viernes, 31 de marzo de 2023
A seis décadas de Rayuela
A seis décadas de Rayuela
En busca de sus raíces en el pensamiento oriental
Rayuela es la segunda novela de Julio Cortázar, escrita y publicada en París el 28 de junio de 1963 ya que el autor se encontraba trabajando como traductor para la UNESCO en esa ciudad después que llegara a Francia en 1951. Antes ya había publicado libros de poesía y cuentos en la Argentina y en 1960 la novela Los premios, aunque era muy poco conocido en el campo literario.
En la década de 1960 la posmodernidad y la deconstrucción ponían en crisis el arte y el pensamiento occidental, ahondando un proceso iniciado con las vanguardias artísticas de la década de 1920. Es en ese contexto de transformaciones y debates estéticos y filosóficos en el que se publica esa segunda novela del -hasta entonces- casi desconocido escritor argentino “anclao en París”-, Julio Cortázar.
Por aquellos días, en el campo literario se había iniciado un proceso de descubrimiento de la literatura latinoamericana por la tarea de un grupo de novelistas que tuvieron un gran impacto entre los críticos y con un gran índice ventas, por lo que fue llamado el “Boom de la novela latinoamericana”.
¿Qué hizo tan especial a Rayuela en ese contexto?
En medio de ese Boom de historias que develaban una América extraña al pensamiento racional que había dominado a Occidente, Julio Cortázar extendía un puente entre Europa y América o, más específicamente entre París y Buenos Aires, aunque ello implicara poner en crisis a la misma lógica del relato que había consolidado la forma de la novela en el siglo XIX y la había mantenido estable –salvo por algunas excepciones- hasta mediados del siglo XX.
Consideramos que en la construcción de Rayuela hay un principio del pensamiento de extremo oriente plasmado en la meditación zen y en la lectura del I Ching.
Rayuela con total sinceridad comienza con una advertencia “A su manera este libro es muchos libros…” Si tan sólo hiciéramos caso a ese llamado de atención nos hubiéramos ahorrado frustraciones al tratar de abordar el libro como si fuera una novela, tal como la entendíamos desde hacía más de un siglo.
Desde nuestra experiencia de lectura entendemos que la crisis provocada por Rayuela va más allá del campo literario, pues la sola postulación de un modo de construcción textual que rompe la lógica del relato se sitúa en un punto crucial del pensamiento occidental.
Para aclarar esta posición voy a llevar a cabo una brevísima revisión de la importancia del relato como forma de pensamiento para la búsqueda de sentido desde la mentalidad occidental.
En el principio de cada cultura hay libros fundantes, como la épica que se remonta a los relatos escritos a partir de narraciones orales repetidas y reelaboradas por varias generaciones hasta que apareció la escritura como una tecnología capaz de independizar al relato de sus declamadores. Así llegaron hasta nuestros días la Ilíada y la Odisea que sustentaron al mundo antiguo y cuando este colapsó, la cultura requirió una refundación y así surgieron nuevos relatos orales con sus narradores, hasta que la escritura volvió a intervenir para que llegaran hasta nuestros días La Chanson de Roland y el Cantar de Mío Cid.
Sin embargo, hay relatos que los preceden y, más aún, los sustentan; me refiero a libros compuestos de modo similar y sacralizados por quienes sintieron que a través de ellos se comunicaban con Dios. Tanto la Biblia como Al Curam, La Torá son muchos libros en formato de uno, pero son conjuntos de textos de distintas índole y autoría, ordenados por el acuerdo de una comunidad sacerdotal.
En la primera mitad de siglo XX hubo un progresivo acceso a la cultura oriental fue develando al Occidente formas de pensamiento diferentes que también se sustentaban en libros ancestrales, pero a diferencia de los libros occidentales, no eran relatos, no se organizaban de un modo causal consecutivo de acciones y reacciones ordenadas espacial y temporalmente.
El libro central de la cultura china es el I Ching o libro de las mutaciones , formado por un conjunto de sentencias o aforismos que se pueden combinar aleatoriamente para el lector que los consulta en busca de una respuesta personal. De modo que el lector construye su propio libro, nuevo y distinto a partir de las posibilidades combinatorias. No hay relatos detrás de otros, hay múltiples posibilidades.
Cuando Julio Cortázar escribe Rayuela combina la posibilidad de los relatos con la potencialidad combinatoria. Puso en práctica la tradición de la búsqueda de sentido occidental con la oriental. Por lo tanto, Rayuela no es un solo libro sino muchos libros, tantos como el lector se atreva a armar a partir de las posibilidades combinatorias que ofrece el texto.
A lo largo de los capítulos hay referencias al pensamiento oriental, tanto de modo explícito como implícito, por ejemplo en el Capítulo 73 cita el principio taoísta del Ying y el Yang y luego, de un modo más sutil, al referirse al acto de observar insistentemente un tornillo, lo entendemos como una representación de la meditación y la enseñanza zen, a través de los mondos y kohans .
Sin embargo, para tranquilizar a los lectores más tradicionales, el libro puede ser leído como una novela. Podemos, como lectores activos, recortar una parte del libro y leer una novela para tener la certeza de que estamos frente a una novela, pues el texto –así como se propone ser muchos libros- también propone múltiples lectores. Como uno de esos mecanismos está la lista de lectura sugerida, que –tal como lo enuncia- está “sugerida”, para que quienes se aproximen al texto tengan un asidero en el momento de encarar su experiencia lectora.
Varias de las personas con las que conversé declararon sus frustrados intentos por leer Rayuela y descubro que se debe a que no hicieron caso a las advertencias en los paratextos del mismo libro que –en la mayoría de la veces- preferimos obviar. Allí están todos los avisos, para comenzar “A su manera este libro es muchos libros…”
Tal como decía Jorge Luis Borges: la literatura es un juego, pero hay que jugarla en serio como juegan los niños. La Rayuela es un juego muy popular entre los niños argentinos –o lo era- y –como nada es asaroso en la literatura- el título es la primera indicación de que estamos ante un juego, más de habilidad que de asar, en el que hay que acertar en los casilleros adecuados para avanzar hasta llegar al cielo.
Para quienes lo han intentado y se han visto frustrados y para quienes aún no lo han intentado, los invito a comenzar el juego, atendiendo a las indicaciones que da el mismo libro y para quienes aprecian reflexionar desde la literatura les recomiendo un recorrido por las “Morelianas” , aquellas en las que Morelli practica una escritura fragmentada y descartable en papelitos que otros recogen para salvarlos, tal como sucedía con Macedonio Fernández y sus jóvenes discípulos martinfierristas.
