, el anfitrión de Neruda en 1952 (recordar la película “El cartero”, dirigida por Michael Radford, filmada en las islas del Tirreno, donde bogara Odiseo, basada en la novela “Ardiente paciencia” de Antonio Skármeta, nacido por estas latitudes cercanas a los Andes, en Antofagasta, donde el mar azul y la arena blanca se parecen al mar de Grecia). Elena ya estaba en “Augustus”: Elena Campassi (por la reina de Italia, la esposa de Víctor Manuel) y por Santa Elena, cuya fiesta es el 18 de agosto. Elena Campassi, nacida un 18 de agosto, igual a Elena Hosmann, igual a Malva Marina Reyes, la pequeña hija de Neruda, ahogada en su hidrocefalia. 18 de agosto, día en que murió Balzac, leído por los personajes de “Augustus” (Augustus-Agosto, mes del Emperador, Augustus-Augurio, mes de viento y tierra en Campo Santo-Comala, mes del estío en Europa, de terremotos y lava como el 24 de agosto del año 79 d. J. C., en que explotó el Vesubio —en 2016 el terrible terremoto que asoló gran parte de Italia fue también un 24 de agosto—). Los personajes de la novela evocan a “Eugenia Grandet” de Honoré de Balzac, que representa a una triste provinciana, encerrada en su aldea. Balzac murió el 18 de agosto de 1850, un día después que José de San Martín, en Francia. San Martín, que leía en francés, casi su segunda lengua, debe de haber leído a Balzac. En agosto nació Borges (24 de agosto, fecha que rememora la “Noche triste de San Bartolomé” en Francia). Fechas y nombres: Elena o Helena de Surgère, que promoviera “Los sonetos para Helena” (1574), de Pierre de Ronsard, que es epígrafe de “El cuaderno de tapas azules” (en homenaje a Leopoldo Marechal y a “Zibaldone de pensamientos” de Giacomo Leopardi) de mi novela “Fragmentos de siglo”, es también la de Pablo Neruda, en “Nuevo soneto a Helena”. Fantasmas, reconstrucción de fantasmas (“El escritor y sus fantasmas”, “Los fantasmas de Flaubert” de Ernesto Sábato, “El poeta y los sueños diurnos” —fantasmas o fantasías— de Sigmund Freud), fantasmas dentro de fantasmas, trabajo del escritor. Como dice Borges, nuestras nadas poco difieren, pues somos fantasmas atravesando la eternidad. 17 — ¿“Restituir a su legítimo dueño”, “Sopesar los pros y los contras”, “No abusar de la confianza”, “Desplegar la creatividad” o “Derivar a quien corresponda”?… LB — Sabemos que el signo lingüístico se completa con lo que llamamos entorno y contexto, o sea las circunstancias particulares y concretas (materiales y lingüísticas) que rodean y constituyen un acto de habla, en el que se ubican emisor y receptor. Ésta, creo, es la razón por la cual muchas expresiones toman su verdadero sentido según el momento en que se dicen, quien las dice y a quién las dice. “Restituir a su legítimo dueño”, es “per se”, bastante elocuente, como lo indican las cargas semánticas de las palabras “restituir”, “legítimo” y “dueño”. Como en la poesía, hay palabras más fuertes, “palabras-cosas” que viven y tienen espesor por sí mismas. Necesariamente, se significa y resignifica desde el contexto y el campo semántico desde donde se articula el mensaje. 18 — En poesía, como en otros campos, hay quienes —vos misma, Liliana, antes, en esta conversación— consagran como “maestros” a determinados exponentes. Imagino que, por ejemplo, designarías de este modo a los siguientes poetas: el chileno Pablo de Rokha (1895-1968), el brasileño Carlos Drummond de Andrade (1902-1987), la peruana Blanca Varela (1926-2009), el argentino Mario Trejo (1926-2012), el paraguayo Elvio Romero (1926-2004). LB — Sin duda, los cinco poetas que nombrás, figuras luminosas en el mapa de la poesía latinoamericana, inmersos y productos de la primera parte del siglo XX, y que han vivido