martes, 10 de febrero de 2026
Jardín Vertical. Una narrativa de la inminencia
Una narrativa de la inminencia
La novela Jardín vertical fue publicada en 2025 por el Fondo Editorial de la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta, como resultado de la convocatoria realizada en 2024 para el concurso Literario Provincial en la categoría novela, de tema fantástico. El Jurado estuvo integrado por Alejandro Luna, Eduardo Robino e Idángel Betancourt, quienes reconocieron que si bien la temática no se adecuaba a la convocatoria, merecía el premio por su “sutil manejo de los personajes y de la historia, logrando un paisaje conmovedor de las vidas cotidianas”.
La autora, Luciana Lucero, es una escritora que se formó en los talleres literarios que se vienen desarrollando en Salta en vistas a perfeccionar a quienes tienen vocación por la literatura desde el lado creativo y, a su vez, también se dedica a esa tarea, por lo que ya consiguió que sus talleristas participen de convocatorias y publicaciones conjuntas.
Aproveché el verano para leer Jardín vertical y, por suerte, pude compartir apreciaciones y comentarios con una colega que, por casualidad, estaba realizando la misma lectura casi en simultáneo.
Atento al dictamen del Jurado que figura en la contratapa sabía que no me encontraría con una trama fantástica sino con historias de la vida cotidiana, que en mi opinión personal, es un desafío para un escritor, porque anécdotas sobre el diario transcurrir tenemos todo, pero eso no es literatura. El buen escritor sabe encontrar en esos relatos cotidianos de las vidas propias y ajenas el material que le pude permitir elaborar literatura.
Un detalle que me pareció apreciable fue la construcción del mundo representado porque se trata de un espacio reconocible para cualquier lector sin importar en qué hemisferio o latitud encare el libro. No me parece un detalle menor, porque aún a esta altura del desarrollo cultural, existe el prejuicio de relacionar las producciones literarias de las provincias a una ambientación pintoresca que pone énfasis en el color local.
La novela se construye en torno a un relato central de una mujer que compra un departamento para iniciar una nueva vida, separada de la casa familiar en la que creció y prolongó su residencia por motivos que se explican de un modo progresivo y dosificado en la trama. En esa nueva residencia irá conociendo a los habitantes del edificio que se reúnen regularmente por la organización del consorcio, lo que va dando lugar a la historia particular de cada una de las mujeres que predominan en ese mundo. De ese modo pareciera que la novela se va a articular en torno al pasado como en la película “Amores que nunca se olvidan” “How to Make an American Quilt” (1995), pero es también un presente dinámico que permite construir un futuro para la trama.
La estrategia narrativa que alienta al lector a avanzar es una minuciosa porque juega con las expectativas que denomino una escritura de la inminencia, que va desde el título mismo y aparece oportunamente para generar intriga. El título Jardín vertical pone al lector ante la búsqueda de ese detalle que, muy oportunamente, se demora en aparecer, otorgándole al final de la novela un valor simbólico.
Cuando el lector se encuentra con el nombre de la protagonista, Karen, dispara la expectativa generada por el imaginario de que se desarrollará la historia de una solterona rodeada de gatos en su departamento solitario en el que habitan sus frustraciones, pero la trama no va por ahí. A medida que se desarrolla la novela el lector es sorprendido ante sus previsiones porque si el relato de la mujer sola en su departamento con un trabajo que nos recuerda a La tregua (1960) de Mario Benedetti parece ir ante la inminencia del amor que destruirá la rutina, no va tampoco por ahí. Luego el edificio que reúne departamentos que albergan historias particulares no pone ante un ambiente con la extrañeza de lo cotidiano que nos hace suponer que puede acontecer lo que Julio Cortázar representó en “Casa tomada” (1946).
La proximidad de la jubilación de la ordenanza y el riesgo de una demanda judicial de índole laboral van abriendo la trama hacia un posible policial en el que las vecinas fungen de detectives, pero tampoco es una novela policial.
De modo que la novela lleva al lector a avanzar por las expectativas generadas por un estratégico autor que lo pone ante las posibilidades de encontrarse ante una historia romántica, un sutil relato extraño o fantástico a la manera de Silvina Ocampo o un policial con enigmas que develar para evitar un crimen cuya dimensión puede ir desde la estafa hasta el asesinato.
La novela es atrapante por esa estrategia de la inminencia de lo que puede suceder en un mundo representado que se vuelve muy reconocible para cualquier lector con experiencia en el mundo urbano contemporáneo que se ha nutrido de ficciones que van desde el sainete criollo, las telenovelas hasta la serie de 2022 “El encargado”.
Rafael Gutiérrez
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