Rafael F. Gutiérrez
Prof. Adjunto de
Literatura Argentina U.N.Sa.
31/03/2023
Raúl Aráoz Anzoátegui en el centenario de su natalicio
Raúl Aráoz Anzoátegui y su cruzada de las letras
Raúl Aráoz Anzoátegui nació un 31 de marzo de 1923 en Salta y desarrolló su actividad literaria y cultural hasta principios del siglo XXI cuando nos dejó una 20 de octubre de 2011, después de una larga trayectoria jalonada por reconocimientos de distintas instituciones educativas y culturales del país. Aunque para la mayoría de los lectores su nombre se relaciona inmediatamente con La Carpa.
“La Carpa” fue un grupo de jóvenes del NOA que se reunieron en Tucumán porque en esas décadas del siglo XX la única universidad de la región era la UNT y los jóvenes que aspiraban a estudios superiores tenían necesariamente que desplazarse hacia allí. En ese ámbito de estudios, propicio para la reflexión los jóvenes se conocieron, compartieron conversaciones, intereses, música y lecturas en tertulias a las que la casa de Raúl Galán brindaba el espacio adecuado. En ese ambiente fue que se les dio forma a un plan de campaña para la transformación de la cultura desde ese polo en el NOA y como símbolo de esa empresa eligieron la figura de una carpa de campaña de las cruzadas medievales. A fin de cuentas, la suya era toda una cruzada.
Dentro de esa tienda de campaña simbólica escribieron su famoso “Manifiesto” como una declaración de principios afirmando que la poesía tiene un deber ser y por ello no dudaron en confrontar osada y valientemente con la generación que les precedía. Creían firmemente en que la palabra poética debía tener belleza, afirmación y vaticinio, aún fieles a esos principios no descuidaron el tratamiento estético sobre el lenguaje al momento de expresar su pensamiento y proyectar el futuro, no sólo literario sino también social.
Si bien los miembros de La Carpa se desperdigaron, siguieron fieles a su manifiesto y desde cada uno de los lugares geográficos por los que la vida los llevó, continuaron con la campaña que iniciaron de la década de 1940.
Raúl Aráoz Anzoátegui fue uno de los miembros fundadores de ese movimiento tan significativo en el desarrollo de las letras argentinas. Desde su ámbito familiar accedió tempranamente a la literatura pues su padre fue Ernesto Aráoz, el político, periodista y escritor que legó a las letras de Salta una serie de entrevistas ficticias realizadas por el, no menos ficticio, periodista Espirideo Tintilay al Diablito del Cabildo.
En Salta Raúl Aráoz Anzoátegui comenzó a escribir desde los trece años y a publicar desde los diecisiete en los diarios locales, hasta que en 1941 participó en el certamen poético organizado por el gobierno de la Provincia de Buenos Aires en homenaje a Juan Lavalle, en el que obtuvo el primer premio por su poema “Elegía a Lavalle”.
Luego de trabajar para los diarios El pueblo y El Intransigente de Salta, también lo hizo para el prestigioso diario La Nación de Buenos Aires, que oficiaba como uno de los órganos consagratorios para los escritores argentinos.
Prontamente publicó Tierras altas (1940-1945) con el auspicio de sus compañeros de La Carpa y el apoyo de sus padres, a quienes dedica ese primer libro, en cuyos epígrafes, citas y dedicatorias podemos reconocer claramente cuales fueron las lecturas que compartieron en su formación los escritores nucleados en torno a La Carpa.
La temática que se despliega en ese poemario lo vincula a una tradición que lo precede sobre la poetización de América, su gente y sus referentes provincianos; el sentimiento puesto en el sujeto amado, en el tiempo evocado y en los paisajes referidos responden a lo que la crítica ha denominado neorromanticismo, característico de la generación del cuarenta en la Argentina. Sin embargo, lejos de evadirse sólo en la temática amorosa y en la evocación del tiempo y el paisaje provinciano, también escribió sobre su tiempo y sus conflictos, por ejemplo en el “Poema a la Argentina” podemos encontrar una similitud con la tarea que luego desarrollaría Pablo Neruda en su Canto General de 1950, que de cierto modo se continúa en el poema “A la América del Sur” de 1948. En Otros poemas (1945-1965) podemos leer “En este octubre” dedicado a los obreros socialistas baleados por la policía en Jujuy y, de un modo más general, escribe “Dicen que la gente se está matando”, para –más adelante en su escritura- tematizar un hecho muy impactante que marcó nuestra historia reciente, “Abril, 1982” en su libro Confesiones menores (1976-2008).
Sus libros Rodeados vamos de rocío (19451961) y Pasar la vida (1961-1974) profundizan en la vida y el amor de pareja y de familia, con la que disfrutaba mientras ejercía distintos cargos de gestión en Salta y Buenos Aires alternativamente ya que era reconocido con cargos y membresías en prestigiosas instituciones como el Fondo Nacional de las Artes y la Academia Argentina de Letras.
Con el retorno a la democracia fue convocado por la Comisión Bicameral Examinadora de Autores Salteños para evaluar la producción literaria pasada y presente de la provincia, en vistas a su primera edición o reedición, con lo que formó parte de un proyecto destinado a recuperar y difundir la literatura con el apoyo gubernamental.
En reconocimiento a su labor como poeta, ensayista y conferencista, la Universidad Nacional de Salta le otorgó el título de Profesor Honoris Causa, por lo que fue convocado para integrar comisiones y paneles en distintas actividades y encuentros académicos.
La escritura poética de Raúl Aráoz Anzoátegui comenzó tempranamente con tan sólo trece años y con esa experiencia se incorporó a La Carpa, cuyo programa contribuyó a elaborar por lo que siguió escribiendo de acuerdo con esos principios que enunció. Hasta que un veinte de setiembre del año dos mil once fue el último en levantar La Carpa de campaña y retirarse a descansar después de haber formado parte de un movimiento vital y transformador en la cultura argentina.
