viernes, 11 de enero de 2019

“Umbroso mundo”


“Umbroso mundo” de Jacobo Regen

Antes de comenzar a referirme a la obra de Regen quiero destacar la dedicación y el entusiasmo puestos al servicio de la edición de este libro por parte de la licenciada María  Eugenia Carante  y  del profesor Sergio Bravo a quienes agradecemos profundamente.
En “Umbroso mundo” de Jacobo Regen, cada poema,una gema. Todas ella reunidas en el joyero de un libro artesanal nacido de la  cura amorosa de una hada y un mago que con delicadeza exquisita lo dibujaron, lo diseñaron: Silvia  Katz y Keko Ferro.
Aquí no falta ni sobra nada. Una obra frugal resplandeciente a la vez compacta y abierta, pulida y enigmática en tanto  es fiel al dictum mallarmeano del sugerir, más que el nombrar, como “universal poético”
Creo que hace a la salud de la critica literaria estando ya lejos de las frías aguas del estructuralismo, detenerse en biografías y confesiones que abren ventanas que nos ayudan a incursionar con mayor inteligencia en lo abigarrado de todo texto poético. En el año 2000, en una entrevista que Regen concede a la periodista Patricia Pattoco, él define a la poesía como  “una honda confidencia dirigida  a una persona, a un grupo, a un pueblo, a quienes de algún  modo son cómplices de  los propios sentimientos y experiencias. De una manera u otra el lector es un socio fantasmal de quien escribe”. Y en otro tramo de esta entrevista afirma que “la poesía es una forma inconsciente de justificarme.  Si no fuese por ella me sentiría incompleto, y aunque no sea  un logro consumado me da el consuelo de mi propia búsqueda. Ella es el reflejo fiel de lo que vivo, de lo que he vivido y que trato de vivir. Si así no fuera, la consideraría una impostura, un falso juego, un entretenimiento despreciable. Ella me  obliga a no mentirme y a no mentir a los demás”. En este ethos del poeta reconocemos su estirpe vallejiana, la  asunción de  un oficio que requiere mucho más que artificios retóricos o preciosismos y supone el abrazar hasta el tuétano nuestra condición de mortales.
Al igual que para  Cortázar, la escritura  ha sido y es  para Jacobo Regen  “kibutz del deseo, colonia, asentamiento, rincón elegido donde alzar la tienda final allí donde la vida pueda balbucearse desde otras brújulas y otros nombres”
 Regen, el desasido, el iluminado, “incorpóreo, ligero, desnudo como la luz” serenamente afirma “soy un ángel y me debes creer”. Lo evoco llegando a la ciudad    desde  una localidad cercana , Campo Quijano, donde bebió a torrentes el sol y las montañas. Aquí viene adolescente en la berlina que le prestó Milosz y observa desde la ventanilla de ese extraño carruaje  esa Salta que morosamente, que amorosamente irá haciendo suya.  Ya abejea en su corazón el demonio de la poesía, ya  ha desposado las palabras “ que son carne y espíritu: tatuajes repujados a punta de cuchillo”
Dueño de un lenguaje personal encarnado en imágenes muchas veces sorprendentes pero siempre justas, no escribe sino en la gracia del canto. De su  origen judío trae la obsesión  por la escritura bella y responsable unida en él a un deber de lucidez que se  le impuso desde siempre. Sus textos atravesados por el temblor metafísico nacen siempre desde la experiencia y de la necesidad como lo quería su maestro Rilke.  Sumergido en el enigma  que en él cava y obligado a arremolinarse en su subjetividad pocos como él sufrieron la intemperie del mundo. Y sin embargo de su voz no mana amargura sino poemas como cuerdas vivas edificando la urdimbre del sentido  Parecen escritas pensando en él esas palabras  con las que Char definió al poeta:”Emperador prenatal únicamente preocupado por la cosecha de lo azul”

Lo conocí a fines de los 60 cuando su nombre ya resonaba en mí con sonoridad de mito. “Te presentaré a Saquito” me anunció Holver  Martínez Borelli y a partir de entonces el conocimiento de su poesía se acrecentó. Holver me acercó sus libros: “Canción del ángel” (1964) y “Umbroso mundo “(1971).En 1981 se edita “El vendedor de tierra”, pero para entonces ya  atravesábamos la cruenta y dolorosa dictadura militar cuando la muerte se enseñoreó del país y entre tantos rostros perdimos también a Holver, muerto en el exilio, el  poeta y amigo con quien compartimos tanta vida y poesía.
Martínez Borelli fue quien mejor leyó desde su inteligencia, erudición y sensibilidad la obra de Regen a quien consideraba un poeta excelso y de quien se complacía en recitar de memoria la “Elegía a mi madre” y la “Canción del ángel”
Re cuerdo que durante la edad de hierro  Regen me acercaba mensualmente los periódicos “Nueva presencia” cuyo director  Herman Schiller editaba jugándose la vida porque en sus páginas denunciaba los secuestros y torturas de esa época. Jacobo me decía:”Mi familia y yo venimos de otra shoáh y esta shoáh de Argentina revive en mí el infierno” . En un poema leemos:” Derrumbes. Pudridero de paredes, de huesos/ Escombros en el alma y en el cuerpo/ Me quisiera /llorar pero no puedo/.Y en un desván de sórdidas penumbras/con el llanto sepulto mi desprecio/”