intensamente su época, que han “peleado” con la palabra y con su tiempo, son dignos de ser considerados “maestros”. Por cercanía de concepciones y de temas, por ser tan evocados por otros colegas míos, tendría que nombrar a Mario Trejo, y a Elvio Romero, amigo de mi comprovinciano Raúl Aráoz Anzoátegui. Elvio Romero, con su voz que es el eco de Rubén Darío, de Amado Nervo (el poeta mexicano continental y que todos leían en revistas y en ediciones económicas), de Federico García Lorca y de Walt Whitman. Elvio Romero era modesto y de modos sencillos, era un hombre de la poesía… * Liliana Bellone selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista: Mujeres de Argel en su casa (Delacroix-Óleo-1834) Por los remotos caminos del desierto Vendrían sus sueños A poblarles el silencio embriagado de sándalo y de incienso. —Tal vez, la dulce rosa no dormía en la oreja Sino que amasaba un gusano largo y verde— La sombra de las miradas ha ido acariciando el tiempo Y lo han llenado de un polvo aterciopelado Asfixiante y eterno. Ellas cerraron sus puertas y se quedaron En su tumba de quietud Repugnante Y muerta. (de “Retorno”, 1979) * dulcia linquimus arva hay un lugar hermana donde las tardes se deslizan silenciosas un lugar hermana donde las manos se entrelazan para aguardar la cena de pescado para no escuchar los ultrajes del tiempo una loza que se rompe cierta arruga en la frente nada se escucha sólo el atardecer y los eucaliptos que se mecen ajenos. (de “El cazador”, 1991) * de las novelas ejemplares has huido conmigo me has raptado cruelmente pero tornarás a esta alcoba donde me amaste yo vi la luna y el jardín anhelé la prisión enciérrame hombre cruel cien veces cruel tu leocadia te implora (De “La travesía del cuerpo”, 1992) * Le temps retrouvé Ya no está la casa con enrejados Y el muñeco de porcelana Que elegí en Casa Arrozarena Para Reyes Tampoco está el traje verde mi padre Ni sus moñitos azules y grises Ya no están sus sombreros Ni su lapicera fuente Ni su letra cuando corregía Las interminables tareas de los alumnos No están los días claros y la ventana Con dalias y crisantemos Como en la foto con mi hermano En aquellos gloriosos cinco años No están las siestas y los helados Y mis padres del brazo Como dos actores de cine Y yo mirándolos Yendo a la plaza A la Confitería Bambi A tomar una naranjada En esos veranos gloriosos De los cinco años. (“La costura de Hortensia”, inédito) * La costura de Hortensia Cose Hortensia En la galería con geranios cose y recuerda la tarde Cuando la llevaron a visitar a su abuela Una tarde con geranios Y la abuela cosía con hilos De colores una alfombra rara Para volar En esos años las tardes Y los días eran largos muy largos Hortensia cose con hilos blancos Los volados de su blusa de organdí Han caído al piso cintas Puntillas y dedales Vienen desde el túnel del tiempo Su tía Y su bisabuela Perfumadas En un coche tirado Por caballos negros Un coche extraño que ella veía en un corredor Donde había otros coches Pomposos Porque eran tiempos De pompa Y había que inclinarse Como lo hacía la abuela Con su sonrisa blanca Y sus manos como husos Que cosía y cosía Junto a Carmen que cosía y bordaba Con hilos celestes como si fuesen Hilos de luna El verano me ha traído un recuerdo Piensa Hortensia Pero también El olor de la tierra mojada En febrero Las manos de Crisóstomo Sobre mis dedos Que jugaban un anochecer Crisóstomo Voy ahora casi azul Con mis venas de nada A tu encuentro Sobre un horizonte de capullos Pierdo pie y caigo A la laguna Donde bogan patos salvajes ¿De dónde llega Este olor A tierra mojada? Hace mucho calor Hortensia En febrero Hay truenos El jazmín atribula el aire Duérmete Liliana (De “La costura de Hortensia”, inédito) * Orlando CRECEN VARAS DE AZUCENAS… Como las vidas Siglo XVIII Te gustaban las danzas Corteses y un collar de oro y peras Con una coronita de brillantes Y las rosas Llegaste a los treinta años Pobre niña Tu abuela a los treinta y ocho Una bisabuela a los cuarenta y dos Una amiga de la infancia A los veinticinco Siglo XIX Al son del clavicordio Bailaste Una prima se murió de amor La sepultaron en una cripta Con vitrales góticos Tu hermana llegó a la vejez Cerca de los setenta y cinco Era una anciana blanca Y fría Como la luna Siglo XX Cuando Lugones la conoció Escribió el cuento “Abuela Julieta” Algunos dicen que la amó En su fantasía de poeta Tu madre recordaba Otras épocas Abanicos y abuelas austeras Vestidas de negro Con relicarios de plata Sobre el pecho Y que posaban tiesas en sus corsés Para las fotografías Tu madre se había casado en 1910 con un inmigrante italiano En la iglesia de un pueblo antiguo Entre las montañas Su traje era de raso bordado Y seda Belladurmiente Vas hacia Titón en Neptuno Te conviertes en oruga En una orquídea Gigante En la oreja de la mujer Del cuadro de Delacroix Que fascinaba a Baudelaire A esperar el amor que viene Desde el desierto A la penumbra Y a la muerte Tal vez la dulce rosa no dormía en la oreja Sino que amasaba un gusano largo y verde. (de “La costura de Hortensia”, inédito) *Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Salta y Buenos Aires, distantes entre sí unos 1500 kilómetros, Liliana Bellone y Rolando Revagliatti. Liliana Bellone nació el 10 de febrero de 1954 en Salta, ciudad en la que reside, capital de la provincia homónima, la Argentina. Desde 1977 es Profesora en Letras por la Universidad Nacional de Salta, en cuya carrera de Letras de la Facultad de Humanidades y en el Consejo de Investigaciones se ha desempeñado entre 1980 y 1990. También ha ejercido la docencia en otras instituciones. Además de primeros premios en los géneros cuento, poesía y dramaturgia, obtuvo en 1993 el Premio Casa de las Américas de Novela (La Habana, Cuba). Participó en numerosos congresos y encuentros de escritores en varias provincias de su país, así como en Bolivia, Cuba e Italia. Entre otras antologías ha sido incluida en “Cuatro siglos de literatura salteña” (selección de Walter Adet, 1981), “Poesía de la mujer argentina” (selección de María del Carmen Suárez, 1986), “Premio Casa de las Américas. Memoria” (selección de Inés Casañas y Jorge Fornet, 1999), “Leer la Argentina (NOA)” (selección de Graciela Bialet y Mempo Giardinelli, 2005), “Antología Federal de Poesía. Región Noroeste” (Consejo Federal de Inversiones, 2017). Libros publicados: dramaturgia, “…y sonaba el minué” (Premio de la Provincia de Salta, 2010); cuentos, “El rey de los pájaros” (1992), “De amores y venenos” (1998), “De la remota Persia y otros cuentos” (2004),“Estas que fueron pompas y alegría” (2007),“En busca de Elena” (2017); novelas, “Augustus” (Primer Premio Casa de las Américas, Cuba, 1993, con segunda edición en 1994 y tercera edición en 1995), “Fragmentos de siglo” (1999), “Las viñas del amor” (2008), “Eva Perón, alumna de Nervo” (Edición del Congreso de la Nación Argentina, Colección Bicentenario, 2010; 2ª edición en 2012); poesía (entre 1979 y 2006), “Retorno” (Premio Provincial de Poesía 1977), “Convergencia”, “Elegía en primavera”, “El cazador”, “La travesía del cuerpo”, “Voluntad y otros poemas”, “Febrero”. En italiano, con traducción de Saúl Forte y prólogo de Rosa María Grillo se publicó en 2014 “Eva Perón, allieva di Nervo” y con traducción de Rossella Carbone en 2016, “Frammenti di un secolo”, ambas novelas a través del sello Oedipus, de Salerno-Milán, Italia.