Rafael F. Gutiérrez
30/03/2023
viernes, 24 de febrero de 2023
China en la obra de Borges
Museo Histórico del Norte - Salta, 28 de enero de 2023
Conferencia: China en la obra de Borges
Rafael F. Gutiérrez
Profesor Adjunto de Literatura Argentina
Universidad Nacional de Salta
Introducción
La conferencia del día de la fecha se inició como una ponencia preparada para las VII Jornadas intercátedras de la Facultad de Humanidades de intercambios de trabajos académicos del 2022 en la Universidad Nacional de Salta y fue propuesta como el principio de un trabajo exploratorio sobre la relación entre las literaturas argentina y china, dado que desde la década de 1950 hasta la actualidad hay una sostenida relación diplomática entre ambos países, lo que ha llevado a que en China se crearan cátedras de estudio sobre la cultura y la literatura en lengua castellana, que incluye a varios autores argentinos y, entre ellos, destaca la obra de Jorge Luis Borges que ha sido traducida al chino y editada en dos oportunidades. La Doctora Lou Yu en el artículo “Borges en China (1947 - 2017)” ha reseñado la historia de la lectura de la obra de Borges en el campo literario chino, mostrando cómo –hasta ese momento- la imagen literaria de Jorge Luis Borges fue creciendo en cuanto a su impacto en los estudios de las letras latinoamericanas y, por otra parte, Jinyu Zhu ha relevado la importancia del taoísmo en la obra del incansable lector. En la Universidad Nacional de Salta aún nos queda como tarea pendiente llevar a cabo una labor recíproca por lo que está en marcha el proyecto de crear la intercátedra abierta sobre cultura china en nuestra casa de altos estudios.
Sin duda, Jorge Luis Borges es uno de los escritores argentinos más difundidos en el mundo entero porque su manejo de varias lenguas y su inagotable capacidad de lectura lo llevaron a recorrer las más diversas culturas y distintos momentos de la historia, ficcionalizándolos en cuentos ensayísticos y en ensayos narrativos, constituyéndose en un verdadero desafío de lectura para los especialistas en letras de distintas partes del mundo pues esa intrincada escritura alentó a especulaciones de los críticos, los teóricos de la literatura y a los filósofos. Es un lugar común citar el prefacio de Las palabras y las cosas en el que Michel Foucault inicia sus reflexiones acicateado por las especulaciones de Borges en torno a una clasificación de una “cierta enciclopedia china”.
En general hay un reconocimiento de que la particular literatura de Borges parte de la temprana lectura de una biblioteca anglosajona, por ello mismo no nos debe extrañar la presencia de la cultura china, porque tanto la Enciclopedia británica –de la que afirma que fue su iniciadora en el acceso al universo a través de los libros- como en los sinólogos británicos, el conocimiento del fascinante extremo oriente le fuera concedido. En este artículo nos proponemos hacer un breve y somero recorrido por distintos textos de sus obras completas en los que la cultura China se ha plasmado.
Historia de la lectura
Tanto en su Autobiografía como en numerosas entrevistas, Jorge Luis Borges explicó que su acceso a la cultura letrada fue, primero, a través de una biblioteca familiar, mayoritariamente en inglés
Borges confesó en más de una ocasión que la biblioteca de su padre fue el hecho capital de su vida. Lo que no agregó (quizá porque lo diera por sentado) es que esa biblioteca estaba completamente abierta, por entero disponible, sin prohibición o advertencia de ninguna clase: en un lugar donde no existe el pecado, no puede existir el pecador. (Alvarado)
y, luego, de la biblioteca pública a la que asistía en compañía de su padre, eligiendo un tomo de la Enciclopedia británica para entretenerse mientras Jorge Guillermo Borges preparaba en la Biblioteca Pública sus clases de inglés y psicología para el Instituto de Lenguas Vivas.
En 1914 la familia Borges se trasladó a Europa acompañando a Jorge Guillermo Borges en búsqueda de un médico ginebrino como última esperanza para salvar su vista de un deterioro progresivo que lo llevaba hacia la ceguera. Previo a su instalación en Suiza la familia recorrió Inglaterra, Francia e Italia. Fue en esa capital Suiza en la que el adolescente Jorge Luis Borges tuvo acceso a otras lenguas como el alemán y el francés, además de continuar perfeccionando el inglés y el manejo de las lenguas clásicas, guiado por la rigurosa disciplina del Liceo. Todo ello acompañado de innumerables lecturas que continuaron alimentando la vocación de escritor fomentada desde el hogar. En 1918 la familia se trasladó a la isla de Mallorca ya que luego de que el diagnóstico médico dejó sin esperanzas a Jorge Guillermo Borges. España resultaba más adecuada para manejar la deteriorada economía familiar, allí el joven escritor se reencontró con el español luego de años de ejercicio del alemán que había aprendido de modo autodidacta en Suiza con la ayuda de sus compañeros de instituto.
Esa estancia en Mallorca fue muy apreciada por el joven escritor:
Mallorca es un lugar parecido a la felicidad, apto para en él ser dichoso, apto para escenario de dicha, y yo, como tantos isleños y forasteros, no he poseído casi nunca el caudal de felicidad que uno debe llevar adentro para sentirse espectador digno (y no avergonzado) de tanta claridad de belleza. Dos veces he vivido en Mallorca y mi recuerdo de ella es límpido y quieto: unas tenidas discutidoras con mis amigos, una caminata madrugadora que empezó en Valldemosa y se cansó en Palma, una niña rosa y dorada de la que estuve enamorado alguna vez y a la que no se lo dije nunca, unos días largos remansándome en el cálculo de las playas. Ahora dejo de escribir y sigo acordándome. (Bernstein, Ariel)
Fue con la experiencia europea en la que tomó contacto con el expresionismo alemán en distintas manifestaciones artísticas y con distintas vanguardias en desarrollo durante las primeras dos décadas del siglo XX, aunque tuvo una particular relación con el ultraísmo en España pues en Madrid entró en contacto con el grupo dirigido por Rafael Cansino Assens.
Aún antes de su retorno a la Argentina, el joven Jorge Luis Borges comenzó a escribir y publicar tanto poesías como artículos y reseñas en revistas españolas, a los que pudimos acceder gracias al trabajo de Irma Zangara y María Kodama que dieron a conocer sus Textos recobrados 1919-1929, pero esa era una tarea que asumía como parte de su ocio creativo y no por necesidad económica.
Los viajes por Europa se debieron a los infructuosos intentos de su padre de encontrar una solución médica para su progresiva afección visual que su hijo heredaría y poetizara tan dolorosa y magistralmente en
“El poema de los dones”:
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
La familia regresó a Buenos Aires en 1921 aunque hubo un retorno a Zurich en 1923 en un último intento por una operación que pudiera salvar la vista de Jorge Guillermo Borges, con la consecuente pérdida de los recursos económicos debido a los gastos médicos del viaje y la posterior muerte del padre acaecida en 1938. Esa situación puso a Jorge Luis en la necesidad de encontrar un modo de subsistencia. Por una parte, se empleó en la Biblioteca Municipal de Buenos Aires y, por otro, comenzó a publicar en los diarios y revistas que proliferaron en las primeras décadas del siglo XX. En esos medios periodísticos era apreciado por su labor de traductor, pero también como comentarista y reseñador de cine y novedades bibliográficas extranjeras. Simultáneamente se insertó el campo literario como un poeta vanguardista que trajo al Río de la Plata la novedad del ultraísmo.