La perfección de su prosodia, la extrema” labor limae” a los que somete cada texto, su empresa de demolición de los lugares comunes, su poda de adjetivos para potenciar lo medular del sustantivo, su ir y venir alucinado de lo visible a lo invisible, su enemistad con cualquier poder salvo los que provienen del amor o la poesía hacen de la obra de Regen una materia perdurable.  El ahonda  un ritmo acordado a la sístole y diástole de una respiración poética  fundada en la autenticidad, responsabilidad, rigor y libertad, pero siempre y sobre todo una gramática satelizada por un estremecimiento genuino. Coincide con Vallejo para quien  es esencial en la poesía la emoción  “El fin de la poesía es conmover” apunta el peruano porque solo desde ese zócalo que guerrea contra el logos es posible  encontrar “el alfabeto competente”.

Su voz injerta en el árbol de la poesía del noroeste la rica tradición de la cultura judía. Tributario del aliento poético de los profetas judíos y de los textos incandescentes de sus hermanos Elsa Lasker Schuller, Lubicz Milosz, Paul Celan, también ha nadado hasta la extenuación en las ardientes frías aguas de los Góngora, Quevedo, Teresa de Ávila, Machado,  y tantos otros. Viajero estremecido de los círculos dantescos a veces se demarca del infierno para reírse con los satíricos griegos y latinos y el padre Cervantes.
Con el  surrealista  Molina y los salteños Dávalos y Manuel Castilla y la generación de los 60 practicó  todas las  irreverencias, las errancias y disrupciones existenciales al tiempo que libaba  sin culpa la miel de los viñedos. Nunca dejó de ser ese ángel que retrata Wim Wenders en las películas “Las alas del deseo”´, es decir, alguien no capaz de inventar otra realidad sino de transformar la relación que se tiene con ella fiel a la consigna de Eluard: “hay otro mundo, pero está en éste”.
Leyendo hace poco una novela de  Quignard caí en la cuenta que Regen es una especie de “desarzonado”, los caídos de la vida inmediata. Son los golpeados de súbito, “pero no para hundirse en  el polvo, sino para repetir la salida del útero con un segundo corazón más introspectivo y ebrio de palabras.”
Kafka decía que “un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos adentro”. Esta obra de Regen funge como esa herramienta .Bienvenida esta poesía: su zarpazo, su relámpago nos cura de la despasión  y ayuda a conjurar  la oscuridad del mundo.

TERESA LEONARDI  HERRAN

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Manuel J. Castilla para EL TRIBUNO