En esas primeras décadas en las que incursionó en distintas bibliotecas es que tomó contacto con Sueño en el pabellón rojo, obra de Cao Xueqin, considerado un clásico de la literatura china, a la que siempre refirió con una gran admiración.
Derrotero del lector al escritor
El trabajo en los medios de prensa dio al joven Jorge Luis Borges la oportunidad de incursionar en la narrativa y lo hizo con lo que denominó ejercicios narrativos bajo el título conjunto de Historia universal de la infamia que publicó en el diario Crítica entre los años 1933 y 1934 pero cuya versión definitiva conocemos por la que publicó en 1954. De ellos, en relación con el tema que nos interesa, vamos a destacar el relato de la vida de “La viuda Ching, pirata” (Tomo I p. 306). Esos escritos que publicaba en el diario Crítica como ejercicio narrativo consistía en reseñar historias poco conocidas hasta ese momento por los lectores argentinos, en el caso particular hizo la reseña de la pirata más grande que registran las crónicas mundiales, pues su flota fue inmensa y llegó a establecer condiciones a los gobiernos cuyas flotas diezmaba en los mares de extremo oriente. La historia era tan extraordinaria que podía pasar perfectamente por una ficción que se permitía tamaña desmesura en cuanto a los acontecimientos, pero lejos de ser una ficción esos textos eran una expresión de la fascinación de Borges por los hechos que superan a la ficción.
Para nuestra situación de lectura, a principios del siglo XXI, Jorge Luis Borges es tanto un escritor de literatura fantástica como de narrativa policial, sin embargo si seguimos su desarrollo en el campo de las letras del siglo XX, fue todo un precursor pues se atrevió a abordar modos de la escritura que no merecían apreciación académica, como el caso de las historias de piratas.
En el mismo sentido, la literatura policial tampoco merecía mucho aprecio académico por aquellos años, aunque sí tenía muchos seguidores, por lo que también Jorge Luis Borges incursionó en esa temática y entre sus relatos policiales, uno de los más famosos es “El jardín de los senderos que se bifurcan” (Tomo I p. 472), en el que buena parte de la trama se revela en torno a un diálogo entre el detective y un sinólogo que le explica un intrincado e incomprendido libro al que ha dedicado su vida para develarlo.
Asombroso destino el de Ts'ui Pên -dijo Stephen Albert-. Gobernador de su provincia natal, docto en astronomía, en astrología y en la interpretación infatigable de los libros canónicos, ajedrecista, famoso poeta y calígrafo: todo lo abandonó para componer un libro y un laberinto. Renunció a los placeres de la opresión, de la justicia, del numeroso lecho, de los banquetes y aun de la erudición, y se enclaustró durante trece años en el Pabellón de la Límpida Soledad. A su muerte, los herederos no encontraron sino manuscritos caóticos. La familia, como usted acaso no ignora, quiso adjudicarlos al fuego; pero su albacea (un monje taoísta o budista) insistió en la publicación. (Op. Cit.)
En este momento del desarrollo de la práctica de la lectura, ese cuento no es sólo un clásico de la narrativa policial sino un ejemplo de la escritura que tematiza y practica la estructura especular y laberíntica, pues la historia que narra Stephen Albert, uno de los protagonistas, es la que estructura el juego de espías que se está desarrollando como historia principal.
Jorge Luis Borges forjó su vida en torno a la lectura, por lo que sus amigos lo fueron gracias a que compartían esa pasión que derivaba en largas charlas de sobremesa, fue así que junto a sus amigos Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo participó de la selección de cuentos de diversa procedencia publicados bajo el título Antología de la literatura fantástica, en el que registran varios relatos provenientes del extremo oriente, entre ellos “Chuang Tzu” (158), “El encuentro” (404), “El espejo del viento y la luna” (406), “Sueño infinito de Pao Yu” (407), “La secta del Loto Blanco” (433) y “La sentencia” (435).
En el Tomo II de sus Obras completas encontramos un poema “Para una versión del I King” (153)
Para una versión del I King
El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay una cosa
que no sea una letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
es la senda futura y recorrida.
Nada nos dice adiós. Nada nos deja.
No te rindas. La ergástula es oscura,
la firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber un descuido, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha
pero en las grietas está Dios, que acecha.
En el que expresa su admiración por el libro de las mutaciones, central para entender el pensamiento oriental, en el que, a diferencia de los libros de occidente, no hay relatos sino sentencias que pueden asociarse a partir de combinaciones resultantes de monedas cuyas conjunciones las rigen, poniendo en cuestión la oposición entre azar y necesidad, tan cara al pensamiento occidental. Aunque para abordar ese tema haría falta otra conferencia sobre el I Ching.
En el mismo tomo “El go” (332) es un poema referido al juego de estrategia tan característico de China:
El Go
Hoy, nueve de setiembre de 1978,
tuve en la palma de la mano un pequeño disco
de los trescientos sesenta y uno que se requieren
para el juego astrológico del go,
ese otro ajedrez del Oriente.
Es más antiguo que la más antigua escritura
y el tablero es un mapa del universo.
Sus variaciones negras y blancas
agotarán el tiempo.
En él pueden perderse los hombres
como en el amor y en el día.
Hoy nueve de setiembre de 1978,
yo, que soy ignorante de tantas cosas,
sé que ignoro una más,
y agradezco a mis númenes
esta revelación de un laberinto
que nunca será mío.
Jorge Luis Borges supo reconocer que el juego más allá de ser sólo un entretenimiento es la clave de las estrategias militares que frustraron a los estrategas occidentales. Ejemplo de ello es la derrota de EE.UU. ante Vietnam, porque mientras los estrategas occidentales planificaban la guerra de acuerdo con el ajedrez, los orientales jugaban al go.