Manuel J. Castilla para EL TRIBUNO
Salta, 13 de agosto de 2018.-

Entrevista de Daniel Sagárnaga a Rafael Gutiérrez, Profesor Adjunto de la Cátedra de Literatura Argentina de la U.N.Sa.
-¿Qué te seduce o te impresiona de la obra de Manuel? ¿Por qué?
La obra de Manuel J. Castilla se sitúa en un momento de cambio muy importante dentro de la historia de la lírica argentina, porque surge de un grupo que instala a la literatura escrita desde las provincias con una ruptura y una continuidad ya que hasta ese momento se vinculaba la producción de las provincias con rasgos folkloristas o costumbristas. Era el modo como se la caracterizaba hasta el momento y que en gran mediad continúa como prejuicio de lectura hasta la actualidad. Decía que hay una continuidad porque hay una fidelidad a la cultura desde la que se escribe y esa es la referencia a un mundo con un folklore vivo y no referido o parodiado como sucedía con los escritores de la generación anterior y la ruptura está con la incorporación de los aportes de las vanguardias que habían renovado los modos de escribir en las primeras décadas del siglo XX.
Un problema de lectura es que el prejuicio ha operado destacando los elementos de la tradición que se conservaron y se descuidaron las marcas de las vanguardias. Hasta ahora sigo escuchando que la poesía de Manuel J. Castilla alimenta la tradición telúrica y folklórica de la literatura de Salta, tan distinta de la poesía urbana y cosmolita como la Buenos Aires. Lo que sucede es que estamos acostumbrado a relacionar las vanguardias con la urbes cosmopolitas pero si prestamos atención a la forma, notaremos que hasta la poesía más temprana de Manuel J. Castilla tiene imágenes vanguardistas y a medida que avanzamos en sus poemarios notamos el desborde formal que va hacia formas métricas y hacia una sintaxis más compleja con imágenes oníricas fusionadas con un profuso imaginario provisto por una rica tradición ancestral.
-¿Creés que el periodismo influyó en su obra?
Manuel J. Castilla, como muchos otros escritores, ejerció el periodismo como medio de vida. Por suerte, el trabajo de Alejandro Morandini, El oficio del árbol, nos permite acceder a la mayor parte de esa producción realizada bajo condiciones laborales de entrega regular y en prosa. La lectura de esos artículos nos sorprende porque nos encontramos con un poeta que escribe en prosa y que temas y motivos que encontramos en sus poesías y en las letras de sus zambas se reiteran en ellos. Es un feliz hallazgo porque descubrimos un poeta que aunque debe ejercer un oficio que le exige la producción regulada por la demanda del medio no deja de ser un poeta.
-¿Crea su obra como un viajero, un experimentador?
Hay una antología de la obra de Manuel J. Castilla que editó Santiago Sylvester y que tuvo el acierto de titular El Gozante, un modo muy interesante de calificar a ese espíritu viajer que fue transportado por un cuerpo trashumante. Manuel J. Castilla fue un viajero y un experimentador del paisaje y de su gente, lo que se plasma en su producción escrita –poética y periodística-  elaborada por un espíritu sensible capaz de sentir a la gente y su mundo, con el cual se “com-padece” y de allí su actitud de compenetración que lo convierten en un “Gozante”, un ser capaz de sentir plenamente.
-¿Hay una continuidad de su poética?
En el año 2005, al cumplirse el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Manuel J. Castilla, se editaron dos libros en homenaje al poeta: Por la Huella de Manuel J. Castilla coordinado Amelia Royo y Olga Armata por y En la tierra de Manuel dirigido por Valeria Grabosky y Rafael Gutiérrez, varios escritores y críticos indagaron la continuidad de la poética del “Gozante”. Unos respondieron que el poeta no había formado discípulos y otros que se remitían a su escritura como una fuente de inspiración permanente.
Una continuidad no debe entenderse como una imitación de un maestro porque un buen maestro no quiere clones suyos sino personas creativas capaces de desarrollar su propia potencialidad en nuevas formas artísticas adecuadas a la sensibilidad de su tiempo. Walter Adet en su libro En el sendero gris (1962) dedica el soneto poesía a Manuel J. Castilla y en la conferencia “Poetas de Salta” -que pronunció en la Feria del Libro de 1989 de Buenos Aires- declara su gratitud con los poetas de La Carpa en Salta, Manuel J. Castilla y Raúl Aráoz Anzoátegui ya que de ellos recibió un apoyo concreto para insertarse en el campo literario de Salta.
Por otra parte, Jesús Ramón Vera tiene una poesía que formalmente es muy distinta a la de Manuel J. Castilla, sin embargo el joven aspirante a poeta frecuentaba la casa del maestro pidiendo consejos, acercándole sus manuscritos y recibiendo sus consejos sobre lecturas insoslayables en la formación de un escritor.
En momentos como el del vigésimo quinto aniversario de la muerte como el centenario del natalicio de Manuel J. Castilla son  propicios para una relectura de su obra y para algunos un descubrimiento que los impulsa a indagar en las posibilidades de desarrollar la escritura lírica, de modo que la continuidad de su obra puede seguir por caminos insondables.


Inscripción de Manuel J. Castilla en la literatura de Salta


Clase pública para el homenaje a Manuel J. Castilla
en el centenario de su natalicio en la ciudad de Cerrillos, 14 de agosto de 2018.-

Inscripción de Manuel J. Castilla en la literatura de Salta
Rafael Fabián Gutiérrez
Profesor Adjunto de la
Cátedra de Literatura Argentina

Manuel J. Castilla y la tradición poética en Salta
                Manuel José Castilla nació en  Cerrillos el 14 de agosto de 1918 y murió en  Salta el 19 de julio de 1980, en este año se celebra el centenario de su natalicio y un lugar oportuno para homenajearlo es su tierra natal, Cerrillos, espacio vital al que le ha dedicado poemas inolvidables.
                Para comenzar voy a tomar una cita del grupo que lo impulsó su formación literaria:
"Tenemos conciencia de que en esta parte del país la Poesía comienza con nosotros" es la frase más recordada del Manifiesto de “La Carpa” con la que el grupo marca su presencia en el campo cultural allá por el  año 1944. Raúl Galán –posible autor de la frase- años después trató de aclarar a qué se referían con semejante declaración:
En ese momento, la frase era absolutamente necesaria para establecer un deslinde definitivo y para fumigar el campo en torno de La Carpa. Nuestro vecindario era muy malo: en la vereda de enfrente, quienes invocaban la condición de discípulos de Jaimes Freyre eran desmentidos por la calidad de la mercadería que se cobijaba bajo ese nombre a gusto. Los vecinos de al lado continuaban glosando, imitando y rebajando -sin conseguir reflejar su fresca gracia- La Leyenda de Coquena, La Flor del Lirolay y Tata Sarapura (en ese momento, para que no nos confundieran con esos vecinos, tuvimos que olvidar a Juan Carlos Dávalos). Había también algunos desafinados ecos de Ricardo Rojas que versificaban enfáticamente la prosa de El país de la selva, pero que ignoraban o desdeñaban al cristalino y sencillo Ricardo Rojas de las Canciones, de noble sabor a copla popular. Los vecinos del fondo eran los peores, incapaces de escribir versos en cristiano, los llenaban de palabras quechuas para halagar el esnobismo de los turistas, desencadenar el torrente de declamadores de circo y las gárgaras de las señoritas recitantes y recalcitrantes. (Galán, Raúl, entrevista para el diario La Gaceta 1956)
En ese movimiento cultural nucleado en Tucumán se formaron los prolíficos poetas salteños Raúl Aráoz Anzoátegui, Sara San Martín y Manuel J. Castilla quienes tenían clara conciencia de la  poesía no había surgido espontáneamente con ellos sino que se insertaba en una larga tradición con la que mantuvieron un diálogo, tanto con las generaciones que les precedieron como con las que les sucedieron.
De hecho, cuando regresaron a Salta, los poetas se integraron a la tertulia de la casa de Don Juan Carlos Dávalos que ostentaba la imagen de un patriarca de las letras de Salta quien, con la sabiduría y el aplomo que otorgan los años, recibió a los jóvenes brabucones y luego de largas diatribas poéticas los acogió como discípulos.
Una buena relación maestro-discípulo es aquella por la cual el maestro no hace clones de sí mismo sino por la que ayuda a los discípulos para que desarrollen sus potencialidades.
Ese encuentro personal nos muestra un vínculo inmediato entre la generación del 40 y la que le precedió, sin embargo la literatura de Salta no había nacido tampoco con ellos. De hecho el afamado autor de El viento blanco, en sus andanzas de estudiante conoció al autor del célebre El borracho, Don Joaquín Castellanos, quien elogió su temprana producción y lo alentó a volver a Salta para dedicarse a la literatura. Si comparamos la escritura de Joaquín Castellanos con la de Juan Carlos Dávalos y la de Manuel J. Castilla veremos notables diferencias, sin embargo hay una relación de continuidad registrada biográficamente por esos encuentros que fueron impulsando la tarea de la generación siguiente.
                Los poetas Manuel J. Castilla y Raúl Aráoz Anzoátegui trabajaron en el periodismo salteño -como sucedió y sucede con muchos escritores-, gracias a Alejandro Morandini en El oficio del árbol la mayor parte de los artículos del Barbudo poeta fueron recopilados. Lo que me parece oportuno señalar es que en esa labor de la escritura en los medios, de los por entonces jóvenes escritores, había sido precedida por Ernesto Aráoz, cuya producción periodística y literaria aún está pendiente de recopilación y publicación. El apellido debe llamarnos la atención, ya que se trata del padre de Raúl Aráoz Anzoátegui, amigo y contertulio de Manuel J. Castilla, lo que nos muestra que el ingreso de ambos en el mundo de la prensa estuvo alentado por la tarea de su predecesor.
                Uno de los más famosos libros de Manuel J. Castilla, Copajira (1949), tiene un a modo de prólogo un “Ditirambo amistoso a mi buen amigo el poeta Manuel J. Castilla”, escrito por Juan Carlos Dávalos. La tónica del poema es muy diferente al tratamiento del drama minero que aborda el libro, pero se nota el festivo espaldarazo que le da el viejo poeta consagrado al joven poeta en ascenso.
                De modo que lejos de la imagen parricida que otros críticos alientan, veo enfrentamiento generacional y continuidad, no de lo mismo, sino de una búsqueda de reconocimiento en los mayores y un aval hacia los nuevos escritores que –como buenos discípulos- no imitan a sus mayores sino que hacen otro ejercicio, lo que los convierte en novedosos en el arte de decir lo mismo que la especie repite desde que se puso en pie sobre el planeta y profirió palabra.
                Otros escritores que ejercían el periodismo se encargaron de reseñar y alentar la obra poética y musical de Manuel J. Castilla y ese trabajo sobre los archivos periodísticos está todavía pendiente. En ese diálogo entre escritores y lectores es el que va preparando el campo de encuentros y desencuentros en los que aparecen los nuevos escritores que desafían a sus mayores, pero que también buscan su reconocimiento. A fin de cuentas los mejores lectores de literatura son los mismos escritores.
                La relación con las siguientes generaciones
                Es el caso de la siguiente generación de escritores que su dieron a conocer en Salta por una antología prologada por Walter Adet, vemos un cambio formal y temático que los distancia de aquellos que irrumpieron en el campo con “La Carpa”. Sin embargo Walter Adet en su libro En el sendero gris (1962) dedica el soneto poesía a Manuel J. Castilla y en la conferencia “Poetas de Salta” -que pronunció en la Feria del Libro de 1989 de Buenos Aires- declara su gratitud con los poetas de La Carpa en Salta -Manuel J. Castilla y Raúl Aráoz Anzoátegui- ya que de ellos recibió un apoyo concreto para insertarse en el campo literario de Salta.
Por otra parte, en un tiempo posterior, Jesús Ramón Vera tiene una poesía que formalmente es muy distinta a la de Manuel J. Castilla, sin embargo el joven aspirante a poeta frecuentaba la casa del maestro pidiendo consejos, acercándole sus manuscritos y recibiendo sus consejos sobre lecturas insoslayables en la formación de un escritor. El poeta y gestor cultural fue miembro de comparsas que cantaron sus coplas y las de poetas de generaciones anteriores y que cultivan un arte milenario, difundiéndolo por las calles en los momentos propicios como el carnaval. Pamela Rivera en su libro El Indio Urbano, en la poética de Jesús Ramón Vera: desplazamientos destaca esa interacción entre la poesía de tradición letrada que se renueva en su contacto con la poesía de tradición oral.
En estos tres poetas de distintas generaciones que hemos nombrado – Manuel J. Castilla, Walter Adet y Jesús Ramón Vera- se los alude por su sensibilidad o compromiso social. Yo prefiero destacar su sensibilidad –así, en general-, porque del mismo modo con el que se conmueven por el indio explotado, por el niño hambriento, por el minero, la palliri, la mendiga y un largo etcétera de prójimos, confraternizan con ellos, expresan su dolor, su soledad, sus frustraciones y nos hace formar parte de una misma humanidad necesitada y distanciada por las mezquindades. Y si leemos su producción poética en general notaremos que esa sensibilidad los hace percibir y poetizar el universo en el que se inscriben y que no pueden dejar de decir porque ellos están hechos de poesía.