Con la misma vocación de reseñador con que comenzó su actividad en el periodismo cultural, Jorge Luis Borges escribió el Libro de los seres imaginarios (1957), en el que registró a varios integrantes de la zoología fantástica china, entre ellos a “Animales de los espejos”, “El cien cabezas”, “El ciervo celestial”, “El Dragón chino”, “El Tao-T’Ieh”, “El unicornio chino”. El primero de la lista me resultó particularmente interesante porque refería una leyenda más amplia, por lo que lo busqué arduamente en Internet, pero todas las entradas me remitían a la misma referencia, por lo que llegué a creer –hasta ahora- que se trata de una invención borgeana, como un auténtico cuento chino.
A su vez “El Tao-T’Ieh” cobró nueva actualidad para muchos por un acontecimiento de la ficción filmográfica, porque en la película estrenada en 2016 “La gran muralla” se explica la construcción de una defensa descomunal para enfrentar a un enemigo no humano, a los Tao-T’Ieh, criatura de la mitología china que en la versión cinematográfica es presentada como una raza extraterrestre capaz de acabar con la humanidad.
Conclusión
La obra de Jorge Luis Borges está hecha en base a textos breves, de los cuales los más extensos son sus cuentos y sus ensayos, que el autor seleccionó y revisó cuidadosamente antes de reunirlos en los volúmenes de sus obras completas; lo que dio en conjunto la impresión de una producción homogénea desde su escritura más temprana, sin embargo el rescate de los textos que prefirió excluir permitió ver a un joven escritor que tanteaba con temas y formas poéticas y lingüísticas hasta encontrar la temática y el estilo que lo caracterizan.
Toda la obra de Jorge Luis Borges es una reescritura de las numerosas lecturas que realizó desde un momento muy temprano en su vida, en el que se encontró con la Enciclopedia Británica que lo introdujo en la historia y la mitología de las diversas latitudes, lecturas de las que disfrutó como si todo fuera una gran ficción. Así se formó su modo de leer todo como si fuera literatura, lo que se plasmó en una escritura que hizo de todo una ficción irreverente porque ponía en un mismo nivel la ciencia, la filosofía, la historia, en definitiva, la suma del conocimiento humano.
La historia, la mitología y la cultura china fueron objeto de lectura y reescritura en forma de cuentos, poesías y breves artículos como una especie de serpiente que se muerde la cola que no nos permite saber en qué fuentes abrevó para construir sus laberínticas ficciones.
Bibliografía
Borges, Bioy Casares y Ocampo, Silvina (1995), Antología de la literatura fantástica, Buenos Aires, Sudamericana, XI edición.
Borges, Jorge Luis (1974), Obras completas, Buenos Aires, EMECE
Borges, Jorge Luis (1989), Obras completas II, Buenos Aires, EMECE
Borges, Jorge Luis (1983), Manual de zoología fantástica, México, F.C.E.
Zhu, Jinyu, “La ficción china de Jorge Luis Borges: la influencia de la filosofía china” en https://revistas.uned.es/index.php/EPOS/article/view/20626/20715 (12/12/2022)
Alvarado, José Luis, “Biografía insólita de Jorge Luis Borges. Capítulo 4. La razón universal: Jorge Guillermo Borges”, en https://cicutadry.es/biografia-insolita-de-jorge-luis-borges-jorge-guillermo-borges/ (24/01/2023)
Bernstein, Ariel, “España en Borges” en https://revistaclarin.com/569/espana-en-borges/ (24/01/2023)
Lou Yu “Borges en China” en https://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/VB45_LouYu.pdf (26/01/2023)
lunes, 21 de noviembre de 2022
Mario Flecha
La Patraña
Ya pasaron 2 años de convivir con el asesino invisible,
—El virus —se murmura en las calles, en los bares, en la iglesia y en los parques.
Los diarios, la radio y la televisión frecuentan con seriedad el miedo
que provoca la muerte.
En los corredores del poder, los políticos temblaban ante la impotencia que les producía el enemigo intangible que iba socavando sus prestigios y las vidas de los pobladores. Los gobiernos tartamudeaban evasiones disfrazadas de leyes. El virus corría a todos los rincones del planeta como el fuego persiguiendo el fuego.
Enemisnal Pérez y Ladio Rodríguez habían decidido vivir juntos durante la cuarentena, en el departamento de Enemisnal.
—¿Qué hacemos para entretenernos? —preguntó Enemisnal.
—Podemos hacer lo de Boccaccio quien al finalizar la pandemia relató tragedias de amores con finales felices, cuentos religiosos y ficciones sin objetivos en el Decamerón.
—¿Y eso que tiene que ver con nuestro encierro?
—Todo tiene que ver con todo, mira el primer relato que deberíamos abordar es sobre los distintos conflictos que se desarrollaron en los supermercados.
—¿Qué?
—Por ejemplo, la guerra del papel higiénico. Apenas se decreto la cuarentena vimos como el pueblo británico formo cooperativas de delincuentes dispuestos a robar la mayor cantidad de papel higiénico posible.
Los supermercados, Sainsbury, Tesco y Waitrose fueron los campos de batallas donde varios bandos de desesperados se enfrentaban alrededor de las góndolas de artículos domésticos, las peleas se originaban casi siempre de la misma forma. Señora A llenaba su carro de paquetes de papel higiénico, furiosa, la Señora B le reprochaba que se llevaba casi todos, las voces de ambas subían de volumen hasta que la Señora B perdía la paciencia y le arrebataba varios paquetes del carro. La respuesta de Señora A no se dejo esperar y tomándole los cabellos con las dos manos los estiro hasta que la Señora B gritó, cosa que atrajo la atención de todos los que estaban comprando más el de la banda de delincuentes que patrullaba los pasillos del supermercado, quienes divididos en dos grupos. Se acercaron a las litigantes, se pusieron detrás de ambas y trataron de calmarlas cosa que irrito aún más a la Señora B quien tomando un paquete de Andrex se lo arrojo a la cara del que parecía uno de los jefes. El envoltorio de plástico estallo al chocar con el hombre y una tira de papel se desprendió del rollo que fue tomado por la Señora A que lanzándose hacia la Señora B le envolvió la cara con las tiras de papel.
—Si quiere lléveselas todas— dijo la Señora A.
Mientras los pandilleros, sorprendidos, comenzaron a discutir cual de ellas tenía la razón, al no poder ponerse de acuerdo decidieron resolverlo a golpes mientras las trompadas volaban de un lado al otro. Se escucho la sirena de la policía.
—Ok, este cuento no cuenta.
—¿Qué tal si nos filmamos sentados alrededor de la mesa, como en esos programas de televisión donde dos imbéciles se desafían a un duelo verbal para ver quien es el más pazguato?