Manuel J. Castilla escribió:
1.       Agua de lluvia (1941)
2.       Luna Muerta (1944)
3.       La niebla y el árbol (1946)
4.       Copajira (1949,1964, 1974)
5.       La tierra de uno (1951, 1964)
6.       Norte adentro (1954)
7.       El cielo lejos (1959)
8.       Bajo las lentas nubes (1963)
9.       Amantes bajo la lluvia (1963),
10.   Posesión entre pájaros (1966)
11.   Andenes al ocaso (1967)
12.   Tres veranos (1970)
13.   El verde vuelve (1970)
14.   Cantos del gozante (1972)
15.   Triste de la lluvia (1977)
16.   Cuatro Carnavales (1979)
17.   De solo estar (dos ediciones en 1957)
18.   Coplas de Salta (1972, con prólogo y recopilación de Castilla)
19.   ¿Cómo era? (Publicación póstuma)
20.   El oficio del árbol. Obra periodística e Manuel J. Castilla 1940-1960, selección, prólogo y notas de Alejandro Morandini (2013)
21.   El Gozante, antología poética seleccionada y prologada por Santiago Sylvester (2015)
Dieciocho libros en vida, más otros tres que fueron publicados posteriormente, con lo que se convierte en el poeta salteño que más libros publicó. Esa obra constante y abarcadora del poeta fue reconocida y galardonada: “En 1957 obtuvo el Premio Regional de Poesía del Norte (trienio  1954-56, Dirección General de Cultura de la Nación), por su libro Norte adentro fue galardonado con el Premio "Juan Carlos Dávalos" para obras de imaginación en la producción literaria (trienio 1958-60, Gobierno de Salta) por el poemario El cielo lejos, y con el Premio del Fondo Nacional de las Artes (Mendoza, Trienio 1962-64) por su libro Bajo las lentas nubes. En 1967 recibió el Tercer Premio Nacional de Poesía por su obra Posesión entre pájaros. Entre otras de sus más importantes distinciones se incluyen el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (1973), el Primer Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Educación y Cultura de la Nación (trienio 1970-72) y el Primer Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Educación y Cultura de la Nación (trienio 1973-75).” (Portal de Salta, página web de la Cámara de Diputados)
Entre los años 1986 y 1990 las Obras completas del poeta fueron publicadas por editorial Corregidor en cuatro tomos, pero una década después esa edición se había agotado y sólo se podía acceder a una lectura integral en algunas bibliotecas.
En el año 2005, cuando se conmemoró el vigésimo quinto aniversario de la muerte del poeta, se sucedieron una serie de homenajes, dos de los cuales quedaron plasmados en sendos libros: Por la huella de Manuel J. Castilla, Coordinado por Amelia Royo y Olga Armata, publicado con el auspicio de los institutos de investigación “Luis Emilio Soto” y “Augusto Raúl Cortazar” de la U.N.Sa. y la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta y En la tierra de Manuel, dirigido por Valeria Grabosky y Rafael Gutiérrez, publicado por la Municipalidad de Cerrillos.
En el año 2016, la Editorial Universitaria de Buenos Aires -en un convenio con la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta- publicó las Obras completas de Manuel J. Castilla, permitiendo a los lectores de todo el país acceder a uno de los poetas más prolíficos de las letras nacionales en el siglo XX.
En el mismo año, el libro Mujeres por mujeres, una recopilación de historietas protagonizadas por mujeres incluye poemas de Copajira adaptados por María Laura Bucciantti y Jazmín Mariño.
En este año, de nuevo desde la historieta, con Felipe Mendoza estamos trabajando con textos poéticos y anecdóticos de Manuel J. Castilla para llegar a otros lectores más afectos a la literatura dibujada.
En este centenario la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta ha gestionado que se asigne una sala en la Biblioteca de la Nación con el nombre del poeta y acaba de estrenar un video auspiciado por el Consejo Federal de Inversiones.
Hay docentes que han dedicado su tiempo a fomentar la lectura de la obra del poeta y alentar creativas interpretaciones, con lo que la obra de Manuel J. Castilla cobra un protagonismo que va más allá de las aulas.
Hoy la palabra de Manuel J. Castilla está más viva que nunca.


lunes, 6 de agosto de 2018

SEMINARIO OPTATIVO. Desarrollo de la historieta en Argentina


Carreras: LETRAS
Plan de estudios: 2000
Asignatura: SEMINARIO OPTATIVO. Desarrollo de la historieta en Argentina
Régimen de cursado: cuatrimestral
Profesor responsable de la cátedra: Esp. Rafael Gutiérrez
Carga horarias: 60 (sesenta) horas anuales
Lunes de 08 a 10.00 Anfiteatro L - Miércoles de 08 a 10.00 Instituto Luis Emilio Soto
Horas de clases teórico prácticas: 4 (cuatro) horas semanales
Correlatividades: (sin correlatividad)
Condiciones para promocionar la materia:
-          80 % de asistencias a las clases teórico prácticas.
-          Aprobación del 100% de los trabajos prácticos (cada uno con su correspondiente recuperatorio)
-          Aprobación de un trabajo final.
Modalidad de cursado y evaluación:
                Dado que se trata de un seminario destinado a estudiantes de diferente formación para abordar el desarrollo de un objeto de estudio complejo se dará prioridad al trabajo analítico en clases teórico prácticas.
                La evaluación global se hará de un modo procesual por las intervenciones de los cursantes y al final del seminario realizarán un trabajo final que podrá hacerse de modo individual o en parejas de distinta especialidad y podrán optar por dos modalidades:
1)      Trabajo monográfico de análisis de un texto a elección.
2)      Propuesta didáctica con implique la selección del material provisto de acuerdo con el grupo al que se destinará y a los objetivos que se proponga.
CONTENIDOS
Unidad I
-          El origen del género. Antecedentes universales, europeos y americanos.
-          Una tradición nacional desde el siglo XIX.
-          La creación de un lenguaje propio: Columba, Tía Vicenta, Hora Cero.
-          La cumbre del género: Héctor Germán Oesterheld y El eternauta.
Unidad II
-          El auge del género. Columba y el fenómeno Robin Wood. Nippur de Lagash.
-          La alternativa de Skorpio. Yo ciborg de Alfredo Grassi y Lucho Olivera. El peregrino de las estrellas de Trillo y Altuna
Unidad III
-          La consagración académica y la caída del mercado editorial. Fierro y “La Argentina en pedazos”.
-          El sistema educativo y los centros de investigación del género.
-          El uso del género por la educación: Jorge Klixk Cornejo, desde el creador hasta el premio. Mafalda, Felix Luna y Felipe Pigna.
Bibliografía
Bibliografía general
Albertoni, Carlos (2004), Santas historietas. Enciclopedia de los cómics, Buenos Aires, Catálogos.
Alessandria, Jorge (1996): Imagen y metaimagen, Buenos Aires, U.B.A.
Cáceres, Germán (1998): Charlando con Superman, Buenos Aires, Fraterna.
Dorfman, A. y A. Mattelart (1973): Para leer al Pato Donald, Buenos Aires, Siglo XXI.
Dorfman, Ariel (1985): Patos, elefantes y héroes, Buenos Aires, De la Flor.
Eco, Humberto (1995): Apocalípticos e integrados, Barcelona, Lumen-Tusquets.
Gociol, J. y D. Rosemberg (2000): La historieta argentina. Una historia, Buenos Aires, Ediciones de la Flor.
Masotta, Oscar (1982): La historieta en el mundo moderno, Barcelona, Paidós.
Rivera, Jorge (1982): “Las literaturas ‘marginales’”, en Historia de la literatura argentina, Tomo V, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina.
Rivera, Jorge (1992): Panorama de la historieta en la argentina, Buenos Aires, Libros del Quirquincho
Sasturain, Juan (1995): El domicilio de la aventura, Buenos Aires, Colihue.
Souto, Marcial (comp.) (1985): La ciencia ficción en la Argentina (Antología crítica), Buenos Aires, EUDEBA.
Steimberg, Oscar (1977): Leyendo historietas. Estilos y sentidos en un “arte menor”, Buenos Aires, Nueva Visión.
Steimberg y Traversa (1997): Estilo de época y comunicación mediática, Tomo I, Buenos Aires, Atuel.
Aparici, (1992): El comic y la fotonovela en el aula, Madrid, Paidós,