—¿Para qué filmarnos?
—Ja ja sos un pendejo, para colgarlo en YouTube, después invitamos a nuestros amigos a que voten, aquel que consiga menos votos gana.
—Elitista, el que obtenga más votos es el más vulgar.
— Sí —dijo Ladio mientras organizaba el iPhone para filmarlos.
—Bah —contestó Enemisnal.
—Mi historia sucedió hace mucho tiempo en el barrio de Barracas. Paseaba a orillas del Río Matanza cuando veo un desconocido sentado sobre una pila de maderas sucias del petróleo que solían vomitar los barcos anclados en la costa y él me contó esta historia.
En el año de 1960 del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, había un niño de 11 años llamado Teófilo Barrios. En el amanecer del 8 de diciembre se despertó con los ojos legañosos al escuchar el canto de Raúl, el canario enjaulado, bajándose de la cama cuando aún le quedaban los sueños que se atropellaban en su memoria. Camino descalzo por el pasillo al costado de las cuatro habitaciones y al llegar al final del corredor entro a la cocina donde estaba su abuela quien tomándole de la cabeza con sus manos arrugadas dijo,
—Hoy es Domingo y vendrá el Obispo a Confirmar a los pibes del barrio —mientras metía el dedo índice en la oreja de Teófilo en busca de una suciedad ausente y luego de inspeccionar las rodillas y las uñas de las manos, aprobó con un gesto y lo ayudo a vestirse.
—Víctor, tu padrino, vendrá pronto y te llevará a la Parroquia, mientras tanto puedes ir a dar vueltas a las manzanas hasta que él llegue.
Víctor, el primo de su padre, era un gigante paraguayo, tenía un andar payasesco y una nariz roja invadida de granos…
Obedeciendo a su abuela, Teófilo fue a la calle a dar las vueltas a las manzanas y para entretenerse levantaba piedras del suelo para luego tirarlas a los árboles que bordeaban las aceras.
Después de recorrer las cuatro esquinas cuatro veces se inquieto
al recordar cuando Alberto y él casi queman la iglesia.
¿Qué pasaría si dios le contó al Obispo que Alberto y él habían tratado de incendiar el altar?
Hace un par de meses estaba jugando a la hora de la siesta con Alberto y Saúl a cachurra monto la burra y a las escondidas.
Saúl que tenía una voz de chicharra atolondrada grito,
—A esconderse — apoyándose sobre la pared de la casa, cubrió su cabeza entre sus brazos mientras contaba pausadamente — 1---2---3---4...
Alberto y Teófilo corrieron desesperados buscando un refugio donde ocultarse. Al llegar a la iglesia vieron que la puerta estaba semiabierta y no había nadie adentro. Cerraron las puertas detrás de ellos y caminaron en punta de pie evitando el eco de sus pasos.
El olor dulzón del sahumerio invadía los alrededores del altar.
—¿Los padrecitos estarán durmiendo la siesta? ––preguntó Alberto.
—Mi viejo dice que después de la misa de once deben descansar
porque eso de hablar con dios es agotador —contestó Teófilo.
—Shhhh —dijo Alberto tapándose la boca.
Recorrieron las naves laterales de la capilla en silencio, husmeando si los ojos de vidrio muerto de la santería los delataría.
Jadeantes, se sentaron sobre el piso debajo del oratorio. Alberto saco un cigarrillo del bolsillo de la campera.
—¿Nos fumamos un pucho? —dijo.
—Dios nos puede ver —contesto Teófilo.
—No seas cagón.
Alberto extendió sus brazos como para ser crucificado, desafiando a Dios prendió un fósforo que sostuvo entre sus dedos.
—Dios si existís, apágalo.
Se quedaron quietos, Teófilo asustado vio como Alberto encendió el cigarrillo. Chupando el filtro amarillento, pitaron unas bocanadas infantiles, llenando de humo sus cabezas mientras flotaban y tosían repetidamente. En el sopor del momento Alberto camino hacia el altar y levantando el cáliz entre sus manos imitando a los sacerdotes se bebió el vino sagrado.
—Viva Drácula —dijo adelantando la teoría que si los curas tomaban la sangre de Dios seguro que eran unos vampiros.
—¿Qué?
Comiéndose las risas siguieron deslizándose hasta llegar a el retablo. Alberto tomo la cruz de sal que estaba sobre el mantel de lino que cubría el altar y la escondió en el bolsillo del pantalón.
—¿La estas robando? —preguntó Teófilo.
—No, la estoy confiscando —
Las luces proyectadas por el oro falso y el color violeta obispal del terciopelo que cubrían la puerta del paraíso los enceguecían y encima el humo del cigarrillo los había mareado.
Alberto sonrío, moviéndose sigilosamente acerco la colilla del cigarrillo encendido sobre la tela de terciopelo que cubría parte del retablo.
Esperaron hasta que vieron aparecer un círculo rojo de chispas incipientes.
—¡¡¡¡FUEGO!!!! —gritaron para ser escuchados por todos y huyeron de la iglesia sin que nadie los viera.
El hombre se irguió sobre sus piernas sucias, dijo —fin —y se fue.
—Ah, no podés dejarme en suspenso con ese final. ¿Si quieres yo lo termino?
—No, mejor me imagino otro final.
Cuando llego Víctor, enfilaron para la Parroquia, las rodillas de Teófilo temblaban de emociones místicas. Parados en la nave central de la iglesia, hombro con hombro formaron la fila de niños, detrás de cada uno de ellos los padrinos. Mientras los familiares de los niños se acomodaban, ocupando los bancos de los pasillos laterales, las dos puertas se abrieron simultáneamente, el Obispo atravesó el pórtico de la iglesia envuelto en el alba aristocrática, llevando en su mano izquierda el báculo y en su derecha el anillo pastoral. Sus pasos resonaban sobre las baldosas, acompañando todos sus movimientos, su báculo se estrellaba contra el piso en un hueco bang.
—¿Che que simboliza todo ese circo? —interrumpió Ladio.
—El báculo sirve para empujar a los descreídos hacia la fe, la recta bastonera para sostener a los débiles y las curvas de la parte superior para atraer a los pecadores.
—Vaya invento.
El obispo, conocido por los feligreses como el Obispo Nemesio se acerco a Teófilo y a su padrino Víctor, parado frente a ellos gesticulo la señal de la cruz mientras decía,
—Recibe la gracia del Espíritu Santo. La paz y el señor sea contigo y con tú espíritu.