Bibliografía por unidad
Unidad I
Breccia, Saccomanno y Trillo (1993): “Llegué a la historieta por instinto de conservación” en Revista La Maga, Buenos Aires, 17 de noviembre.
Breccia Alberto (1993):Artista plástico”, en Revista La Maga, Buenos Aires, 17 de noviembre.
Colombo, Susana (1999): “El regreso de El Eternauta”, en Revista Zona - El Clarín, 7 de marzo.
Gasca, Luis y Gubern, Roman  (1994), El discurso del cómic, Madrid, Cátedra.
Gutiérrez, José María (1999), La historieta argentina.De la caricatura política a las primeras series, Buenos Aires, Página 12.
Lalín, Daniel (Director) (1998): Revista La Maga, Homenaje a Oesterheld a 20 aňos de su desaparición Aňo 6, N° 332, 27 de mayo. Incluye los siguientes artículos:
- De Santis, Pablo: “Existe el mito de leer a Oesterheld por todas partes”
- Sasturain, Juan: “Fue siempre un escritor de aventuras”
- Lucano, M. Y E. Jauretche: “La aventura de vivir para servir”
- Levenson, Gregorio: “Germán”
- D Έspósito, Leonardo: “El cine”
Portas, Julio y Ciocca, Walter (1981), Fuerte Argentino, buenos Aires. C.E.A.L.
Rubione, Alfredo (1993), “H.G. Oesterheld. Géneros erráticos y avatares de la ficción”, en Actas de las Primeras Jornadas Internacionales de Literatura Argentina – Comparatística, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.
Saccomanno G. y C. Trillo (1982): Una revista fresca y una historieta podrida. Introducción a El Eternauta, Buenos Aires, La Urraca.
Sasturain, Juan (2010), El aventurador. Una lectura de Oesterheld, Buenos Aires, Aquilina.
Secretaría de Cultura de la Nación, D.N.I. El Eternauta, video distribuido por la Revista La Maga, Año 5, N° 221, 10 de abril de 1996
Von Sprecher, Roberto y Reggiani, Federico (2010),  Héctor Germán Oesterheld: De El eternauta a Montoneros, Córdoba, U.N. de Córdoba.
Von Sprecher, Roberto y Reggiani, Federico (2011), Teorías sobre la historieta, Córdoba, U.N. de Córdoba.
Unidad II
Trillo, Carlos y Breccia, Enrique (2008), El peregrino de las estrellas, Buenos Aires, Doedyditores.
Heredia Manzano, Pilar (2015), Nippur de Lagash. La (Re)escritura del mito del héroe, Córdoba, U.N. de Córdoba
Wood, Robin (2004): Nippur de Lagash, Buenos Aires, Biblioteca Clarín de la Historieta.
Grassi, A. y L. Olivera (1991): Yo, Ciborg, Buenos Aires, Suplemento de Skorpio.
Louis, Annick (1994): “El humorista vicario – Borges, autor de historietas”, en Primer plano, Buenos Aires, 21 de agosto.
Russo, Edgardo (1994): La historia de Tía Vicenta, Buenos Aires, Espassa Humor Gráfico.
Unidad III
Berone, Lucas (2011), La fundación del discurso de la historieta en Argentina, Córdoba, U.N. de Córdoba.
Berone y Reggiani (Eds.)(2012), Creencias Bien fundadas, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba
Cárdenas, rodríguez y sosa (Coords.) (2005), Hablar/escribir: (trans) formaciones culturales. Estudios lingüísticos y literarios, Salta, U.N.Sa.
Luna, Félix (1992), Matías cruza Los Andes, Buenos Aires, Atlántida.
Mendoza, Felipe y Serrudo, José (Dirs.) (Abril de 2009), Caudillos comics, Salta, CREAR.
Mendoza, Felipe y Serrudo, José (Dirs.) (2014), Caudillos comics. Edición especial, Salta, Secretaría de Cultura.
Klixk cornejo (1994), Justo, Salta, Gofica
Gutiérrez, Rafael (2000), Abordajes y perspectivas, Salta, Secretaría de Cultura
Gutiérrez, Rafael (2016), Historieta e historia, Salta, Milor
Mendoza y Gutiérrez (2013), La Batalla de Salta, 200 años después, Salta, Hanne
Piglia, Ricardo (Comp.) (1993), La Argentina en pedazos, Bs. as. de la Urraca
Pigna, Felipe (2007), San Martín, Buenos Aires, Planeta
Quino (2004), Mafalda, Buenos Aires, Biblioteca Clarín de la Historieta.
Scolari, Carlos (1999): Historietas para sobrevivientes, Buenos Aires, Colihue.