Teófilo vivía la magia del momento mientras las palabras desaparecían entre suspiros y amenes. Cuando fue a besar el anillo del Obispo sintió varias palmadas en su mejilla y escucho a su tía Carolina gritar Carlos, al tiempo que se desmayaba.
Y colorín colorado este cuento se ha terminado.
—¿Porqué se desmayo la Tía?
—Porque descubrió que el obispo Nemesio fue el amante que la embarazo cuando era quinceañera haciéndole el cuento del Espíritu Santo. En ese entonces era el Padre Carlos de la diócesis de los Barnabitas quien fue trasladado a las oscuridades de los sótanos del Vaticano cuando las autoridades religiosas se enteraron del doble pecado. De como mi tía Carolina y el padre Carlos perdieron su virginidad la noche de San Lorenzo cuando caían las estrellas.
Mientras el Padre Carlos estaba en el purgatorio papal, la tía debió abortar para mantener el honor familiar.
Se rieron del giro inesperado de la historia.
Ladio se sirvió café en una taza de porcelana, metió un cubo de azúcar blanco de esos que se parecen a las piezas del juego del Domino, mientras giraba la cuchara para desprender las dulzuras escondidas.
—¿Cómo haces para transformar el sonido del roce del metal con la cerámica en un gesto irónico? —dijo Enemisnal.
—Es una técnica milenaria que aprendí en el medio oriente, el movimiento circular te da tiempo para pensar que vas a decir, todos fijan sus ojos asombrados en tus manos y esperan con ansiedad que digas algo importante. Nunca tengo nada que decir sin embargo mientras gira la cuchara de café como en el tango se produce un misterio fascinante que nadie entiende pero que todos admiran…
—Aquí va mi historia, sucedió en Londres a orillas del Río Támesis.
—Había una vez una tal Joanna quien salto del asiento del andén en la estación de Canonbury con la cara roja de furia. El tren se había adelantado 2 minutos impidiéndole poder terminar el email que estaba escribiendo.
Joanna Tiff era una mujer medianera de ojos pálidos y sensualidad insospechada. Estudiosa de los significados de la poesía, intrigada con la palabra amor, a quien culpaba de todos los malentendidos.
En búsqueda de aprehender las diferencias entre la palabra amor y la asociación emocional a la realidad de la palabra amor, persiguió a los que consideraba culpables de atormentar la palabra amor, a esos personajes que cuelgan en las redes sociales sus miserias sentimentales de labios rojos.
Estudio a los poetas sonoros, a los concretos, a los eróticos, a los poetas sexuales, a la poesía orgásmica, a los de la muerte, a los de la alegría, a los de las pasiones juveniles y aquellos que sin tener nada que decir escriben, escriben y escriben con reiterada obsesión sobre el amor, debajo del amor, encima del amor y el amor en cualquier parte.
—¿Cómo explicarla? ¿Quién era? —se preguntaban los poetas.
La señora era una mujer furiosa de una lucidez insoportable, repetían.
Armelina Arista era amiga de Joanna y fue ella quien la convenció para que organice un blog en la web.
Así nació la Asociación Narrativa.O. Más conocida por las siglas
A.N.O.
La desconfianza que se había instalado entre los poetas ante esta página en el internet los llevo a denominarla la PP o policía poética.
—Joanna, el Instituto del Poeta— dijo Armelina Arista.
—¿Qué?
—Te invita a que des una conferencia sobre la poesía.
—¿Zoom?
—No, te esperan el viernes 13 de agosto a las 19.00 horas en la Casa Infernal de Muswell Hill.
—¿Qué quieren?
—¿Ponerle un rostro a tu fantasma?
Joanna accedió y el 13 de agosto fue hacia la conferencia. Se sentó frente a un publico anónimo, los separaba una mesa de madera agobiada por el tiempo, un silencio respestuoso precedió a sus palabras, escucho su voz en el auditorio.
Recito el poema de Abd ar Rahman de Trapani, poeta Siciliano–Árabe en inglés.
The oranges of the island are like blazing fire
among the emerald boughs
And the lemons are like the pale faces of lovers
who have spent the night crying.
El publico enojado comenzó a golpear el piso con los tacos de los zapatos, un ruido infernal se escapo del silencio, a el murmullo de desaprobación se sumo el placer del kilombo.
—Hablá en español —gritaron irritados.
Joanna golpeo con el dedo el micrófono para escuchar si estaba bien calibrado y dijo,
—Me encantaría hablar en español, pero no existe, probaré con Castellano.
Las risas sacudían a los poetas y a los otros, todo rondaba alrededor del odio que encendía la Asociación Narrativa.O dirigida por Joanna.
Ella se paso la mano izquierda sobre su cabeza, sus dedos se separaron como si fuera un peine navegando sobre un mar de cabellos.
—¿Podría seguir en inglés si lo desean? —dijo. Con impaciencia continuo —la red de internet junto a los malos poetas están asesinando la poesía, nadie publica poemas, los poetas poco a poco abandonan las palabras suplantándolas con imágenes y sonidos.
De esta manera destruyen la historia que tratan de vendernos. ¿Qué venden? Que la poesía es la panacea de todas las emociones sin embargo apenas se aproxima a la desesperación y si las emociones que pretende enunciar la desesperación se quedan en un lodazal meloso, la poesía desaparece y el poeta es un fiasco que solo sirve para envenenar el universo con su ego.
—Escuchen estas perlas que recogí en la página web de un poeta.
Mi amor, mi pétalo de rosa, estas pegada a mi nariz,
Cuando te veo mi olfato se suaviza y las orejas se sensibilizan
Escuchando el sonido irreal del corazón
que se estira como las cuerdas de una guitarra
alcoholizada
Amor amor amor amor 10 mil veces amor…
—¡Hija de PUTA! —gritaron furiosos los poetas que se sintieron agredidos.
Joanna, dolorida, se revolvió sobre la silla, bajando la cabeza se observo por un instante así misma mientras los dedos de las manos deshicieron cada uno de los botones de su blusa. Estiro el brazo derecho para sacarlo de la manga que lo cubría, la camisa se deslizo sobre su espalda hasta detenerse sobre el hombro izquierdo, con su mano libre la tomo del cuello y extrajo el brazo quedándose con el torso desnudo y las cosquillas que las corrientes de aire que se colaba entre los intersticios de puertas y ventanas les producían a sus pezones…
El publico grito su furia. Ella sostuvo la blusa sobre su cabeza, la hizo girar varias veces y la lanzo sobre los concurrentes. Se levantó con dignidad, desafiándolos con un corte de manga, camino hacia la salida y desapareció en la noche.