Webliografía
Teoría de la historieta: https://historietasargentinas.files.wordpress.com/2011/12/libro_teorias_prologo.pdf
Mafalda: toda-mafalda.blogspot.com.ar/p/descargar-el-libro.html
Morhain, Jorge Claudio (1993): “La Argentina premonitoria ficciones y reflexiones sobre El Eternauta de Héctor Germán Oesterheld”, De sitio web

jueves, 2 de agosto de 2018

Carta de Manuel J. Castilla a Francisco Ruiz


Carta del poeta Manuel J Castilla enviada hace medio siglo‏
La carta que precede a esta presentación  la escribió  el gran poeta de Salta: Manuel J Castilla a mis 20 años siendo estudiante de pintura en la Esc. de Bellas Artes de la Nación Ernesto de la Carcova   en Bs As.
 En ese año (1965) compartía con el escultor Roberto Maehashi en Bs As “El cuartito azul”, celebre pieza de conventillo en Constitución donde nos visitaron los poetas de Salta Hugo Ovalle, Luis Andolfi, el escultor Tata Portal, los pintores Antonio Yutronich, Pancho Soto,  Los Cantores del Alba, el actor y titiritero Edgar Darío González, entre otros, varios asustados por el frenesí porteño se volvieron.
 Esta carta llego enviada por correo desde Salta por Socompa, mi padre  al resguardo bohemio. La misma no se perdió en medio de la oleada de trashumantes que por el cuartito  pasaban y se quedaban, como yo, y desde entonces sostiene  las intemperies del oficio.
Por donde voy la llevo,   guardada en el forro del pasaporte, es  la otra documentación, la que me protege y orienta con su brújula poética.
Hace medio siglo que está pegada a mi piel de trotamundos,  paleta teniendo el pincel como mástil , esperanza como velamen, ella o la poesía de Manuel , es la rosa de los vientos, imán de los sueños, trapiche de  penas  añejando ,a veces, acertadas pinceladas.
Creo ser, quizás, el único pintor al  que Manuel Castilla le  ha escrito una carta tan impulsadora de estímulo y horizontes, como también, creo ser, el único pintor salteño que le hizo  una exposición homenaje con   16 cuadros de gran formato inspirados en los nombres de los 16 libros editados hasta ese entonces, obra expuesta en la Galería de Gloria Alemán, Salta 1986

Chau Barbudo no me he mentido, nos volveremos a ver: Tú desde “El Cielo Lejos” yo por “Los Espejos de América”:
Francisco Ruiz 
Macondo 20-07-2016

Salta, 5-nov-65
 Socompita:

Ocurre que estoy en la cocina de Socompa,
 y que tu mama y tu tata te están pensando.
Y  es  lindo es que te piensen -Changuito
¿Y cómo antes que nada va tu vocación de artista?
Dibujas? Pintas?
Yo se changuito que vos sabes más que yo.
Que la vida te quema en silencio, despaciosamente.
Ahora junto a tu mama te veo  llorar en sus  ojos
Pero, como yo creo en vos
Como sé que si estudias vas
A ser un gran artista
Tomo Socompita un litro
de vino con tu tata
que vos sabes es angelical.
Estoy en tu casa.
Tu nombre es como una sombra sonora.
Tu madre oye a tu hermano  que canta
Guitarra en mano
Y en sus zambas su corazón
Llora con el tuyo.
Bueno Socompita:
Lee las cartas de Vang Gogh.
Mira mucha pintura-
Se humilde. -Pregunta,
Aprende, mudito-
Y más que nada
Trabaja solo, enamorado
Loco pobre y así
Sentí que tu corazón,
Como el mío
Solo tienen un destino:
Ser artista. Pobre o rico
Es lo de menos, hermano.
Y a no mentirse  a uno mismo.
Chau, Changuito                                                 
 Barbudo

DESARROLLO DE LA HISTORIETA EN ARGENTINA


SEMINARIO OPTATIVO
DESARROLLO DE LA HISTORIETA
EN ARGENTINA
Régimen de cursado: cuatrimestral
Profesor responsable de la cátedra: Esp. Rafael Gutiérrez
CÁTEDRA ABIERTA
Reunión informativa para acordar los horarios:
lunes 6 de agosto a las 9.00 a.m.  Instituto “Luís Emilio Soto” 2° Piso de la Facultad de Humanidades