— Me imagine que los poetas la atarían a la silla y la torturarían taladrándole las orejas con la palabra AMOR hasta volverla loca…
—Ja ja, pongamos las dos historias en YouTube, ¿veremos quién gana?
—Gana, él que pierde.
Mario Felcha
El TRAPECISTA está disponible en The Calder Bookshop & Theatre https://calderbookshop.com/Latin-American-poetry-novels
https://www.latinolife.co.uk/articles/el-trapecista-trapeze-artist-survives-again
https://revistaperronegro.com/daniel-mastroberardino-cuentos-de-mario-flecha/
lunes, 15 de agosto de 2022
La fiesta secreta
La fiesta secretaAbelardo Castillo
LITERATURA ARGENTINA
Tomás Villegas
Abelardo Castillo rozaba los veinte años cuando una epifanía, perspicaz y dolorosa, le tajeó el convencimiento: su destino de escritor estaría surcado por los rectos caminos de la prosa. “O para decirlo con mayor sinceridad —sostuvo en alguna entrevista—, descubrí que no era el poeta que quería ser”. Con la publicación de La fiesta secreta acudimos, por fin, al encuentro privado del autor de Crónica de un iniciado con la poesía, su palabra más preciada. Recordemos que, si bien Castillo escribió poemas durante toda su vida, se ocupó, con celo, de resguardarlos de la mirada pública.
En el agudo Ser escritor, Castillo afirma que, a su manera, todo lector es un crítico. Quizá por esto se entienda que —personal como resulta este libro póstumo— haya mantenido su poesía bajo un ocultamiento selectivo: a lo largo de su vida sólo unos pocos, poquísimos allegados, tuvieron acceso a un puñado de estos poemas. Y por esta razón, henchida de valor sentimental, de valor privado pero compartido, es que la escritora Sylvia Iparraguirre, pareja de Castillo durante más de treinta años, ha confesado su dificultad para “soltarlo”, como si soltara, junto con el libro, el último lazo literario que, exclusivamente, los vinculara.
Protegido de la luz pública, este amor por la poesía tuvo un temprano inicio y una extensa duración: se extinguió, podría decirse, junto con la vida de Castillo. La disposición cronológica de los poemas de La fiesta secreta cobra así un peculiar interés: configura una trayectoria del tiempo y del deseo, nos indica en qué época de su vida nuestro retraído poeta se sentía más próximo a tal o cual forma; y en qué momento de su existencia su sensibilidad se hermanaba con tal o cual artista.
El soneto rubendariano “El péndulo” —su primer poema, fechado en 1952, cuando Castillo tenía diecisiete años—, inscribe el interés por la forma y el vínculo con Edgar Allan Poe como marca de origen de una poética arraigada en los grandes tópicos existenciales. A su vez, ciertos hechos biográficos atraviesan el libro por la trascendencia que alcanzan en la vida del autor: el vínculo con Iparraguirre (“Sylvia”, “Cuando cae la noche”) y su relación con el alcohol (“Días con huella”) se transfiguran en hechos poéticos en la medida en que para Castillo la poesía es, en cierta medida, y como sostiene Gabriela Franco en el prólogo, un modo de indagación, de aventurarse, de abismarse; de iluminar, en suma, con el lente del lenguaje poético, una experiencia que escapa de los alcances de la palabra ordinaria.
A pesar de este acto profundamente íntimo que supone la poesía, sobre el ánimo privado del autor se dibujan grietas que permean el ingreso de la coyuntura histórica. La sensibilidad y el lenguaje poético no habitan un mundo platónico; por el contrario, son perforados por los sucesos que, a su manera, marcan la lengua del poeta. Que marcan, incluso, el contenido. Los tentáculos imperialistas de Estados Unidos sobre Nicaragua y Cuba, por ejemplo, imprimen con “Bahía de Cochinos” y “Reuter” sus huellas en el libro.
Si, en efecto, La fiesta secreta puede leerse como un engranaje más en la obra de Castillo, en conexión con su narrativa y sus recientes diarios, se debe a que las obsesiones que lo asaltaron de joven lo maniataron de por vida. El tiempo, el alcohol, la muerte, la literatura, la fragilidad de la razón, la locura, el amor, reinciden en su poesía porque reinciden, para decirlo con Valéry, en su espíritu. En el borgeano “Las palabras”, escribe: “Yo no estoy muy seguro de ser cierto. / Invento historias como quien dibuja / la cara que tendrá después de muerto”.
Conociendo el pensamiento de Castillo, se intuye que este libro debiera leerse como una autobiografía, una autobiografía desinteresada de fechas, números, rigurosidades. Una autobiografía conjurada al calor del corazón de un ser hecho de intensa vida literaria. Quien toca este libro, escribió Poe, toca un hombre.
Abelardo Castillo, La fiesta secreta, Ediciones En Danza, 2022, 138 págs.
https://www.revistaotraparte.com/literatura-argentina/la-fiesta-secreta/
Al otro lado de la pluma
Este año 2022, el ciclo radial "Al otro lado de la pluma" ha reiniciado en una alianza con la Sociedad Argentina de Escritores, flial Salta.
F M Universidad 93.9 los jueves de 20 a 21 es la transmisión en vivo que se repite en simultáneo por la página web de la Universidad Nacional de Salta.
El obejtivo fundamental del nuevo ciclo es compartir la literatura desde Salta, desde su pasado y su presente con una proyección hacia el futuro.
domingo, 14 de agosto de 2022
“Historietas del Amor” de Rolando Revagliatti
Se encuentran disponibles, en forma gratuita, para su lectura, impresión, inclusión en bibliotecas digitales, blogs, etc., las dos ediciones electrónicas, en PDF y en versión FLIP (Libro Flash), de la 2ª edición-e (ligeramente corregida) del libro de narrativa breve “Historietas del Amor” de Rolando Revagliatti, el que cuenta con numerosas ilustraciones de tapa e interior del artista plástico Andrés Casciani, creadas especialmente.
El diseño integral y la diagramación es de Melisa G. Benacot. En base a dicho diseño, realizó Fernando Delgado esta segunda edición.
Hemos añadido enlaces de ida y vuelta desde el índice a los poemas y viceversa para una navegación más cómoda por el documento.
Puede descargarse en
http://revagliatti.com/historietasdelamor.htm
http://revagliatti.com/Act-5-8-22/Historietas-del-Amor.pdf
https://issuu.com/estquil/docs/historietas-del-amor
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